• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Marzo 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 32

 

Recuérdame, aunque te diga adiós

(Coco)

 

- ¿Es idea mía o te estás escondiendo de Adam?

La pregunta de Carlie casi me pescó desprevenida y es que en estos últimos par de días sólo vivía para evitar a Adam; no tenía el valor de dejarlo ir o, por el contrario, frustrar sus planes por mi culpa.

Para mí es más fácil si no lo veía

- ¿Por qué lo dices? – inquirí intentando no verla a la cara y se diera cuenta de lo afectada que aún me sentía respecto de los últimos acontecimientos, por lo que tome mi bolso y me puse a buscar cualquier cosa dentro.

- A mi no me engañas – resopló Carlie por lo bajo, ladeando la cabeza para que sólo yo la escuchará – hace un par de días que te encuentro rara.

- Soy rara – indique mostrando una sonrisa despreocupada – es parte de mi genética.

- No soy tonta, Laia – mi amiga sacudió su abundante pelo rojizo y me miró directo a los ojos – no asistes a las clases que compartes con Adam, no te acercas a él en los descansos – jadeó con cansancio - y él no deja de acosarme para saber dónde diablos te has metido.

- Lo siento – pasándome una mano sobre el ojo, sólo pude estirar los labios como si con ello le pidiera perdón – no quiero que te preocupes por mí.

- Quiero saber que te pasa – inmediatamente frunció la mirada con preocupación – y quiero saberlo porque no soportaría que algo te sucediera – extendiendo una mano, apresionó una mía mientras susurró – nunca se lo he dicho a nadie porque no soy muy buena para ser amigas, por eso siempre he tenido amigos, pero a tí te considero mi mejor amiga.

Una profunda emoción me embargó provocando que el sonido huyerá de mi voz; estaba tomando una decisión muy dificil yo sola y no pretendía que alguien, además de mí misma, me entendiera, sin embargo, Carlie era diferente.

Pero tampoco quería involucrarla en esto.

No era justo

- Podrías – musité un tanto trompicada con mi lengua y apretaba con suavidad su mano – no preguntarme nada – respiée con fuerza – sólo quedate a mi lado.

- No hay problema – me indicó asintiendo con rapidez – aquí estoy. Cuando quieras, ya sabes que puedes contar conmigo.

Esbozando una sonrisa, nos quedamos viendo por un momento que me pareció que ví a una Carlie diferente; aún cuando sabía que era incondicional a Adam, como nunca sentí que compartíamos un cariño incondicional que unía.

Luego de regresar a casa, me topé, frente a frente, con papá-

- ¿Estás bien?

Aquella pregunta rebotó en mi cabeza mientras él me veía con precaución.

- ¿Por qué me lo preguntas? – inquirí con algo de desconfianza.

- No te veo bien – sus ojos claros se clavaron en mí con preocupación.

- Lo estoy – dije estoicamente.

- Si tú lo dices – resopló, alejándose de mí con expresión de duda – además, me parece sospechoso que Adam llame tantas veces y tú no contestes ninguna de sus llamadas.

- No sé a qué te refieres – indique y, sin más, no queriendo ahondar en aquello, me encaminé con rapidez hacia el baño.

A solas en ese lugar, me recosté en la puerta mirando el techo, en tanto, un suspiro largo escapó de mi garganta.

Cada día era un tortura y no sabía si tenía fuerzas para poder concentrarme en lo que venía, sobre todo porque se acercaba peligrosamente el campeonato de Karate y yo no había asistido a ninguno de los entrenamientos.

Mirando el calendario de mi teléfono me di cuenta que lo tenía agendado para este fin de semana.

Poniendo cara de horror, no estaba segura si podría resistir estar cerca de Adam sin querer tocarlo.

¡Diablos!

Apretando uno de mis ojos como si tuviera migrana, noté que el número de Ronald estaba llamando.

Me va a gritar hasta que quede sorda cuando sepa que no puedo ir

- ¿Alo? – contesté con temor abriendo los ojos como si me salieran de las cuencas.

- Hola amiga – respondió Ronald con su clásico tonito amable - ¿cómo estamos para nuestro esperado reencuentro?

- Tengo un problema – indique sin rodeos – el sábado tengo el campeonato y aunque me muero de ganas de ir, no estoy segura de llegar.

- ¿A qué hora es tu participación?

- Sé que es en la mañana, pero puede alagarse – resoplé un tanto desanimada.

- Pensemos positivo – señaló Ronald como si no fuera gran cosa – la fiesta es a las 10 de la noche; de Montillo a Piamoncura son 3 horas por lo que estoy seguro que podrás venir sin problemas.

- ¿Y cómo? – resoplé dejando escapar aire. No tenía ni idea hasta que hora habían buses hacia allá.

- Ya hablé con Tom – indicó con tonito de triunfo – él también esta invitado, así que no tienes excusas para no asistir.

Sintiéndome de lo más tonta, meneé la cabeza como si todavía lo estuviera digeriendo y mientras hablaba de algunas chismes del pueblo, un mensaje de Adam resplandeció en la pantalla.

¿Dónde estás?

Hace rato que quiero hablar contigo

Necesito que conversemos.

Tragando saliva, intente darme valor; no quería herirlo pero no podía evitarlo.

Estoy ocupada

¿qué quieres?

Hablar contigo

Nada más ni nada menos

No puedo

No viniste al entrenamiento de hoy y nos queda un día

Para el campeonato

¿te sucede algo?

¿estás molesta conmigo?

No

Mañana nos vemos

Ok

Sintiéndome desleal, cerré los ojos con desdicha, y sin poder evitarlo, me senté en el baño con una amarga sensación.

Tratando de idear algo para poder mantener mi resolución, un mensaje de Ronald apareció en mi teléfono; él me envió una foto de ambos abrazados para la navidad para que recordará la última vez que nos habíamos sacado una foto juntos, la cual me hizo una curvar una sonrisa algo siniestra.

Necesito hacerlo, de otro modo, Adam podría perder su sueño y yo, al chico que amo.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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