• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Mayo 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 38

 

Pase lo que pase conozco el camino

(Moana)

 

Pasándome un sólo dedo por la comisura del ojo me quede con la vista pegada en el paisaje que pasaba a mi lado a través de la ventanilla.

Sintiendo como mi pecho se inflaba tenía muy claro que parte de mi cuerpo me dolía.

- Tengo que pasar donde la señora Cannigan – me sonrió Ronald volviéndose desde el asiento del copiloto para mirarme hacia atrás – quiere mandarle un paquete a mi tía ¿no te molesta, verdad?

- Claro que no – resoplé levantando apenas la vista de lo que veía.

- Muchas de mis neuronas se fueron de paseo después de la super fiesta que tuvimos – mi amigo dejó escapar una suave carcajada y se giró para ver a mi hermano, quien conducía agitando la cabeza – así que, como no puedo recurrir a mi super poder de leer la mente, quiero saber, Laia Cabral ¿estás bien?

- Estoy bien – respondí secamente.

- Creo que Duggie se hubiera divertido mucho más – refiriéndose a su perro pastor alemán que murió hace tres veranos – tenía mal carácter pero no era un hipócrita.

- No soy hipócrita – resoplé con la boca apretada – sólo estoy cansada.

- ¿Cansada de lidiar con esas ideas geniales de alejar a Adam y, ahora que conseguiste que el tipo no te diera ni la hora, estás arrepentida?

La pregunta cargada de sarcasmo de mi hermano hizo que la herida que tenía sangrando fuera más aún.

Tenía más que claro que la culpa era mía, pero ya no tenía caso: ese día, después de besarnos, me lo dejó en claro.

- Voy a hacer las cosas bien – me dijo mirándome a los ojos y, colocando ambas manos sobre mis hombros, me alejó de él.

- Se que la culpa es mía, pero yo...

- No – negó cortando lo que iba a decir y se levantó del asiento apartándose de mí – la culpa no es de nadie y tú estarás mejor sin mí.

Iba a replicar cuando la gemela Ferguson, literalmente, se le colgó del cuello y le estampó un generoso beso en la boca.

- ¡Estoy muy orgullosa de ti! – exclamó mirándolo como si se derritiera.

Extendiendo los labios, él la tomó de la mano; nunca había observado tam detenidamente ese simple gesto pero fue suficiente para que un doloroso suspiro que se me atorará en el fondo del pecho.

- Te lo dije – escuche decir a mi lado cuando Adam y esa chica se alejaron, y volviéndome me encontré con la expresión satisfecha de Claudette – Adam no es para nadie, así que si quieres un consejo...

- No quiero tu consejo – indique al momento en que me levanté de mi asiento mientras la miré desde arriba, pues tengo que decir que la chica es una cabeza más baja que yo.

- No soy egoísta y te lo daré igual – sonrió ella como si me tuviera lástima – no te fijes en chicos como Adam: él está muy lejos de tus posibilidades. Mejor fijate en chicos como Omar ¡él está que se trepa a los techos por ti!¡él, por lejos, es una excelente opción!

- No te voy a responder porque puede que tu pequeño cerebro no lo pueda procesar – repuse cruzándome de brazos mientras la observé de pies a cabeza – así que no me desgastaré en algo que, a todas luces, es inútil – tomando la parka que traía, iba a hacer mi salida magistral cuando decidí retroceder un paso, sosteniendo su mirada y agregue con tono inmutable – no hables de Omar como si fuera el premio de consuelo de alguien. Es un tipo estupendo que merece a alguien que lo quiera – remarque - de verdad.

Ella apenas pestañeó; sólo me miró sin siquiera mover un músculo.

Luego, todo eso de la ida a Piamoncura y la fiesta, las cuales sólo hicieron un breve paréntesis en este breve, pero intenso momento, donde sólo he pensado en lo idiota que soy, intenté enfocarme en las cosas que se me venían: la declamación que era la próxima semana y mi postulación a la universidad.

De pronto, la vibración de mi móvil me indico que tenía un mensaje; mi sorpresa fue mayúscula al darme cuenta de que se trataba de Carlie: hacía más de una semana que no me dirigía la palabra; de hecho, en la escuela, cada vez que yo entraba a algún lugar, ella se iba tironeando a su novio.

Hola

Hola ¿qué tal?

Necesito que vengas al Hospital del Salvador

Una sensación de angustia se alojó en el fondo de mi estomago.

¿Sucede algo malo?

¿Te pasó algo?

¿Estás bien?

Peter tuvo un accidente.

¿Qué le pasó?

Se cayó de la parte alta de un escenario y no sé que hacer.

Tranquila.

Estoy llegando a Montillo.

Voy para allá.

Aunque no tenía ni idea de que cómo estaba, pues las palabras escritas son muy diferentes a la expresión de la persona, percibí que Carlie estaba muy preocupada; levantando la cabeza del teléfono, con prontitud, me encontré, frente a frente, con la mirada interrogante de Ronald.

- ¿Qué sucede ahora? – me preguntó dándose cuenta de que algo malo sucedía.

- Es Carlie – repuse con tristeza – creo que le pasó algo grave.

Luego de explicarle brevemente lo que sucedió, mi hermano se apresuró a llegar a ese centro asistencial.

- Te acompañó – me indicó Ronnie saliendo del coche apenas mi hermano estacionó el coche..

- No – negué con la cabeza – tienes cosas que hacer y estaré bien – inclinando la cabeza, observé a Tom desde la ventanilla – cualquier cosa te aviso ¿de acuerdo?

- Está bien – mi hermano hizo un gesto con el brazo – vamos Ronald, después volvemos.

- Está bien – asintió él – pero cualquier cosa avisa.

Haciendo un gesto de “like” me dirigí con prontitud hacia urgencia; tenía que encontrar a Carlie, quien me dijo que estaba en el pasillo principal del edificio.

Avanzando como una ciega, pues nunca había entrado en ese lugar, sólo mire para todos lados sin saber realmente donde me encontraba.

- ¡No puede pasar!

El tono áspero de una enfermera alta y gruesa me detuvo en el momento en que leí en un letrero URGENCIA y pensé en pasar por ahí.

- Estoy buscando a Peter Mackenzie – indique alzando las manos sin saber que más decir, y al apreciar que la mujer no hizo ningún gesto, agregué – tuvo un accidente hace un momento montando un escenario.

- Tiene que revisarlo el médico – indicó ella mirando la pantalla de su computadora con mala cara y, sin más, se dio se dirigió a otras personas que estaban preguntando por otros pacientes.

Tratando de no me mosquearme, me crucé de brazos y di un par de vueltas por la sala tragando saliva; nada me desagradaba tanto que sentirme impotente por lo que, con ánimo de hacer algo, saqué mi teléfono y le envíe un wsp a Adam preguntándole que si sabía algo, mientras trataba de comunicarme con Carlie: lamentablemente, el número de ella me mandó a buzón de voz, en tanto que Adam ni siquiera miró mi mensaje.

Sentí tanto nervio que no podía estar quieta por mucho rato en aquel espacio por lo que, a cada tanto, preguntaba a algún paramédico de la centralita del servicio por el estado de salud de Peter.

- Niña – la mujer me miro con exasperación haciendo un gesto huraño después de que le preguntará por quinta vez – tienes que tener paciencia. Están atendiendo al muchacho que, por lo demás, nada se puede hacer sin los resultados de los examenes que se le practicaron.

- Entonces, voy a tomarme algo ¿podría anotar mi número para que me llame por si ocurre cualquier cosa?

- De acuerdo – resopló ella como si no le quedará de otra.

Dejando escapar un resoplido, me encamine hacia un pasillo largo que parecía conducir a un lugar más amplio; tratando de poner atención en las flechas de orientación del hospital, camine por varios corredores, subiendo y bajando escaleras, hasta que llegue a lo que parecía ser el hall central.

Entornando los ojos, golpee varias veces mi cabeza y miré hacia varios lados sin saber cómo diablos podía regresar a urgencia cuando, en un costado apartado, divise a Adam: estaba sentado hacia adelante con las manos juntas pegadas a los labios como si estuviera haciendo una plegaria, mientras que afirmaba sus codos en las rodillas. A su lado, esa gemela Ferguson estaba apoyada en el respaldo del asiento acariciando el borde de su hombro.

Torciendo la boca y, sin pensarlo mucho, me apegué a un rincón cuidando de que él no me viera: no es que mi intención fuera espiarlo pero, por alguna razón, presentí que era mejor que no me vieran.

Observando con cuidado, noté que estaba triste: sus ojos azules parecían abatidos mientras sus labios estaban haciendo un puchero; de pronto, el sonido de unos pasos rápidos me distrajeron momentaneamente, percatándome que Carlie, Sasha y Paul se acercaron con velocidad donde él se encontraba.

Nada más hacerlo, Adam se levantó y abrazó a Carlie con un sentimiento que, cuando le tocó el turno a los muchachos, el chico rompió a llorar.

De pronto, un hombre de bata blanca se aproximo con una ficha en la mano y una expresión seria en el rostro. Problamente, era el médico por lo que, con disimulo, me apegue más a la pared con la intención de escuchar.

- ¿Son familiares del señor... – empequeñeció los ojos al leer la ficha y se acomodó los anteojos – Mackenzie? ¿Peter Mackenzie?

- Somos sus amigos – contestó Adam mientras se pasó la manga de la camisa por el rostro.

- Soy el doctor Alfredo Aguirre – se aclaró la garganta antes de continuar – este joven está grave – el hombre hizo un rictus nervioso con la nariz – tiene una hemorragia interna bastante extensa en la zona abdominal la cual compromete otros órganos internos – Adam se rascó el borde de la boca con ese deje de no saber qué hacer. El facultativo miró a todos los que estaban a su alrededor – lo operaremos en dos horas más pero necesitamos contar con el consentimiento de un familiar directo.

- ¡No! – gimió Carlie llevándose las manos al pecho, a lo que Adam extendió los brazos y la apretó por el costado en un intento de calmarla.

- Es necesario que se pongan en contacto con algún familiar – miró a todos los chicos con expresión sentida – y si es pronto, mucho mejor.

El médico se retiró por un lado dejando a Adam con los ojos muy abiertos mientras dejó escapar un largo suspiro, en tanto todos los demás ponían cara de situación.

Yo me llevé las manos al pecho, presa de la angustia.

- ¡Diablos! – rezongó Adam con frustración llevándose los manos a la cadera.

- Tranquilo – Paula adelantó un paso y apretó su hombro – fue un accidente.

- Voy a probar llamar a su hermano – señaló Sasha con rápidez sacando su móvil y yéndose fuera del recinto.

- Yo voy a ir donde su madre – señaló Carlie con la cara enrojecida mirando a su amigo, quién sacudió la cabeza con expresión de tristeza – como no me contesta, puede que tenga el teléfono descargado. Ella tiene que saber lo que está pasando.

- Me quedó contigo – repuso, en tanto, la gemela viendo a Adam con adoración.

- Voy acompañar a Carlie – indicó Paul respirando profundamente.

- Te lo agradezco – musitó Adam apretando la boca.

- Volveremos pronto – resopló Carlie, seguida de Paul quien caminó hacia la salida con las manos en los bolsillos.

De pronto, el sonido de mi móvil me hizo pegar un salto y, adosándome nuevamente al muro saque con precipitación el teléfono de mi bolsillo, sin embargo, este cayó al suelo yendo a parar a unos pasos de donde se encontraba Adam.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

Página anterior / Página siguiente

Página anterior / Página siguiente

Índice de capítulos

Príncipe de mis sueños

 

 

Otros contenidos de la web

Copyright © 2002 - 2020 rnovelaromantica.com y elrinconromantico.com

| Aviso legal | Política de privacidad | Política de Cookies |