• Fecha: Viernes, 25 Noviembre 2011
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woman-945427 640Estoy sentada tranquilamente leyendo un libro con mis sentidos elevados a la máxima potencia, cuando llaman a la puerta de casa. Siento un malestar indefinible que me hace soltar todo tipo de improperios y, al abrir, me encuentro a mi cuñada que entra como un torbellino y toma asiento con el fin de ponerme la cabeza como un grillo. Hago como que la escucho, pero la cara es el reflejo del alma y se pone de manifiesto mi rostro aburrido y una mirada desvíada como queriendo controlar todos los puntos cardinales.

No puedo más. Aunque mi anatomía física está de cuerpo presente, mi mente se encuentra a... mmm, ¿cuántos kilómetros hay de Jaén a Inverness? No importa. Muchos. Allí me encontraba disfrutando de numerosas aventuras y pasiones desenfrenadas hasta que llegó mi malhechora. Como decía, mi mente está en estado catatónico y va despertando de su letargo mientras traspasa los límites del tiempo y del espacio...

...Dulces sonidos rozan suavemente mis sentidos en tanto que unos brazos fuertes y cálidos envuelven mis pensamientos. Es mi amado que me sostiene para impedir que mi capacidad de sentir emociones caiga en el olvido. Cada pulsación suya mantiene mi mente viva en ese remoto lugar. Me acuna con voz rota susurrando los sentimientos que lo embargan y... 

De pronto un sonido espeluznante rompe mi armonía sensorial. Es la voz de mi cuñada que me devuelve a la cruda realidad...

- ¡Nena! -grita enfadada-. Tierra llamando a Marte. Tierra llamando a Marte. ¿Me recibe? Cambio y corto.

- No te molestes tita -interviene mi hijo con gesto resignado-. Esta es la consecuencia de pasarse toda una vida leyendo. El libro que lee ahora mismo debe de ser muy bueno porque cuando le hablo no me escucha. Me siento desatendido y en casa pasamos hambre. Si ocurriese un terremoto ni se enteraría.

- No te quejes hijo -digo conteniendo mi paciencia-. Escucha lo que dijo Federico García Lorca: "Si tuviera hambre no pediría un pan, sino medio pan y un libro."

- ¡Angelito mío! -exclama mi cuñada llevándose las manos a la cabeza-. ¿Y qué libro lees, querida?

Se lo digo y le cuento rápidamente el argumento despachándola con viento fresco para poder retomar la lectura. Ella capta la indirecta y sale echando leches mientras su boca es un nido de serpientes.

- ¡No me extraña que te hayas convertido en una madre desnaturalizada leyendo semejantes salvajadas highlandesas! -grita airada dirigiéndose a la puerta y dando un sonoro portazo.

Me temo que he perdido una cuñada. Tendré que llamarla por teléfono para tomar un café y hacer las paces.

Queridas lectoras, hay veces que un libro puede llegar a ser un apéndice de tu cerebro. Lo acaricia subyugándolo poco a poco hasta que lo encadena y te deja ausente mientras la historia te arrastra hacia el limbo...

¿Quién no ha estado alguna vez en su propio limbo?

Besitos desde mi jaula de oro... ¡Eh! ¿qué hago dentro de esta camisa blanca sin mangas, tan bonita, que me tiene tan calentita? ¡Eh! ¡Tú! Sí, el de la bata blanca. Aflójame esto que me aprieta, y a ver si me vas dando la pastilla que se me vaya el cacao mental que tengo.

Artículo realizado por Crishi

 

Comentarios (11)

  • Ruth M. Lerga

    22 Septiembre 2013 a las 20:33 |
    No puedo ser madre desnaturalizada porque no tengo hijos. Llamadme esposa desnaturalizada si queréis, pero cuando acabo unan buena novela de las que me dejan buen cuerpo me aplico con diligencia en el papel que he olvidado durante unas horas.
    Y tengo el remedio para interrupciones: le quito el volumen a los móviles, ignoro diligentemente el teléfono -llevo haciéndolo veinte años, se me da de miedo- y si suena la puerta no abro, porque doy por sentado que quien está fuera no sabe que yo estoy dentro.
    El día que mi marido se deje las llaves y me coja leyendo... será él el desnaturalizado ;)
    Excelente artículo, Crishi, no lo había leído, qué gran pérdida con lo que he cabeceado dándote la razón. Cuando tienes una buena novela entre manos, el resto del mundo deja de existir y solo existe el mundo que la autora te propone.

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  • Sakhya

    10 Mayo 2012 a las 21:20 |
    Jajaja
    Excelente articulo, y ¡es tal cual!
    Me uno al grupo, compañeras.
    Cuando un libro me atrapa, me lo llevo en la cartera a todas partes, aunque sea para darle una miradita. Ni que hablar de las noches, cuando mi marido me pone cara de "otra vez", y mira con odio a su nuevo enemigo.
    He llegado a quedarme despierta leyendo hasta las 4 de la mañana, por el simple hecho de no poder quedarme con la intriga de lo que va a pasar en la historia.
    Afortunadamente, mis amigas ya estan acostumbradas.

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  • Akane

    12 Diciembre 2011 a las 14:11 |
    Soy como tú. Cuando cojo un libro y este es tan intersante que te transporta de una manera increible a la historia, desconecto de la realidad. El problema es que me ha pasado varias veces cuando iba en transporte público camino del trabajo o camino de casa y me he pasado la parada, por varias estaciones. Camino de casa no me importa, pero camino del trabajo. Dos veces he tenido que recuperar por llegar tarde.

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  • LadyZarek

    11 Diciembre 2011 a las 17:18 |
    Yo también soy de las que entran en el limbo a la mínima y me molesta sobremanera que venga alguien, llamen al teléfono o me interrumpan en lo más interesante, que es lo que suele suceder... en fin, que somos muchas las límbicas que flotamos en el espacio de la literatura romántica.

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  • Elindah

    07 Diciembre 2011 a las 22:50 |
    Genial el artículo y es que es cierto...me he sentido totalmente identificada.
    Si ya de por sí, me cuesta poco perderme en mi burbuja, dejándome arrastras por mi mundo idealizado, añadámosle un libro que no hace sino servirme como medio de transporte en ese viaje hacia el idealismo. Pero qué deciros...bendita imaginación!!

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  • LETRA ESCARLATA

    06 Diciembre 2011 a las 20:17 |
    No solo te arrastra hasta el limbo sino que desconectas de la realidad para enfrascarte en una historia apasionada...Comprendo a mi compañera,jajajaja¡¡...Ha sido una historia muy real con cruces de los sueños,pero como dijo Calderón de la Barca:
    "¿Qué es la vida? Un frenesí.

    ¿Qué es la vida? Una ilusión,
    una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño;
    que toda la vida es sueño,
    y los sueños, sueños son."

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  • Katon

    02 Diciembre 2011 a las 20:34 |
    Creo que muchas nos sentiremos identificadas con este artículo....La magia de un buen libro es que consigue abstraerte de todo y hacer que vivas la historia, que te sientas una parte más del libro, sufriendo y riendo como un personaje más. Y qué rabia cuando alguien nos saca de ese mundo idílico en el que nos refugiamos....

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  • Andrea

    30 Noviembre 2011 a las 17:26 |
    Crishi...Genia!!!!!!!!
    Me has descripto a mí.
    ¿Necesitaré el chaleco?

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  • marivi

    27 Noviembre 2011 a las 18:34 |
    Bueno, no soy una madre desnaturalizada. Pero me siento identificada....la de estufidos que he soltado cuando alguien me ha interrumpido una lectura interesante.

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  • Landa

    27 Noviembre 2011 a las 12:07 |
    No sé cuantas seremos así "madres desnaturalizadas",yo soy una de ellas, me identifico 100% con el articulo de Crishi, a mí también me arrastran al limbo cuando una novela se convierte en una droga porque no ves el momento de dejar de leerla en todo el día, cuando empiezas y no puedes parar, cuando tienes que volver a tus obligaciones y tienes que aparcar la lectura es como si te dieran un pisotón para que despiertes. Y mientras no estoy leyendo sólo pienso en que momento pudo retomar la lectura, vivan esos momentos mágicos de la noche cuando todos duermen y tu estás (como dice Crishi) con tus cinco sentidos elevados a la máxima potencia.

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  • Malory

    26 Noviembre 2011 a las 16:04 |
    jajaja que buen artículo, diertido y tan real como la vida misma :)
    Yo también soy de las que me puedo ir al limbo cuando una novela me está gustando mucho.
    Suelo leer enla cama (como la mayoría), mientras mi marido ve la tele y de paso va comentando todo lo que ve (cosa que suele exasperarme), pero cuando estoy metida de lleno en una novela, no tengo oidos, me quedo sorda y tan solo después de un rato me doy cuneta de que me está preguntando algo, pero aunque mi vida dependiera de ello no sabría repetir ni una de sus palabras. Me evado de tal manera, que hasta yo misma me sorprendo...

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