• Fecha: Sábado, 09 Mayo 2015
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clock-623168 640Recuerdo como si fuera ayer responder a Olivia Ardey en una charla que se había pasado a la actual (En la Toscana te espero) buscando un descanso de la histórica. ¡Cuántas veces he oído esta frase o similares! Cuántas compañeras que escriben contemporánea comentan: «¡Qué difícil debe ser escribir histórica con la rigidez de sus costumbres, su forma de hablar, la maniatada figura de la mujer! ¡Qué valor escribir histórica! Yo no podría.»

Y cada vez que alguien, amablemente, pretende poner en valor lo que hago, vuelve a mí la frase de Olivia y me martillea la cabeza hasta provocarme una resaca literaria que ni leyendo a mi querida Gaskell se me pasa.

¿Descanso de la histórica?, ¿escribir contemporánea? ¡¡Anda yaaaa!!
La contemporánea es terriblemente complicada. Y no digo bastante, ni mucho, ni tremendamente... digo terriblemente porque escribir contemporánea es terr... no, con mayúsculas, TERRIBLE. Un auténtico quebradero de cabeza.

¿Cómo que por qué? ¿Todavía no habéis caído en la cuenta? Pues os pongo en situación. ¿Preparadas? Venga, modo «escritora-on», que todas tenéis una imaginación de vértigo, pluma privilegiada o no.

Elijamos dos personajes al azar... por ejemplo... Ruth y Richard (así, a bote pronto).

Lady Ruth y Lord Richard son presentados en el teatro una noche, sus palcos son contiguos aunque se conocen, claro, desde el principio de la temporada, pues son apenas quinientas personas quienes componen la ton de la nobleza y todos saben quién es quién. Lady Ruth queda extasiada por la imponente presencia del caballero; él por la delicada figura de la dama. Al día siguiente nuestra intrépida pero recatada protagonista trata de forzar un encuentro «casual» entre ellos. Habréis adivinado, vosotras que sois tan inteligentes, que estamos en plena Regencia de Jorge III, es decir, 1810-1820, y en Londres, claro, en plena temporada.

¿Qué puede hacer Lady Ruth para volver a ver a Lord Armitage? (ains, apellido y todo tiene el caballero imaginario, fijaos qué bien).

a) pueden verse de día en un al fresco y pasear unos minutos a solas por unos jardines a la vista de todos y rozarse apenas y sentir cómo sus pieles arden ante el contacto; pueden verse en Hyde Park y saludarse desde sus carruajes o con suerte coincidir en un grupo de amistades comunes y lanzarse ardiente miradas; pueden tomar el té en casa de milady no-nos-interesa y tener una diatriba verbal y añadir algo de tensión sexual al asunto.

b) pueden verse de noche, en la ópera esta vez, y coincidir en el palco un minutito a solas a la vista de todos y tener una cortísima pero intensa conversación; pueden acudir a un baile en Almack's y bailar el vals y casi acariciarse y que sea maravilloso, o a un baile en casa de milady no-nos-interesa y coincidir en grupo y tener una diatriba verbal; o en Vauxhall en una pequeña fiesta o mascarada y perderse en sus sinuosos senderos y besarse incluso y que Lady Ruth sienta por primera vez la pasión en un beso y Lady Richard tenga la sensación de que nunca ha besado correctamente a una mujer.

Lo que quiero decir con esto es que las posibilidades son muy limitadas y vuestra elección como escritoras (a ver si creíais que os iba a hacer yo el trabajo sucio) es escoger la escena que mejor se adapta a vuestra historia para que no se precipite nada y haga crecer una historia sólida y acorde a los protagonistas. Pero los escenarios son los que son y están, insisto, limitados.

¿Quién creería que en plena Regencia ella decidiera plantarse al día siguiente frente al mayordomo, en la puerta de la mansión de lord Richard, con una hermosa capa de seda y nada más debajo, botella de champagne rosé en mano? Que no es que yo haya pensado en hacerle algo así a un tal Richard Armitage, ¡¡qué conste!! Jijiji.

Pues a eso me refiero. Como le dije a Olivia, la Regencia es sota, caballo y rey. El truco está en conocerla a fondo y, opino y esta es una opinión muy personal, aceptarla y respetarla como es. No pretender estridencias históricas escudándonos en licencias. Las mujeres tenían el papel que tenían, la sociedad funcionaba como funcionaba y las posibilidades eran las que eran. No nos pasemos.

Comentario así, sin importancia, en lo que a mí respecta... sigo profundizando en ella y maravillándome de cuánto me gusta y cuántos hermosos y significativos detalles me quedan por aprender.

Ahora volvamos a nuestra situación. Ruth y Richard se conocen del trabajo, una multinacional con más de quinientos empleados en el edificio, y saben que el uno y el otro están solteros y sin compromiso alguno. Ruth sabe además, se ha informado bien, por dónde sale él, por ejemplo, a correr. Y como sois tan listas sabéis que estamos en pleno siglo XXI y esta vez, ¿por qué no?, larguémonos a Nueva York. Coinciden un sábado noche en una discoteca. Vamos a suponer que por alguna extraña alineación de los astros no se dan el lote (recato, señoritas), pero se intercambian los números de teléfonos. No sé, una cena de compañeras de instituto y ella se marcha porque su mejor amiga se ha puesto hasta arriba de gin-tonics destilados con pepino y pétalos de rosa y ahora va hasta abajo, concretamente a cuatro patas. Y por eso no se lían, que si no...

Al día siguiente Ruth, nuestra intrépida protagonista, quiere verle.
Solo hay dos opciones, ¿no?
a) Va al parque y «se deja caer».
b) Tiene su móvil.

¡¡Y una lecheeeee!!

Vale, va al parque, ¿y? ¿Qué se pone? Porque él ha ido a correr. Pero Ruth no corre. Tiene un cuerpazo que para eso es nuestra protagonista y lo vale, pero no va a aparecer hecha una diva mientras él va de corto. ¿O sí? ¿Cara lavada o un maquillaje discreto? ¿Bailarinas o taconazos? ¿Qué se supone que hace allí? ¿Va de compras rollo maruja o le gusta pasear por aquel lugar en concreto y extrañamente nunca han coincidido? ¿Le dice de tomar algo si él está haciendo deporte? ¿Se prepara una conversación por si se pone a tartamudear como una idiota? ¿Sí?, ¿y sobre qué: la noche anterior, trabajo, lo bonito que está el parque?, ¿o algo más manido como el día tan soleado que hace aunque suene aburrido?

Y la parte más dura que no es verle sino: tiene su móvil. ¿Le llama? Ufff, ¿qué le dice? A mí no me miréis, no tengo ni la más remota idea, en mi vida personal llevo la L de prácticas, así que... ¿sms o whatsapp? Porque el segundo implica que te has guardado el número en tu lista de contactos y que estás interesadísima, el sms no e igualmente él tendrá el tuyo pero no tu foto en la que estás divina... ¿o cambias la foto por una con un guaperas a ver si pregunta? ¿Y qué le pones? «¿Hola soy yo me encantó verte ayer lástima que mi colega echara la pota o hubiera hecho realidad mis fantasías más calientes de los últimos meses?»

¡¡AAAAHHHHHH!!

Sí, sí, facilísimo. Vamos, que mejor dejo la histórica porque escribir contemporánea está «chupao».

¿Mi consuelo? Hablando con Olivia sobre esto meses más tarde, me daba en cierto modo la razón. Puedes sentirte más segura o más cómoda con la actual pues conoces mejor la vida de sus personajes, te es menos ajena. Y huir de la documentación es un tópico; para su primera novela en el siglo XXI se puso las pilas en vinos y bodegas y fue como aprender una época histórica nueva. Todo un mundo, la enología.

Pero no es ni más sencillo ni más ligero. Escribir una historia de amor, una buena, es complicado porque no es el momento en que transcurre lo que la hace especial sino sus protagonistas y lo que viven lo que la puede convertir en inolvidable. Así que...

«Cuando Lord Richard tomó su mano en un gesto en desuso y la acercó a sus labios para rozarla apenas sintió que el rubor teñía sus mejillas al tiempo que su corazón se saltaba un latido. Agradeció la oscuridad del palco del teatro. El conde de Armitage...».

Y la contemporánea se la dejo a Brandy Manhattan que se la ve más sofisticada que yo para estas cosas.

Y ahora que estáis en modo escritora -on... ¿Contemporánea o histórica, chicas?

*Artículo realizado por Ruth M. Lerga

 

 

Comentarios (7)

  • eva026

    03 Enero 2016 a las 13:27 |
    Un artículo con dificiles opiniones, en mi opinión creo que es dificil escribir cualquier clase de novela, ya que tienen que crear un mundo ya sea actual o en historica y enlazar momentos, personajes,etc.
    A mi particularmente me gustan mucho más las novelas historicas siempre tienen un toque diferente aunque siempre las historias terminan igual, pero ¿Qué esperamos de ellas si no es un final feliz?

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  • Almudena

    02 Enero 2016 a las 18:50 |
    Curiosas comparativas, en mi caso prefiero el romance histórico, siempre me hace "suspirar" de amor, mientras que el actual contiene demasiadas escenas eróticas a mi parecer, bueno en la mayoría de libros y eso es algo que en poca cantidad me gusta pero en exceso me aburre.

    Por otro lado pienso que escribir romance es complicado sea el género que sea porque es muy difícil encontrar la originalidad pero aún más difícil es enganchar al lector aún sabiendo como terminará todo, en la mayoría de libros.

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  • Cynthia HJ

    02 Enero 2016 a las 13:19 |
    Me ha encantado el artículo. A mí me gusta la histórica, siempre. Es cierto que, muuuuy de vez en cuando, leo alguna novela romántica actual, pero no me llenan lo mismo. Las historias cercanas a mí en el tiempo se me figuran ajenas y todo es tan moderno y tan "vulgar" que no me identifico en absoluto con nada y, mucho menos, con los tipos de protagonistas. Y si no conecto con los protagonistas mal voy...

    En fin, que prefiero la histórica. Me siento viajando a otros lugares y tiempo, aprendiendo cosas nuevas y viendo la vida de aquellas personas tan galantes. ¡Y se me cae la baba! XD

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  • Clarisa

    17 Julio 2015 a las 03:10 |
    Excelente artículo :) A mi me gustan las dos; todo depende del día y el momento ;)

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  • Marian

    15 Mayo 2015 a las 12:44 |
    Yo sin dudarlo prefiero la histórica....

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  • Rocío C. Pérez

    12 Mayo 2015 a las 00:18 |
    Creo que todo es cuestión de la habilidad y preferencias de la(0)s escritora(e)s. Y muy aparte de si nos gustan sus obras o no, a veces me pregunto cómo la escritora española Corín Tellado pudo crear tantísimas novelas contemporáneas (además de sus historias cortas que publicaba la revista Vanidades). Y en novelas históricas, la prolífica escritora Barbara Cartland nos demuestra que era su fuerte; nos basta con revistar el listado de sus obras en la web de RNR.
    En cuanto a las escritoras actuales, creo que Ruth, Olivia, Malory, y muchas otras escritoras, lo hacen estupendamente tanto en histórica como en contemporánea.
    Gracias a Ruth por el simpático artículo, esperando que repita otro ¨Error imprevisto¨.

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  • Malory

    10 Mayo 2015 a las 16:02 |
    Un artículo estupendo, querida.
    Y difícil elección, porque como bien dices cada época tienes sus cosas sus detalles, sobre los que hay que trabajar y documentarse...
    Cierto que la histórica, con toda su rigidez, puede dar pie a momentos encantadores, como esos que señalas donde un roce o una mirada, encienden las mejillas de la dama o inflama el deseo del caballero... ese tipo de cosas me encantan y en contemporánea como que no pega jejeje
    Supongo que, como dice Olivia, hay que darle a cada historia su momento y escribir lo que te pide el cuerpo y el corazón ;)
    Besotes

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