• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Abril 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 35

 

Soy como una estella fugaz. He llegado tan lejos y

no puedo volver a donde solía estar.

(Jasmine)

 

- ¡A veces pienso que lo he visto todo pero tú me demuestras que hay mucho más!

Apretándose la bolsa de hielo contra la cara, Ronald me miró con ojos redondos sin poder creer en lo que le había contado.

- Necesito de tu apoyo – señalé respirando con fuerza mientras tomaba un trago de mi té – no quiero que me recrimines. Ya tengo bastante con sentirme miserable.

- ¡Por qué quieres! – profirió él sacudiendo la cabeza para luego hacer una mueca de dolor – pero tengo que reconocer que este Adam tiene la mano pesada ¡si me queda la boca chueca me las pagarás!

Asintiendo, no podía ni siquiera sonreír y es que el sólo recordar la expresión triste de Adam sentí como si un puñal se me clavará en mi corazón.

- No quiero ser un pesado – indicó Ronald bebiendo un poco de su agua de hierbas – pero debiste hablar con él primero ¿o es que acaso no lo quieres y estás buscando excusas para dejarlo?

- ¡Claro que lo quiero! – exclamé con fuerza - ¡lo quiero mucho!

- Entonces, no tomes decisiones por él – Ronald parpadeó con fuerza – no lo conozco lo suficiente pero no creo que tengas ninguna oportunidad con ese muchachote si no le dices la verdad y dejas que él también diga algo ¡después de todo es su vida también!

- Él sueña con hacer música, tocar su guitarra – sin poder evitarlo esbocé una sonrisa soñadora – esta es una buena oportunidad para que haga realidad lo que ama y llevar su arte a muchos lugares.

- ¿Cómo te lo digo para que lo entiendas? – él rezongó arrugando la frente y extendió las manos como si le estuviera hablando a un niño pequeño - eso no te corresponde a ti decidirlo, digo ¿o te gustaría que él lo hiciera por tí? ¿qué él no te diera la oportunidad de poder decir algo? Creéme, no lo dejarías.

Dejando escapar aire, me senté muy derecha y apoye ambas manos en la mesa apretando los labios.

- No me respondas – señaló Ronald después de un momento – piénsalo. Todavía estás a tiempo de arreglar este embrollo – torciendo el labio, profirió ofendido - ¡sólo a ti se te ocurre subir a la red esa foto en que me veo como si hubiera estado en enfermo! – agitó su dedo acusadoramente - ¡pero me las pagarás, niña! ¡ya verás!

- Eres igual de lindo, amigo – extendí mi mano y presione con suavidad su brazo – gracias por estar conmigo.

- No lo digas – sonreí y él cubrió mi mano con la suya – siempre contarás conmigo.

- ¿Molesto?

La voz alegre de Tom nos hizo volvernos con sorpresa, para encontrarnos con su expresión divertida junto a Karen, con quien entraba a la cocina.

La mirada interrogante de la chica se clavó en la mano que Ronald mantenía sobre la mía, por lo cual, con precipitación, la aparté cruzándome de brazos.

- ¿Qué te pasó, hombre? – resopló con humor mi hermano mirando con extrañeza su ojo - ¿no me digas que te cruzaste con una vaca de camino a Montillo?

- Nada de eso, amigo – indicó mi amigo sonriéndole – lamentablemente, no fue tan divertido como crees.

- ¿Porqué? – inquirió con interés.

- Ya te lo contaré en algún momento – le cerró el ojo sano y se volvió a su acompañante - ¿y esta señorita? ¿no me la vas a presentar?

- Bueno – poniéndose un poco colorado, se acercó a la chica y la cogió de la mano – es Karen.

- ¿Tu novia? – inquirió él impresionado de Tom, y es que desde que era niño, mi hermano siempre había rehuido de cualquier tipo de relación romántica, y cuando digo de cualquiera es de cualquiera que se le pareciera.

- Digamos que, por ahora, somos buenos amigos – resopló un tanto avergonzado, a lo que yo hice mohín amable a la chica, quién, al verme, me miró sin mover un músculo.

Aquella reacción, lejos de incomodarme, me desconcertó porque no me la esperaba.

- ¿Y ustedes? – quiso saber Karen mirándonos con sospecha.

- Nosotros somos amigos – indique interrumpiéndo lo que iba a decir Ronald y moví las cejas con diversión mientras tome la mano de mi amigo – como ustedes.

- Ya veo – bufó ella, en tanto Tom nos miró a ambos como le estuvieramos hablando otro idioma.

- Voy a acompañar a Karen a su casa y después regreso – indicó luego de un momento – a ver si entiendo lo que pasa.

Esperando que se fueran, Ronald volvió a verme con cara de no entender nada.

- Es prima de Adam – señalé apretándome un ojo – no preguntes.

- ¡Y no quiero hacerlo! – farfulló levantando una mano y con la otra aplastando el hielo contra su ojo - ¡ustedes son los hermanitos más suertudos del universo! ¡mira que fijarse en gente de la misma familia!

- Jajaja – carcajee sin ganas.

Luego de hablar un momento más, esperé que llegará Tom para que Ronald se acomodará con él en su cuarto y me fui acostar.

Sabía que me iba a costar conciliar el sueño pero si no hacía el intentó, mañana iba a ser un cero a la izquierda en el campeonato; apretándo los ojos le rogue a Morfeo que me abrazará con fuerza.

Así estuve, o eso creí, cuando el despertador sonó a las 6 de la mañana; no estaba segura si había dormido algo o mi cuerpo estuvo en pausa, pero estaba clara que había sido muy poco pues me dolía los ojos y la nariz.

Sin demora, me dispuse a bañarme para poder despabilarme, dejando que el chorro de agua caliente acariciará mi espalda.

- Buenos días – me saludó mi hermano, quién estaba sentado en la cocina tomándose un café mientras leía algo desde su computador.

- Hola – tomé mi tazón y lo llené de agua caliente - ¿qué haces tan temprano levantado?

- Nada – negó con la cabeza con la vista pegada en lo que veía – sólo estudiar para un bendito examén y que no me pille el tiempo.

- ¡Tan responsable! – resoplé con ternura en tanto me senté frente a él y me llevaba mi té a los labios - ¿nos acompañarás hoy a Piamoncura?

- Por supuesto – indico y luego tecleteó – hace mucho tiempo que no he ido y quisiera visitarlo – levantó la vista y clavo su mirada oscura en mis ojos – aunque no tengo claro a que vas tú ¿podrías decirme qué está pasando contigo?

-¿Por qué lo dices? – inquirí como si no entendiera mostrandome inocente.

- Por supuesto que sé que tú y Ronald son amigos y que jamás de los jamases serían algo más, aunque hayan tratado – resopló apretando una carcajada – además, está ese Adam ¡estás colada por ese tipo!

- No es cierto – dije sin ganas – hoy será lo último que hagamos juntos y sólo será un recuerdo.

- No te engañes, hermana – Tom cerró la tapa del portatil y apretó los labios – el amor siempre será importante, y sobre todo para tí que siempre has querido un príncipe – se río – no sé si Adam califica para ello, pero no existe uno perfecto.

- ¡No digas tonteras! – bufé tratando deno incomodarme – Adam es parte del pasado. De aquí en adelante, sólo pensaré en mí y en lo que me hace feliz.

- ¿Me vas a decir que estar con ese chico no te hacía feliz? – inquirió mirándome directamente a los ojos - ¿puedes negarlo?

Sintiéndome acorralada, sólo pude tragar saliva, y es que si decía otra cosa estaba segura me enrredaría en mis propias mentiras.

- Buenos días – expresó Ronald con su característico buen humor - ¿qué novedades hay?

- Hola amigo – saludó Tom frunciendo la nariz y bajando la cabeza con un deje de derrota – ninguna todavía ¿a qué se debe que te hayas levantado tan temprano?

- A que voy a acompañar a mi buena amiga Laia y hacerle barra – tomó una taza grande y la lleno de café, volviéndose a mi hermano - ¡tú deberías hacerlo mismo!

- ¡Para nada! – rezongó Tom estirando los labios - ¡los fanáticos del karate son ustedes! ¡no me metan en sus líos!

- ¡Vale, vale! – Ronald alzó los hombros como si no le quedará de otra. Sentándose a mi lado, me miró torciendo el labio - ¡creo que está vez sólo seremos tú y yo, cariño!

- Gracias a Dios – señalé tocando el borde de mi taza con una sonrisa – me viene bien apoyo verdadero.

- ¡No te hagas la victima, niña!- profirió Tom agitando la cabeza - ¡Nunca has querido público en tus campeonatos!

- No te preocupes – Ronald cortó lo que iba a decir para asentir con una mirada graciosa – aquí tienes a tu mejor amigo para apoyarte – se giró a Tom y frunció la mirada – no como el malvado de tu hermano.

Los tres nos reímos y es que a mi daba un poco pudor que mi padre o mi hermano me acompañarán a un certamen; es como si me rigidizará y no pudiera moverme. En cambio, con el loco de Ronald, la cosa siempre prometía.

Después de media hora, mi amigo me acompañó a la competencia, colocándose una cazadora azul y un gorro a juego.

- ¿Te sientes bien? – me preguntó cuando ya estabamos bastante alejados de casa.

- Lo que dice bien, pues no sé -  acomodando las correas de mi mochila, resoplé colocando una mano en mi corazón – mientras tenga esta desagradable sensación no estaré bien.

- ¡Por cabezota! – replicó Ronald abriendo los ojos - ¡no sé como pretendes volverte mártir sin saber si es eso lo que quiere tu chico! ¡hay que tener valor para hacer ese tipo de cosas!

- No me achaques – resoplé con suavidad doblando por la entrada de la entrada del gimnasio – tenme misericordia y apoyame.

- ¡Sabes que puedes contar conmigo! – exclamó con alegría, y agarrándome por un costado, me apretó con fuerza - ¡te quiero mucho!

Había dicho eso, cuando, frente a frente, Adam nos miró; cruzándose de brazos, pestañeó muchas veces como si lo que viera no le cuadrará.

- ¡Hola Laia! – exclamó Christine con una gran sonrisa en los labios, acercándose a mí con prontitud. Me besó en la mejilla y se volvió a mirar a Ronald con interés - ¿y este galán? ¿quién es?

- Es Ronald – contestó Adam secamente viéndonos a los dos sin que se le moviera una pestaña.

- ¡Qué nombre tan interesante! – resopló la chica mirándo mucha atención - ¿de dónde eres?

- Podríamos entrar – Adam indico con la mano hacia la entrada notando que alguien sacaba las cadenas – ya abrieron las puertas.

- ¡Qué bueno que no hayas entrado!

Como si fuera un efecto de boomerang, aprecie como un par de delgados brazos rodearon el cuello de Adam mientras que los labios de una chica presionaron su boca con impetú.

- Necesitaba desearte suerte – resopló ella, a quién miraba con mala cara e intentaba reconocer de alguna parte.

- Gracias – respondió Adam esbozando una sonrisa, para luego corresponderle el beso, en tanto mi corazón sangraba y unos celos asesinos me acechaban con furia.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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