• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Marzo 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 31

 

Escucha a tu corazón ¡él te entenderá!

(Pocahontas)

 

- ¿A qué no sabes las excelentes noticias que te tengo?

La voz extasiada de Carlie hizo que esbozará una amplia sonrisa pues conocía de sobra lo entusiasta que era.

- No tengo idea – indique con lentitud moviendo la cabeza mientras guardaba mis libros de química en el casillero, al tiempo en que pensaba donde podía encontrar a Adam; después de 3 dias sin verlo, lo único que quería era abrazarlo y no soltarlo nunca.

- ¡Adam y su grupo fueron seleccionados para el festival de las Flores! – exclamó con tanta intensidad que no estaba segura de haber escuchado bien.

- ¿Cómo dices? – resoplé un tanto aturdida.

- Eso – indico con alegría – ellos participarán de un super festival en la capital del país. Es un hiper mega evento donde podrán obtener el patrocinio de alguna disquera.

Parpadeando como si me hubiera entrado una mugre em el ojo, me le quede viendo sin poder creerlo.

- ¿Y Adam? ¿dónde está? – quise saber y es que consideraba importante lo que él pudiera decirme de todo esto, y es que aunque sabía sus intensiones cada vez que audicionaba, no me había mencionado nada de esto.

- Fue al laboratorio – Carlie meneó la cabeza de contento – iba con Peter a clases de biología.

Asintiendo, le di las gracias con prontitud y me encamine hacia allá; me urguía verlo antes de que entrará al salón, por lo que apresuré el paso y, cuando estaba por doblar en la esquina, lo ví rodeado por todo su grupo: todos se abrazaban y se deseaban parabienes.

- ¡La vamos a romper! – gritó con júbilo Sasha empuñando la mano – ¡estoy más que seguro!

- Por supuesto – resopló Peter con expresión satisfecha – hemos trabajado mucho y nos irá bien.

- ¡No me cabe la menor duda! – exclamó con júbilo una voz femenina cerca de ellos, y al girar mi cabeza, los mechones rubios de Claudette ocuparon todo mi campo de visión, quien se acercó a ellos con ese pasito de pasarela, vestida con un vestido mini rojo y unos tacones que la hacían ver hasta la playa, provocando que me apretará las manos con inquietud, y es que esa chica no podía caerme bien.

- Gracias – indico Paul extendiendo una sonrisa, mirándola apreciativamente de pies a cabeza

- No tienes que darla – resopló ella guiñandole un ojo al chico – yo creo en ustedes.

Todos sonrieron, menos Adam; él, en cambio, estaba serio, estirando los labios como si estuviera incómodo.

Sin saber porque, me quede a un lado, observándolo con interés: la expresión de sus ojos, el modo en que estiraba la boca, ese brillo... y, acomodándome en un costado, examine cada unos de sus movimientos y noté un gesto de desdicha en su semblante.

No queria pensar nada realmente, sin embargo, tenía una amarga sospecha.

De pronto, los muchachos se despidieron, quedando Claudette y Adam en medio del pasillo.

- Estoy más que segura que les ira genial – señaló la chica con una gran sonrisa, alargando un dedo y pasandolo por el borde del bolsillo superior de la chaqueta – no te preocupes.

- No estoy preocupado – indico él frunciendo el labio.

- ¿Entonces? – arqueo una de sus perfectas cejas - ¿porqué noto en tu cara que no te encuentras bien?

- Son ideas tuyas – bufó haciendo una mueca.

- No lo creo – Claudette posó su mano sobre su brazo – sé cuando estás preocupado, y ahora sí lo estás – arrugando la nariz, ladeó la cabeza y lo miró de lado – no quiero pensar que vayas a dejar esta oportunidad por un capricho – él iba a replicar pero ella continúo - eres un tipo demasiado talentoso y puede que esta posibilidad no vuelvas a tenerla otra vez – aproximándose, susurró cerca de su oído – yo creo en ti.

- No lo sé – titubeó Adam apartándose de ella y viéndola directamente – yo sólo quiero estar cerca de Laia.

Nada más escuchar ello, no pude evitar sentir una mezcla extraña en la boca del estómago en tanto que un nudo en la garganta se atenazó en mí mientras muchas ideas revoltearon en mi cabeza: conocía de sobra los sueños de Adam y aquellos tenían pinta de gigante, los cuales él mismo había alimentado con su deseo, trabajo e ilusión; aquellos se habían transformado en algo importante para su vida, formando un espejo que atraía a sí mismo alimento para su alma, nutriendo y fortaleciendo sus esperanzas.

- Siempre habrán más Laias a las que puedas amar – musitó Claudette cerrándole un ojo – de eso no te quepa duda.

Él, en tanto, sólo aspiro aire y miró hacia el cielo como si buscará una respuesta en el aire, mientras que yo me sentí miserable.

No es que fuera una mártir o mucho menos; de eso, lejos de la verdad: sin embargo, no pude evitar que me temblará la boca y, retrocediendo unos pasos, me volví hacia un lado con pesar.

Con muchas ideas, todas confusas en mi cabeza, todas tenían ese sello de no ser la ruina de Adam sobre algo que siempre había ambicionado; descubrí que apesar de mis muchos reparos, tenía claro que lo amaba demasiado para ser un obstáculo en su vida, y es que la música era algo que Adam atesoraba a través de su guitarra, su banda y de todo lo que lo rodeaba.

- ¿Laia?

Volviéndome sobresaltada, descubrí el rostro interrogante del maestro Mansilla.

- Hola – lo salude maquinalmente y los ojos muy abiertos, pues sentí que me había pescado en un delito federal.

- No te había visto en estos días - señaló el profesor hundiendo la cabeza hacia atrás viéndome con sospecha – quería decirte que leí tu escrito y me pareció excelente.

- ¿En serio? – pregunté como si se me escapará el aire y es que ese texto lo envie a su correo en mi primer día de castigo.

- Es muy bueno – asintió él satisfecho y extendiendo una mano, apretó mi hombro con afecto – te felicito en verdad.

Aquellas palabras rebotaron en mi interior con una fuerza que abrieron algo que tenía encerrado en mi pecho.

- Gracias – respondí apretando los labios con emoción.

- No tienes que darlas – el maestro esbozo una gran sonrisa – ensaya tu declamación; dentro de dos semanas más está programada la presentación.

Parpadeando, asenti muchas veces con energía mientras que una sensación nueva se anido en mi pecho: no se vale de vivir de palabras, mejor es vivir de eventos, de esos que calientan los huesos y dan aire nuevo a los pulmones.

Volviéndome a la salida, me dije que cualquier cosa que hiciera, doliera lo que doliera, pensaría en Adam y en mí: ambos teníamos metas y aspiraciones, donde ahora, por dificil que pareciera, era necesario elegir para hacer lo correcto.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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