• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Abril 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 34

 

Significas más para mí que cualquiera en el mundo entero.

(Peter Pan)

 

Caminando con paso lento, me acerque donde se encontraba él.

Como si tuviera frío, me abrace con ambos brazos mirando con cierto disimulo, y es que apesar de no tener que sentir algún temor, si, tenía miedo.

No podría soportar la reacción furionda de Adam.

- Hola – resopló él observándome con los ojos muy abiertos - ¿cómo has estado?

- Hola – respondí después de unos cuantos segundos – bien, gracias.

- ¿No me vas a preguntar cómo he estado yo? – inquirió él con abierta ironía.

- ¿Cómo has estado? – inquirí meneando la cabeza como si estuviera aturdida.

- No muy bien, gracias a que mi novia – remarcó – se olvido que tenía novio y me ha ignorado todos estos días – aproximándose un par de pasos clavó sus ojazos azules en mí y resopló – aunque, claro, después de ver los millones de wsp y mensajes que me han enviado tengo una idea vaga de la situación.

Mordiéndome el borde del labio, sólo pude abrir los ojos como si no entendiera nada de lo que decía.

- ¿Qué hay entre tú y ese amiguito tuyo de Piamoncura?

La pregunta parecía un cuchillo que bien podía atravesarme el pecho.

- ¿Porqué lo quieres saber? – aludí agitando la cabeza sin ninguna intención de contestarla. La verdad es que no se me ocurría ninguna idea coherente y necesitaba darle largas.

- ¿Qué porqué lo quiero saber? – parecía que se atoraba con la pregunta – creo que es evidente, Laia – sus ojos azules parecían dos piedras a punto de quebrarse de furia y repuso con tono firme - ¿qué diablos tienes con ese tipo?

- Eso es asunto mío – indique intentando no alterarme y mantener un tono neutral.

- ¿Me estás tomando el pelo? – demandó con molestia.

- ¡No me grites! – lo amenacé - ¡sino, hasta aquí llega nuestra conversación!

- ¡Laia, me vas a volver loco! – gruñó respirando con fuerza mientras se apretaba las manos – ¡Me siento como un verdadero estúpido y tú me tratas como si no fueramos más que compañeros de clase! ¡necesito saber qué carajos pasa!

- Bueno – tratando de controlar un temblor traicionero que nacía desde el fondo de mi pecho, me aplasté la pera como una forma de controlarme – pues sí, tienes razón: hay algo entre Ronald y yo.

- ¡A sí! – rugió Adam con los ojos como estalactitas.

- Si no te calmas, me...

- Quiero escucharlo todo – repusó extendiendo la mano con dureza sosteniéndome la mirada – y no sacas nada con hacerte la desentendida: vivir en una mentira es peor que la muerte.

- De acuerdo – solté un soplido como si tuviera aire retenido hace mucho tiempo – tienes razón: es momento de hablar con la verdad.

- Te escucho – el chico se cruzó de brazos mirándome con interés.

- Desde hace un tiempo que me han pasado cosas – indique tratando de sonar convincente – cosas que no pensé que volviera a sentir.

- ¿Cosas cómo cuales? – inquirió intrigado.

- Cosas ¡cosas! – resoplé tratando de decir algo pero nada en realidad – eché de menos mi antigua vida en mi pueblo, lo que antes hacía y la compañía de mi – carraspeé para no decir amigo y repuse a su vez - Ronald.

- ¿Y porqué no me lo dijiste antes? – inquirió con los ojos apesadumbrados - ¿porqué tuviste que esperar a que te acorralará para que me lo dijerás?

- Esa no era mi intensión...

- ¡No! ¡me imagino! – llevándose la mano a la cara, levantó el rostro el cielo como si estuviera cabreado y, luego de un largo minuto, se volvió a mí murmurando con voz apagada - ¿estás consciente de lo que me estás haciendo?

Parpadeando, no tenía forma de decir algo; las palabras habían huído de mi boca y es que no había forma de explicar algo para que él no se diera cuenta de que sus sueños eran tan importantes para mí y que no deseaba que se detuvieran por mi culpa.

- ¿No me vas a decir nada? – insistió avanzando hasta quedar a un par de pasos. Sus ojos estaban vidriosos mientras que sus labios se habían vueltos dos finas líneas - ¿me vas a decir que todo este tiempo en que estuvimos juntos no significó para tí?

- Pues...

- ¡Con qué aquí estás!

La voz alegre de Ronald hizo que me volviera con el temor vivo en el rostro.

Mi plan era casi perfecto, y digo casi porque no le había dicho nada a mi mejor amigo respecto a lo que había hecho.

- ¿Ronald? – proferí con la boca seca.

- Vine a asegurarme de que te vayas contigo mañana – y le sonrió con amabilidad a Adam - ¿cómo estás?

Sin que lo hubiera predecir, sólo vi un puño cruzar por el espacio y chocar con fuerza contra el rostro de mi amigo, dejándolo literalmente en el suelo.

- ¡Qué diablos te pasa! – exclamé arrodillándome con precipitación junto a Ronald, quién se tocó la barbilla y me miró con cara de interrogación.

- Lo mismo que a ti – indico Adam sin mostrar ninguna emoción – nada.

Y sin más, se volvió hacia un lado y se alejó de nosotros.

- ¿Podrías... – Ronald hizo un gesto de dolor mientras se paraba con dificultad afirmándose en mi hombro – explicarme lo qué esta sucediendo?

Asintiendo, me dije que debía hacerlo; ya no podía mantener sola esta pesada carga que me autoimpuesto, pero haría muchas veces más con tal que Adam fuera libre para ir tras su destino.

 

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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