• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Enero 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 26

 

Navegar no es tan sencillo, princesa.  No es sólo izar una vela y hacer nudos.

Tiene que ver con tu destino en la cabeza: sabes dónde estás porque sabes de dónde viniste.

(Moana)

 

Con la mirada puesta en el frente, me dedique sólo a ver donde caminaba.

 Nunca en mi vida había dedicado tanto tiempo en aplicarme maquillaje, y es que desde hacía unos días tenía un aspecto ojeroso y pálido que hacía un simil a un vampiro, por lo que intentaba pasar por “normal” mi semblante.

Reuniendo la mayor cantidad de fuerza, me dispuse a continuar con esa declamación y entrenar las katas cuando era estrictamente necesario, y es que podía sentir en mi piel la mirada de Adam; yo, esoticamente, me concentraba en respirar, tomar mi bolso y salir disparada de ahí.

No quería tener ni media oportunidad de cruzarme con él, sobre todo con él, y poner evidencia toda mi frustración y decepción, aún cuando lo quisiera como una demente, y es que esa era mi verdad: amarlo con tanta intensidad que me asusta, y es que nunca en mi 17 años había sentido algo tan intenso y dificil de controlar.

Por otro lado, esta Omar que no deja de acecharme y es que a pesar de decirle que no quiero hablar del tema, él insiste con un impetú que molesta.

- No quiero discutir contigo, Omar – repuse un tanto incómoda, ese dia en que estaba entrando a la biblioteca.

- Lo sé, Laia – este se paso las manos por el rostro con expresión cansada – sólo quiero que sepas que mi intención esa noche siempre fue honesta: quiero y necesito que sepas quién realmente es Adam; aunque suena horrible, él es un manipulador, alguien que sólo quiere estar un rato contigo para luego seguir haciendo lo que ha hecho siempre – junto ambas manos como si fuera un ruego – no me perdonaría en la vida si él te hace daño.

- No lo hará – aseguré – no te preocupes.

- Me preocupo – indico él con mirada triste – sé lo terrible que puede ser Adam cuando se lo propone.

- Gracias por tu preocupación – asentí manteniendo mi posición – pero me sé cuidar.

- Tú eres mi preocupación, Laia – sus manos se extendieron a mis brazos, tomándolos con firmeza – yo sé que no es de amigos traicionar a otro, pero para mí, primero estás tú, la persona que yo más quiero.

- ¿De qué hablas? – resoplé sin entender a que iba todo esto.

- A que te quiero, Laia, te quiero más de lo que puedas creer.

Achicando un ojo, estuve tentada a darle un golpe.

Pero me contuve.

Yo estaba segura que ni él mismo se creía eso que acababa de decirme.

- ¿Me escuchaste? – preguntó Omar observandome con inquietud – yo...

- No lo vuelvas a decir – indique con voz gruesa y, dándole un empujón, me aparté de él -  te lo pido, por favor.

- Pero...

- Si en algo te preocupas por mí, en verdad, no vuelvas a hablarme de tus sentimientos – indique con molestia – por favor.

- ¿Qué pasa aquí? – preguntó de pronto Carlie, llegando a mi lado mirando a Omar con recelo.

- Nada – aprete los labios con disgusto – sólo que Omar ya se va.

- No quiero – repuso este con mala cara.

- Vete, Omar – señaló Carlie extendiendo la mano hacia la salida – no hagas una escena.

- No lo quieres comprender – meneo el chico con los ojos apesadumbrados – creeme que lo que te digo es verdad.

Sin molestarme en contestarle, le di la espalda y mire la ventana del patio. Sentí que el aire lo tenía atascado en la garganta y sólo pude expulsarlo cuando sentí el sonido de las pisadas que se alejaban.

- ¿Estás bien? – quiso saber Carlie sosteniendo mi mirada.

- No – movi la cabeza para ambos lado y respire muy fuerte – estoy llena de dudas y coraje – Carlie arqueo una ceja con suspicacia –no sé si puedo vivir con eso: con esta incertidumbre que me mata.

- No tienes porque hacerle caso a Omar – Carlie sacudió su cabello para verme a los ojos – no sabes si lo que te dijo era la verdad y Adam puede ser el más idiota de todos, pero es de su boca de la cual debes escuchar la verdad – me hizo un mimo en la mejilla – eres una chica estupenda, y cualquier cosa te hará daño sólo si tú se lo permites. No quiero que te derrumbes por esta estúpidez. Eres fuerte, Laia, y te admiro por eso.

Y acto seguido, me abrazó.

Ese contacto me bastó para que una corriente de energía volviera a recargar mi cuerpo diciendome a mí misma que tenía que volver al juego. Había muchas cosas que deseaba hacer, lugares e historias que contar, y sobre todo, saber si en verdad Adam era el principe que había soñado desde que era una niña.

- ¿Tú me dirías la verdad? – le pregunté mirandola a los ojos – digo, si supieras que algo pudiera hacerme daño ¿me lo dirías?

Tenía una duda desde que la estúpida de Paula Ferguson me hablo de esa innombrable apuesta.

- Claro que sí – asintió Carlie curvando una sonrisa – si te refieres a ese ridiculo rumor sobre esa apuesta, dejame decirte que no sé nada. Si yo hubiera sabido algo – se hizo una cruz en el pecho – te lo hubiera dicho de inmediato.

- ¿Me perdí de algo? – preguntó Peter con cara de interrogación acercándose con prontitud.

- La verdad es que no mucho – señaló Carlie y, pasó su brazo por mi hombro - ¿sabías que Omar está hablando pestes de Adam a Laia?

- ¿De qué pestes estaríamos hablando? – inquirió él frunciendo el ceño.

- De algo que los distanciaría – repuso ella con dureza a lo que Peter puso expresión de no entender, a lo que ella dejo escapar aire antes de decir – sobre Adam y esa dichosa apuesta.

- ¿Apuesta? – volvió a insistir alzando las manos como si con ello no explicara nada.

- Yo te contaré, cariño – indico Carlie, avanzado hacia su novio y tomandolo de la mano, se lo llevó hacia la cafetería mientras me hacía señas de que la siguiera.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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