• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Marzo 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 33

 

Nuestro destino vive en nosotros.

Sólo debes ser lo suficientemente valiente para verlo

(Valiente)

 

Como si tuviera algo dibujado en la cara, todo el mundo me miraba mientras caminaba por el pasillo hacia la cafetería.

Aún cuando no debería sorprenderme pues había aprendido a conocer a los chicos de esta escuela, los cuales eran tremendamente entrometidos, no pude evitar sentirme un poco embustera; sin embargo, no podía dar pie atrás.

- ¿Qué hay de nuevo, Laia?

Volviendome hacia un lado, aprecie como Carlie se me acercó con una expresión apesumbrada.

- Nada que no sepas – resoplé acomodando mejor mi mochila.

- ¿Estás segura? – indico cortándome el paso y mirándome con la vista fruncida.

- ¿Qué quieres saber, Carlie? – inquirí abriendo los ojos sin mostrar temor - ¿tienes algún problema?

- No lo sé – torció la cabeza hacia un lado sacudiendo las hebras rojizas de su cabello y susurró con desprecio – dimelo tú – clavó su mirada oscura en mis pupilas – creí en tí y pensé que serías una buena amiga pero veo que me equivoque. Claudette tiene razón cuando dijo que sólo eras una oportunista en busca de un poco de atención.

- ¿En serio? – no pude contener la risa – bueno, dejémoslo así. Por mí, no hay problema de que tú y ella piensen lo que quieran.

- ¿Pasa algo? – preguntó un extrañado Peter ubicándose a un costado de Carlie.

- Nada que sea importante – musitó ella con un brillo en los ojos de decepción.

- Tienes razón – asentí alejando mi rostro pero sin dejar de sostener su mirada.

- ¿No habría sido mejor ser honesta y decir quién realmente era ese tal Ronnie? – inquirió ella con desilusión.

Iba a abrir la boca pero no pude hacerlo y es que ahora no podía justificarme.

Sabía perfectamente que haber subido en mi perfil de todas mis redes sociales la foto de Ronnie y yo abrazados con una leyenda de un corazón, todos iban a especular respecto a ello.

Eso era lo que quería

- Vamonos Peter – señaló mirándome de arriba abajo – no hay nada que hacer aquí.

- Disculpala, Laia – susurró él un tanto aproblemado en tanto Carlie se alejaba a grandes zancadas – hablaré con ella y todo se solucionará.

- No te preocupes, Peter – le sonreí –ve con ella.

Asintió, agitó la mano con prontitud, y con apuro se aproximó para alcanzar a su novia.

Cerrando los ojos con cansancio, me dispuse a seguir mi camino. Nada podía desviarme de lo que debía hacer, aún cuando doliera.

- ¿Christine?

La mirada amable de la chica me devolvió algo de tranquilidad, y es que el día de hoy no había sido muy agradable.

- ¿Viniste a entrenar? – me preguntó con entusiasmo.

- Si – palmee mi bolso con suavidad – y a disculparme por no haber venido a los últimos cuatro días.

- Supe que estuviste castigada – se río – no te preocupes. Me alegra que estes hoy para que finiquetemos detalles para mañana.

- De acuerdo.

Yendo a los camarines, una amarga sensación me embistió luego de pensar que esta sería la última vez que compitiera y que dejaría atrás este mundo que tanto me había enseñado.

Luego de ponerme el karateki, me dije que en algún momento lo retomaría: volvería a practicar y sería feliz otra vez ejercitando mi espíritu y mi cuerpo en el equilibrio de la vida.

- ¿Sabes algo de Adam? – me preguntó de pronto Christine extrañada mirando su reloj como si fuera un extraterrestre.

- No lo sé – alcé los hombros con extrañeza – no lo he visto.

- Lo llamaré por si acaso está retrasado – indicó marcando en su teléfono.

Tratando de aparentar naturalidad, estaba al pendiente de si Adam le respondía a Christine.

- ¿Aló? ¿Adam? – espero un momento – sí, te estamos esperando. Sí – me miró con los ojos muy abiertos y una sonrisa – Laia y yo. ¿No lo... ¿estás seguro? – respiró – está bien. Mañana nos vemos – se volvió hacia mí mientras cortaba la llamada – no vendrá. Dice que es mejor que entrenemos sin él.

- De acuerdo – señalé mientras avanzaba hacia el medio del gimnasio.

Al volverme, me di cuenta que Christine seguía donde estaba.

- ¿No me vas a preguntar qué le pasó? – replicó como si algo no encajará.

- No.

Alzando las cejas, asintió con pesadez. Dejó su móvil sobre la banqueta y se dirigió a su posición con la mirada puesta al frente.

- Está bien – extendiendo un brazo y doblando el otro, señaló – no preguntaré nada.

No sé cuanto tiempo estuvimos practicando la kata, pero fue suficiente como para que no olvidará porque me gusta tanto el karate: la elegancia de los movimientos, la precisión, la memoria y la armonía que hacen que mi alma se sienta en paz.

- Mañana la convocatoria es a las 9 – señaló con suavidad – no te olvides. Nos juntamos a las 8:45 en la entrada del gimnasio central.

- Perfecto – y me despedí con prontitud. Todavía debía empacar mis cosas para salir con velocidad, después de la competencia, a Piamoncura.

- ¿Qué pasa con Adam? – preguntó mi hermano un tanto sorprendido cuando llegue a casa y subía a mi habitación.

- Nada – respondí mientras subía firmemente por la escalera.

- Ha llamado toda la mañana – resopló cansado – creo que es bueno que le devuelvas las llamadas.

- De acuerdo – señalé con tono maquinal.

Tirando mi bolso, me dispuse a buscar ropa cuando aprecie que mi teléfono resplandecía. Tenía un mensaje de wsp de Adam.

¿Estás en casa?

                                                                                              ¿Porqué lo preguntas?

Quiero hablar contigo.

Fui al entrenamiento pero no apareciste.

Lo sé. Estoy fuera de tu casa.

Ahora estoy muy cansada.

No me iré de aquí sin hablar contigo.

Resoplando con fastidio, me dije que era mejor que el mal paso había quedarle prisa.

Bajando con prontitud, abrí la puerta principal y me dispuse a buscarlo. El farol de enfrente iluminaba con baja intensidad por lo que no podía ver muy bien alrededor.

- ¿Adam? – musité - ¿dónde estás?

- Aquí – indico una voz a un costado de la mampara, donde aprecíe el perfil del chico que amaba - ¿será posible que podamos hablar... por fin?

Asintiendo, me dije que no sacaba nada con seguir rehuyendo.

Sabía lo que debía hacer y era mejor ahora que después.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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