• Fecha: Lunes, 27 Mayo 2013
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Lee aquí la primera parte.

background-1227545 640Lee aquí la segunda parte

Tras el enamoramiento de la persona adecuada, llega el momento del cortejo. No penséis, como yo creía, que esto es "pim-pam-pun bocadillo de atún". ¡Qué va! Resulta que si la dama te gusta y crees que ella te corresponde, pides permiso a la familia para cortejarla. Nada de para casarte con ella. No, que no, que no. Pides permiso para, digamos, tener más derecho que otros a la hora de bailar con ella, y para que hagan la vista gorda a la hora de que desaparezcas por una terraza un ratito.
Casi igual que ahora.
En fin, esta segunda parte está dividida de nuevo en dos partes que confío en que disfrutéis: los consejos para los caballeros y los consejos para las damas. Y creo que, una vez más, no tienen desperdicio.
Esta vez sí difieren de nuestra época. Y mucho. Pero solo en la parte de los hombres. Desgraciadamente en los consejos de las mujeres encontramos paralelismos con lo que hoy en día todavía vemos, aunque afortunadamente cada vez menos, pues nuestra exigencia e independencia nos ayuda a elegir mejor.
Aunque mi imaginación, esa de la que os hablo y que vuela sin permiso, solo de retratar a mi marido pidiéndole a mi padre permiso para cogerme de la mano, hace que me dé la risa.

CORTEJO

Hacer la corte es como el césped para jugar a los bolos: perfecto para el galope y los corazones dulces; unas vacaciones de sol en el verano. Pero en el momento se cruza el portazgo del matrimonio y sus servidumbres, el tiempo se vuelve invernal.

OBSERVACIONES PRELIMINARES A TENER EN CUENTA EN LOS CABALLEROS. CONSEJOS PARA ESTOS.

Hay algo inherente a la naturaleza de la mujer que enciende las llamas de la pasión en un hombre. Ha sido creada con un semblante más dócil, menos tosco. Posee todas las cualidades de la virtud, belleza en su ser, y la ternura en su mirada; la delicadeza se asienta en sus mejillas; el amor exhala tras su pecho; y posee una suavidad que atrae progresivamente la estima de un hombre.

Se requiere de un gran cuidado para llevar a cabo la unión de dos personas mediante el cortejo. El amor provoca al hombre joven a hablar y actuar de manera ridícula incluso en presencia de aquella a quien ama.

Un poco de experiencia remediará muchas de las imperfecciones y le permitirá actuar de un modo más racional, puliendo sus formas.

El cortejo es el lacayo para ejecutar el matrimonio, aunque rara vez se queda a presenciar cómo los amantes se quitan las medias, pues a menudo es desplazado por los dos grandes preservadores de un matrimonio amistoso: la delicadeza y la gratitud.

Los hombres jóvenes deberían ser especialmente cuidadosos en su conducta cuando hay damas presentes. Presumir y fanfarronear entre ellos es uno de los mayores actos de estupidez e imprudencia de los que un caballero joven puede ser acusado.

Las féminas en general son muy rápidas para discernir los puntos débiles de sus caracteres. Forman sus opiniones y juicios de acuerdo a la conducta que dichos hombres practican frente a ellas.

Algunos caballeros tienes tendencia a darse importancia hablando de forma absurda de aquellos a quienes conocen y que tienen cierta fama o importancia, lo que es muestra de una mente débil y pueril, y cualquier mujer con sentido común considerará a esta persona indigna de su compañía. Estos son esos petimetres que imaginan que porque reciben de una dama la cortesía y amabilidad que una buena educación exige, dicha dama está enamorada de ellos. ¡Y este es un error tan grande como serio!
Desperdiciar nuestros preciosos momentos buscando la hechura de las personas y descuidar así el cultivo de la mente, implica fomentar el orgullo, el egoísmo y la vanidad.

En el vestir.-

La moda es cambiante, y en esta cuestión deberías guiarte por el sentido común y el buen gusto.

Es necesario que vistas de una manera ordenada y pulcra, de acuerdo con tu status, pero no te esfuerces en imitar a aquello que se mueven en esferas más altas que las tuyas, pues no es adecuado ni resulta atractivo.
La buena vida está en permanente cambio; sabemos bien que los hombres no siempre actúan con prudencia, y en ocasiones se endeudan, tengan o no capital suficiente para cubrir sus compromisos económicos después. Consecuentemente habrá que añadir la necesidad de no mostrar indulgencia en estas inclinaciones durante la juventud e inexperiencia de los caballeros.

La vestimenta tiene que ver con la mentalidad, sirve para satisfacer la pasión por mostrarse de forma llamativa y alegre, y puede servir para deformar cada principio virtuoso que se posea, e incluso conducir a la ruina y escasez.

Si la dama a la que estáis cortejando tiene gusto y discernimiento, deberéis actuar con propiedad, sometiéndoos a su juicio, considerando atentamente vuestra vestimenta.

La proposición del caballero.-

En el momento en que un hombre esté definitivamente bajo el influjo del amor, ha llegado la hora de decidir cómo hacer saber a su dama de sus sentimientos, siempre de una manera tal que se ajusten al decoro y a lo estrictamente establecido.

Si no encuentra razón alguna que le haga pensar que la dama le rechazará, lo más apropiado en el inicio de su declaración es acudir a los padres o tutores de esta y solicitar su consentimiento para mostrar sus afectos hacia ella.

Si recibieras alguna objeción por parte de sus guardianes, siempre tendrías el consuelo de saber que te condujiste sin faltar a las observancias adecuadas que la etiqueta exige y considera honorables y deferenciales en tal ocasión.

Ocurre a veces, en el caso del amor, que este se crea de una forma casi inconsciente e imperceptible, tanto que el corazón cae cautivo y un intercambio de respeto mutuo se inicia antes de que las partes pudieran soñar siquiera con cualquier otro preliminar de cortejo; así el compromiso llega sin que le haya precedido nada de ello.

Si un hombre no va a poder mantener el nivel de vida superior al que la mujer que va a desposar está acostumbrada, es su obligación comunicárselo a sus padres o tutores, para que sean conocedores de cómo su status inferior va a afectar a la dama de su elección, por quienes estos velan.

Si estos aprueban dicha elección, así se lo harán saber, convirtiendo el camino del cortejo en un sendero de paz y tranquilidad.

Cuando la oferta del caballero no es aceptada.-

A pesar de que la mujer carece de la ventaja de poder proponer matrimonio a caballero alguno, tiene ya indudablemente la capacidad de aceptar o rechazar cualquier proposición de matrimonio que se le haga (1) .

Hay damas prestas a frivolizar y jugar con los sentimientos de sus abatidos pretendientes, que tras haber sido firmemente rechazados todavía persisten en un intento yermo de lograr a su dama. Los hombres que responden a esta descripción se colocan a ellos mismos en situaciones difíciles e incluso ridículas, y deben evitarlo.

Pongamos que un hombre de hábitos taciturnos se enamora de una joven que gusta de la alegría en el vestir y en su propia disposición. Ella se opondrá animosamente a la proposición, pero él podría insistir. Y si ella no le desanima completamente, sino que en algunos momentos parece incluso entregarle su favor y animarle, con alguna sonrisa ocasional en sus graciosas maneras, le colocará en una situación irrisoria. Cuidaos de ello, y de ellas.

Los reyes no tiene permitido, desde luego, elegir por sí mismos sus alianzas matrimoniales. Sus derechos llevan sujetos, acarrean, una serie de privilegios y de servidumbres. En el ineludible deber de ejercitar su autoridad real, su futura felicidad en cambio dependerá de la elección que se haga para ellos de su compañera.

Cuando son los padres de la dama quienes rechazan al caballero.-

Algunos matrimonios infelices son fruto de una fuerte oposición a tal unión por parte de los padres de ella. Tanta infelicidad como esposo y esposa debe haber sido causada por la prisa de la gente joven en precipitarse a un compromiso sin antes considerarlo correctamente desde la prudencia.

Los cortejos clandestinos solían finalizar en una boda en Gretna Green, que bajo ningún punto de mira elevaba la reputación de ninguno de los contrayentes. Pero efectivamente en ocasiones la oposición de los padres es cruel e injustificada, tanto que termina por justificar que la gente joven se una en matrimonio sin su consentimiento.

Cuando la oferta del caballero es aceptada.-

El joven amante, cuando ha obtenido el consentimiento de la dama, debe ser especialmente cuidadoso, y ejercitar la prudencia y la cautela al descargarse de pequeñas obligaciones y requerimientos tan necesarios para que el cortejo tenga éxito.

Debes ser muy agradable y correcto en tu comportamiento tras elegir a tu amada.

Tus atenciones deberían ir únicamente hasta donde la prudencia pide, pues el exceso ¡en ocasiones disgusta! Sé moderado en tus asistencias hacia ella; y cuando estés en su compañía, deja que tu conversación sea dictada por la libertad y el saber del buen juicio.

Precisamente porque vas a ser presentado a la familiar como un pretendiente, no puedes considerarte ya con la libertad de ser considerado uno más, pues es un título que todavía no posees.

Tu compromiso tal vez persista o tal vez no llegue a buen fin por distintas causas, y por tanto es incierto si llegarás o no a ser un miembro de su familia.

Si tu unión está basada en profundos y virtuosos principios, y la dama se halla en posesión de sentimientos similares, valora dicha situación. Te aconsejamos fervientemente que evites cualquier flirteo sin sentido. Galantear a otras damas es seguramente la mayor necedad y la más calculada, aun sin quererlo, para crear desconfianza y las sospechas en la mente de nuestra amada.

Quizá tú seas indulgente contigo mismo pensando que dicho flirteo responde a una conducta inocente, a una forma de pasar el tiempo inocente, pero ten por seguro que frecuentemente trae consigo graves consecuencias. Una enamorada, si ve a su pretendiente galantear a otra mujer, probablemente no volverá a dirigirle la palabra.

La conducta del caballero frente a su dama en público.-

Una gran cantidad de cautela y circunspección es requerida en un pretendiente con respecto a la dama de sus afectos frente a otos. Actuar con imprudencia en estas ocasiones no solo supone una mácula en tu reputación pública, sino que la de tu prometida se ve también degradada, y fácilmente os veréis ambos como objeto de la burla, el sarcasmo y la crítica de quienes os rodean.

No seas demasiado puntilloso en tus atenciones; y aun así nunca te desvíes del respeto debido hacia tu dama. Trata de concederle toda tu atención, pues es quien más derecho tiene a ella.

Hay una majadera costumbre a la que algunos hombres acostumbran; consiste en brindar por sus enamoradas en un ambiente cordial. Esta es una costumbre cuanto menos absurda, sino irrisoria. Nunca permitas que se te acuse de una práctica tan ridícula.

Ten cuidado de no mostrar tu debilidad o locura aparentando estar celoso cuando tu enamorada reciba las comunes cortesías de otros hombres, que la buena crianza demanda. No pierdas de vista que es contigo con quien se ha comprometido, pero que eso no la priva de ser objeto de la respetuosa atención de otros caballeros.

Numerosos compromisos se han roto por albergar un sentimiento excesivo de posesividad sin una causa justificada. Una dama joven que fuera tratada sí por su futuro esposo, lo descartaría y le agradecería que se hubiera mostrado como realmente era antes de llegar al altar.

Nunca.-

Las diferencias pueden tener lugar entre los amantes, pero contente, de forma que nunca tengan lugar en público.

No permitas que el enfado o el resentimiento crezcan en vuestro seno.

No divulgues, ni siquiera a un amigo de confianza, un momento de infelicidad entre tu amada y tú.

Nunca proclames de manera frívola los encantos de tu prometida.

Las mujeres ven su orgullo herido cuando escuchan cómo son exaltados los encantos de otras. Refrénate, por tanto, de hacerlo frente a ella, en la que tu corazón se ha centrado.

Conducta del los caballeros cuando son apartados y el compromiso se rompe.-

A veces ocurre que durante el cortejo la dama encuentra razones para declinar la continuación del compromiso. Si se da el caso, te recomendamos que actúes como un caballero, y mantengas las formas.

Si sus razones están basadas en una razón de justicia y no en un capricho, acéptalo a la primera, por más doloroso que el golpe pueda ser, cuando ella te lo comunique. Condúcete como un hombre; y sométete a su decisión con fortaleza y resignación en el momento de la separación. No la censures en público: no traiciones secretos que te confió, no reveles nada que pudo ocurrir en el curso de vuestro cortejo, ni siquiera a tus amistades más íntimas.

También podría ocurrir que la dama rompiera el compromiso sin darte una razón suficiente o justificación alguna para su conducta, y aún así debes reprimirte y no manifestar ningún tipo de rabia; tal vez te compadezcas de ella, pero la etiqueta prohíbe que muestres o vindiques o te deshonres con una conducta que no esté a la altura de la situación.

Es también usual que se devuelvan las cartas, regalos y recuerdos que durante el cortejo se han enviado o recibido con un cariño que ya no existe.

Conducta del caballero si es él quien rompe su compromiso.-

Cuando un caballero siente la necesidad de interrumpir sus atenciones, se halla en una posición mucho más complicada de lo que lo estaría una dama que deseara hacer lo mismo.

Tal vez incluso esté seguro de los afectos que de ella recibe, y de que va a decepcionarla y herirla, que será fatal para su felicidad y su vida. Si te encuentras alguna vez en esta situación, ejerce la más absoluta delicadeza y ternura.

Tal vez tus razones para cortar el vínculo se planteen por alguna impropiedad en su conducta; entonces deberás hacer el esfuerzo necesario, y hacerlo de la manera más gentil, con las formas más dulces y las que puedas adoptar para herirla lo menos posible. No deseas hacerle daño, pero debes utilizar el tono analgésico pero firme que le haga entender tu determinación.

Proposición de matrimonio.-

Tras el tiempo que se pueda considerar apropiado de cortejo, y cuando todas las partes estén dispuestas, el matrimonio será el definitivo y más importante peldaño a subir.

La etiqueta requiere que hagas partícipe de tus deseos a los padres o tutores de la dama, y que los tengas al corriente de todas tus intenciones.

Los acuerdos respecto a la dote son una cuestión delicada, pero las circunstancias te guiarán. Permite que el candor y la generosidad te llenen en esta difícil transacción.

Continuará...

*Artículo realizado por Ruth M. Lerga


(1) Os recuerdo que este libro fue publicado por primera vez en 1850. Y aún así en determinadas esferas dicha libertad no era plena, y dependía de la anchura, o estrechez, de miras de la familia.

 

 

Comentarios (9)

  • kkekka

    01 Junio 2013 a las 19:21 |
    Me ha gustado mucho el artículo. Lo que mas, lo de "tono analgésico pero firme", es un gran consejo. Que no siguió Lizy de "Orgullo y prejuicio" al mandar a paseo a Darcy de una manera no muy analgésica aunque si firme. Aunque claro ella es una mujer.
    Me ha encantado la frase, junto con las cosas que NO hay que hacer, jajaja.
    Me dejas deseando leer los siguientes.
    Besitos

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  • Noabel

    01 Junio 2013 a las 00:01 |
    Simplemente fantástico. Me encanta el artículo, ¡lo que estoy aprendiendo! jejeje

    Y como soy muy visual no puedo dejar de comentar lo maravillosamente ilustrado que está.

    Gracias.

    responder

  • Katon

    31 Mayo 2013 a las 20:39 |
    Lo que estoy aprendiendo de los usos y costumbres de una época que me apasiona. Si todos los caballeros se comportaran según esta guía, no hubiera habido tanto libertino suelto, jajaja.
    Qué envidia me da este libro, Ruth. cada capítulo que pones es más interesante, ya tengo ganas de leer los "consejos" para las damas.
    Gracias por el artículo, tan apasionante como siempre

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    • Ruth M Lerga

      31 Mayo 2013 a las 22:32 |
      Katon, el siguiente es "Normas de Etiqueta para novias victorianas". Te mueres, te mueeereeeees (Mary JO, tú también, lo sé). En el próximo encuentro recuérdamelo y los llevo. Si compartimos habitación, igual hasta te los dejo tocar, mira por dónde ;)

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      • Katon

        01 Junio 2013 a las 12:23 |
        Qué buena amiga eres, y qué maja. ¿me vas a cobrar por respirar en la misma habitación que el libro? lo mismo y hasta te forras, jajaja

        responder

  • Mary Jo

    31 Mayo 2013 a las 16:46 |
    Me ha encantado Ruth como los dos anteriores. Leyendo esto me he puesto a pensar en lo complicado que resultaba antaño algo tan sencillo. Como debían comportarse ambas partes para no herir ni manchar la reputación de la pareja, la linea era muy fina, la verdad. Si le hablaban, en culaquier reunión, demasiado cerca a otra dama, se podría pensar que estaba coqueteando con otra. En fin muy completito. Me he dado cuenta que hay algo que no ha cambiado, y es el apunte sobre el caballero que habla de conocidos de cierta importancia al que se le considera de mente debil y pueril, hoy somos más directas y decimos "Menudo fantasma, será pamplinas...."

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  • sorlib

    29 Mayo 2013 a las 14:53 |
    Mr ha encantado el artículo y descubrir todas estas curiosidades.
    Muchas gracias!

    responder

  • Aspasia24

    28 Mayo 2013 a las 15:16 |
    Muy buen artículo Ruth. Como los dos anteriores es fantástico. Soy historiadora licenciada y es una lástima que no incluyan una asigntaura cuyo temario fueran los usos y costumbres de la sociedad en el pasado. Gracias por el artículo.

    responder

    • Ruth M Lerga

      28 Mayo 2013 a las 22:44 |
      Si hubiera una asignatura, o un curso entero, sobre ello, me apuntaría. Sería maravilloso y el mejor vehículo para trasladarse a cualquier época. Siempre que el profesor no fuera de esos aburridos de tono monocorde, jijiji. Besos a ti, y gracias por emocionarte con estas curiosidades tanto o más que yo.

      responder

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