• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Mayo 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 39

 

A veces solamente vemos las diferencias entre las personas

Pero si realmente miras bien

Te darás cuenta que realmente tenemos muchas cosas en común

(Jasmine)

 

Como si se me moviera el piso, me apegue a la pared y convertí mi boca en una línea.

- ¿Qué es esto? – escuche preguntar a alguien que de seguro era Paula, por lo que al instante cerré los ojos con la esperanza de hacerme invisible.

Varios pasos acercándose hacia donde me encontraba retumbaron en mis oídos como un grueso tambor al mismo tiempo que tenía la sensación de que mi corazón me lo iba a tragar.

- Ha alguien debió habersele caído – escuche decir a Adam con prontitud.

- Quiero que me acompañes – señaló la muchacha con ese tonito de hacerse la niña pequeña – quiero ir a la cafeteria por algo para comer.

- ¿Puedes ir sola? – preguntó él – quiero estar atento a ver si viene el médico y trae novedades.

- Está bien – susurró la chica con tonito pesaroso - ¿quieres que te traiga algo?

- No.

Cuando aprecié que el murmullo de voces se alejó, espere un par de minutos para que el aire que había retenido saliera de mi pecho y, al fin, pude exhalar un profundo suspiro.

- ¡Sabía que eras tú! - escuché decir una voz casi adherida a mi oído.

- ¡Qué! – grité con espanto dando un salto con el que pensé que llegaría al segundo piso agarrándome el pecho con ambas manos.

Con algo de recelo, me volví hacia un lado y ví a Adam enarcando una ceja en tanto exhibía el teléfono en la mano.

- ¡Nadie más que tú usa esas carcasas rosas con música de películas románticas! – profirió con ese tonito que bien podía ser un insulto.

- ¡Es mi teléfono y mi ringtone! – resoplé con fastidio arrebatándole de cuajo el móvil de las manos - ¡yo no me metó con tu guitarra!

- ¿Qué haces aquí, Laia? – inquirió él mirándome con molestia mientras me jalaba de un brazo.

- ¡Suéltame! – jadeé zafándome de su agarre y proferí con apuro - ¡vine por Peter! ¡Carlie me escribió para contarme lo que sucedió!

- ¿Carlie? – apartándose un par de pasos, se tomó el cabello con expresión angustiada – bueno... – frunció la boca con pesar – disculpame. Esto me ha tomado por sopresa – soltó aire como lo tuviera retenido por mucho rato - ¡no podría perdonarme si algo malo le ocurre!

- Nada malo pasará – señalé tratando de suavizar mi tono e inyectarle confianza – Peter es un chico fuerte y se sanará. Estoy segura de eso.

- El médico no es muy optimista – Adam volvió a dejar escapar aire con ademán mortificado – la caída fue de tres metros. Podría haberse matado – meneó la cabeza con los ojos empequeñecidos – todo por colgar unas estrella para el show e impresionar al tipo de las audiciones para la capital – se metió las manos en los bolsillos y musitó - nunca pensé que esto pudiera pasar.

- Fue un accidente – extendí una mano y toque su brazo con cuidado– tienes que tener fe.

- Quiero tenerla – como si la boca se le trompicara, Adam parpadeo muchas veces antes de continuar – hace mucho tiempo que la he perdido – miró el cielo – creo que un niño que crece sin madre es como si viviera en una noche oscura sin siquiera tener la luz de una estrella como guía.

- ¿Y tu padre? – repuse con la voz más suave que pude utilizar, en caso de que se pusiera como quique – a mi me parece un tipo estupendo.

- Él está acostumbrado a vivir en la oscuridad – volvió la vista a mí y esbozo una suave sonrisa – es como si tuviera desarrollado el oído: es como un ciego que no sabe que hacer en su vida pero puede escuchar como nadie.

- Es una ventaja – resoplé asintiendo – decididamente, un padre que tiene ese don sólo le bastará oír el tono de tu voz para saber que algo te sucede.

- ¿Tu papá también es así? – se río adivinando mi respuesta - ¿serán clones?

- Puede ser, aunque mi papá es único – me pare muy derecha y pesateñee con ilusión – él es lo más parecido al principe de mis sueños: alguien capaz de hacer que todo en lo que creo sea posible.

Nunca había dicho aquello es voz alta y lo cierto es que no podía ser más real, aun cuando hay una variante: él es mi padre y lo admiró más que a cualquier persona; Adam, en cambio, lleva consigo algo que mueve mi corazón, lo enternece y lo llena de furia a la vez; no hay nadie que tenga ese poder sobre mí, y aunque sé que todo está perdido entre nosotros dos, tengo que claro que en mis cortos años es el chico que más cerca ha estado de parecerse a mi papá.

- Es un tipo increíble – torció el labio dándome la razón – y me cae genial.

- Tú también le agradas a mi papá.

- Lo mismo que tú – se río suavemente y sostuvo mi mirada con sus enormes ojos azules – mi padre te venera: eres la chica más listilla del mundo y la que se convertirá en una estrella brillante.

Un momento de hermoso silencio se instaló entre los dos; fue como si se repitierá ese instante en que estuvimos solos en la cocina de mi casa y compartimos un pedacito de nuestro corazón.

- Parece que después de todo no somos tan diferentes – indique tratando de dejarme llevar por esa sutil sensación maravillosa de estar cerca de él.

- Yo soy más egoísta – se rascó la oreja como si no supiera que hacer – y con todo esto de Peter, no me lo perdonaría si...

- No lo pienses – le corté mirándolo con fijeza – sólo piensa positivo: la buena energía es atraída por pensamientos positivos, así que no pienses en nada que pueda espantarla.

- Tienes razón – estiro los labios como si quisiera sonreír – tengo que pensar que Peter mejorará.

Extendiendo una mano por sobre su rostro, contemplé su expresión atribulada y, como si algo me empujará, lo envolví en un abrazo.

Cerrando los ojos, quise traspasarle mi energía donde sólo quería alivinar su pena; estaba segura que debía sentirse responsable de Peter y aunque en el pasado habían tenido sus diferencias, las cosas habían cambiado entre ellos y ahora tenían muchos planes juntos.

Como si fuera una sutil caricia, sentí como Adam extendió sus brazos sobre mi espalda, apretándome contra él, para luego hundir su cabeza en el hueco de mi cuello donde aprecie su respiración profunda.

Fue la sensación más maravillosa

Ese tiempo transcurrió en un lapso donde sólo estabamos los dos; donde mi único y genuino deseo era hacerlo sentir mejor.

De improviso, el sonido de mi teléfono retumbó en todo el hall provocando que me apartará de él con prontitud, reparando a unos pasos en la presencia de Paula, quién nos observó con los ojos muy abiertos y, como si fuera un huracán, me devolvió a mi realidad... sin Adam.

- ¿Qué hace ella aquí?

La pregunta parecía mas bien un grito, cargada de ira en el mismo momento en que trataba de escuchar e el auricular.

- ¿Aló? – volví a inquirir apartándome de donde me encontraba para escuchar mejor al mismo tiempo que ladeaba la cabeza para ver como Paula discutía con Adam; a su lado, Omar, me miró con una sonrisa en el rostro y alzando los hombros como si no entendiera nada de lo que estaba ocurriendo.

- ¿Laia? ¿dónde estás? – sonó la voz angustiada de papá que me hizo torcer la boca con amargura dedicándole toda mi atención - ¿el novio de tu amiga está bien?

- No – me pase la mano por la cabeza con pesar – estoy en el hospital del Salvador, pero no he podido ver a Carlie. Sólo sé que Peter lo van a operar.

- ¿Tan mal está?

- Tiene una hemorragia interna – resoplé con fuerza caminando hacia el otro extremo del hall, intentando poner distancia entre Adam y su novia – el médico ha dicho que hay que intervenirlo.

- Cualquier cosa, avisame – su tono se dulcifico – le pedi a tu hermano y a Ronnie que fueran a acompañarte.

- De acuerdo.

Luego de despedirme, me giré hacia donde se encontraba Adam y me encontré con Omar, quién me miró como si estuviera divertido.

- ¿Cómo estás, Laia?

- Bien – estiré los labios tratando de mostrarme amable.

- ¿Vas a esperar a Carlie?

- Quiero verla – señalé dejando escapar aire de mis labios – y ver a Peter.

- ¡Qué terrible! – exclamó Omar con un deje de tristeza – tenían puestas muchas esperanzas en que el tipo de la disquera los ayudará.

- Nada se ha acabado – resoplé pasándome una mano por sobre mi cabello – sólo es un retraso en sus planes – el chico estiro los labios  - ya verás que ellos triunfarán.

Omar iba a decir algo cuando, nuevamente, el sonido del ringtone de mi teléfono sonó. Al sacarlo de mi bolsillo, me percaté que marcaba número desconocido.

- ¿Diga? – inquirí algo inquieta.

- ¿Laia Cabral? – preguntó una voz femenina.

- Si, ella habla.

- Le hablo por el señor Mackenzie. Esta siendo trasladado a Cuidados Intensivos para ser intervenido de urgencia y necesitamos ubicar un familiar ¿es posible que se pueda acercar al servicio? – demando con apremio.

- En este mismo instante voy – luego de colgar, miré a Omar con preocupación – Es Peter. Tengo que ir a Cuidados Intensivos.

- Vamos – asintió el chico - Voy contigo.

Ambos nos pusimos en movimiento y, con el corazón encabritado, llegamos a la estación de la Unidad de Cuidados Intensivos.

- ¿A quién busca? – pregunto una voz impersonal de mujer en el momento en que iba a abrir una puerta para continuar mi camino hacia el interior.

Al volverme, aprecie una joven mujer de lentes redondos, tipo Harry Potter, más alta que yo, que me miraba de pies a cabeza en tanto se cruzaba de brazos llevando una ficha clínica consigo.

No estaba segura si era doctora o enfermera pues vestía una bata blanca con líneas celestes en los bordes, pero estaba clara que debía la chica debía tener un carácter de los mil diablos.

- Venimos a ver a Peter Mackenzie – bufé moviendo la cabeza nerviosa – Me llamaron hace un momento para informarme que lo habían trasladado a este servicio...

- Si – me cortó la joven mujer mientras miró la carpeta que sostenía - ¿son parientes de él?

- No, es nuestro amigo...

- Sólo se permiten parientes – replicó ella secamente levantando el mentón como si con eso pudiera intimidarme – hace un minuto nos pudimos contactar con la madre del paciente. Ella viene en camino para dar su consentimiento. Lo que estamos en deficit es con los dadores de sangre.

- ¿Podemos donar? – indique con solicitud.

- ¿Son del tipo O positivo? – inquirió ella mirándonos a los dos con ojos de halcón.

- No lo sé – repuse viéndo a Omar para que él dijerá algo, a lo que él levantó los hombros cómo diciendo que él no tenía idea de que tipo de sangre es.

- Creo que es mejor que esperen – su expresión nos demostraba que teníamos pinta de extraterrestre – esta sección sólo se admiten familiares y sólo se le da a ellos información.

- ¡Qué amable! – jadeó Omar abriendo, por fin, la boca - ¡este hospital se sacó la lotería con personas como usted!

Por un breve segundo sentí que la sangre de la mujer se le agolpaba al rostro y empequeñeció los ojos.

- ¿Disculpe? – se volvió la mujer a verlo con cara de pocos amigos.

- ¡Ya me escuchó! – resopló Omar viéndola con molestia - ¡aquí nadie está por deporte! ¡y no sé si usted entiende que ese chico es un buen amigo y queremos estar con él hasta que llegue su madre! ¡parece que es mucho pedir!

- Sólo queremos acompañarlo – señalé con firmeza sosteniendo la mirada de la mujer en tanto tomé con fuerza el brazo de Omar – no hay nadie más disponible.

- Voy a repetir una vez más lo que dije – bufó exasperada la chica sin pestañear – si no se van, voy a tener que llamar a seguridad.

- ¿Nos está amenazando? – señaló Omar cruzándose de brazos.

- ¿Quién los está amenazando?

La voz ronca de Tom rebotó en la salita con la fuerza de un elástico, provocando que exhalara un bufido de alivio, quién venía seguido por Ronnie.

- ¿Qué necesita? – inquirió la chica girándose hacia mi hermano poniéndose muy derecha al tiempo que se acomodó los anteojos.

- Somos amigos de Peter – resopló mi hermano frunciendo el ceño y alzo el mentón con un deje de desafío – ¿tiene usted algún problema en que podamos verlo?

- ¿Porqué habría de tenerlo? – hipio ella repentinamente muy nerviosa y sacudió el rostro – está bien, pero sólo un par de minutos y uno por uno. No es conveniente que el paciente se agite.

Asintiendo los cuatro al unísono, me pase la mano por la cara hasta que la mujer se alejó lo suficiente por uno de los pasillos.

- No quiero saber lo que sucede aquí – resopló mi hermano dándome un rápido beso en la mejilla - ¿cómo está ese chico?

- No lo sabemos – indique estirando los labios con desgano y sostuve la mirada animada de Omar -¿quién va primero?

- Me gustaría ir yo – indico Omar y, estirando una mano me acarició el hombro con suavidad – por favor.

Afirmando con la cabeza, le sonreí con aceptación.

- Gracias – el chico apretó mi mano y extendió una sonrisa – apenas lo vea, te llamó y te cuento.

- De acuerdo.

Sin perder más tiempo, Omar avanzó por el pasillo de Cuidados Intensivos.

Estaba observando como él se alejaba cuando sentí dos brazos que me rodearon y una cabeza que se hundió en mi cuello.

- ¡Viniste! – escuché resoplar mientras unos mechones rojos se esparcieron por mi hombro.

- Por supuesto que iba a venir – susurré acariciando la cabeza de Carlie – antes que cualquier cosa, eres mi amiga y te quiero mucho.

Un llanto sosegado se mantuvo en ese instante, en que me di cuenta de que todos sufrimos de forma distinta; algunos actúan a la defensiva, otros con temor y otros ahogados en un profundo lloro donde lo único que quiere el dolor es poder salir por alguna parte.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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