• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Abril 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 37

 

El viaje puede dejar un cicatriz,
pero las cicatrices pueden curar y revelar donde estás
(Moana)

 

Inhala
Mantén
Exhala
Inhala
Así estuve mucho rato mientras miraba al equipo de la secundaria del Pinar; una chica de cabello rojizo y largo, amarrado en una alta cola, otra de cabello rubio tinturado y un muchacho con un corte mohicano, de estatura baja y de mirada seria.
Nos habíamos presentado, y la verdad es que resultó mucho mejor de lo que recordaba: como si fueramos uno sólo, todos nuestros movimientos se realizaron al unísono, en un tiempo exacto y preciso.
- Tranquila – susurró Christine colocándose a mi lado torciendo la boca – nadie es realmente competencia para nosotros.
- Te creo – murmuré pestañeando con algo de tristeza.
- ¿Te pasa algo? – resopló luego de un minuto que sentí que me miró insistentemente - ¿no estarás así por el idiota de Adam?
- No. Digamos que depués de esto voy a dejar el karate.
- ¿Por Adam? – la chica abrió los ojos como si no lo pudiera creer.
- No – negué con la cabeza – yo ya lo había decidido hace tiempo.
- ¿En serio? – volviéndose hacia mí, pestañeó con curiosidad - ¿no tendrá algo que ver ese chico lindo con el que te ví a la entrada?
- ¿Hablas de Ronald? – al ver que ella asintió, sonreí con ganas – él es mi mejor amigo y no, él no tiene nada que ver con esto.
- ¿Son sólo amigos? ¿en serio? – inquirió pasándose los dedos por su largo cabello, por lo que estaba segura que estaba un poco más que ansiosa.
- Si – abrí los ojos como si con ello pudiera darle más realismo a mi respuesta – es mi amigo – entrecerré la mirada al apreciar su mirada entusiasta - ¿te gustaría conocer a Ronnie?
- ¿Ronnie? – se puso colorada - ¡guau! ¿En serio? ¿me lo presentarías? – extendió sus manos y apretó mis muñecas con emoción.
- Claro que sí – musité levantando apenas la vista hacia donde estaba mi amigo, quién hablaba despreocupadamente con mi papá.
Estaba segura que ni siquiera estaba enterado que está haciendo suspirar corazones en esta ciudad.
- Ven, Christine – la llamó una de las jueces, la sensei Mei Yu, maestra de la escuela estatal de Montillo; con una sonrisa soñadora, ella me apretó nuevamente mi mano y salió casi haciendo un gritito.
Agitando mi cabello e intentando ordenar mis ideas, volví a ver donde estaba mi padre y Ronald, notando que ahora la maestra Natalia estaba sentada con ellos y se reía de buena gana de algo que parece que papá le dijo.
La expresión de felicidad de él no se escapó de mi vista; hacía muchos años que no lo había visto así, con ademán relajado y a gusto, como si estuviera dichoso.
De pronto, noté que mi padre se acercó mucho a la Sensei, donde sus rostros estaban juntos, muy juntos, pareciéndome que sus miradas, al cruzarse, podían saltar chispas.
Tragando saliva, torcí un poco labio y es que aunque no podía saltar alegremente ante lo que veía: mi papá sonriendo y haciendo bromas, tan relajado como hacía mucho tiempo no lo veía.
Como cuando mamá estaba con nosotros
Cada día que compartieron era la prueba feaciente de que todo lo vivido valió todo el camino transitado.
- ¿Sucede algo?
La pregunta de Adam sonó tan lejana y cerca a la vez que ni siquiera quise moverme por temor a que no fuera real; estaba tan perdida en mis pensamientos que no me atrevía a levantar los ojos; eran demasiadas emociones y todas intensas a la vez, donde sólo era consciente de que el amor podía transformar todo lo que tocaba.
Incluso, las heridas más profundas
De pronto, todo para mí se volvió claro: no quería vivir sintiendome así; quería demasiado a Adam y se me partía el alma con cada paso que daba para alejarme de él.
Reuniendo valor, alcé el rostro apreciando su mirada interrogante y, sin poder evitarlo, me le quede viendo.
No sé cuanto tiempo fue en realidad pero lo suficiente para hacerme sentir feliz.
Muy feliz
- ¿No me vas a responder? – bufó con tono enronquecido sentándose a mi lado y, sosteniendo mi mirada, enarcó una ceja y aproximó su rostro más hacia mí - ¿o estás jugando conmigo?
- No – susurré con la boca apretada y es que en ese instante que lo tenía tan cerca, me moría por darle un beso - ¿porqué querría hacerlo?
Al momento, él dejó escapar aire que rozó mi piel y, como si no tuviera control de mi cuerpo, sólo me aproximé a él y, sin mediar consecuencias, me apreté contra Adam en un beso urgente, dónde sólo queria volver a tocar sus labios.
- Alguien va a salir lastimado – susurró contra mi boca como si tuviera la respiración contenida.
- No me importa – resoplé, y volví a besarlo... otra vez.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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