• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Enero 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 25

 

Llegara un día sin reglas ni expectativas, un día en que todo pueda suceder, en que el pueda cambiar mi destino

(Valiente)

 

Con una sensación de naúseas, fruncí la nariz para evitar vomitar.

Nunca debí haber confiado en ninguno de ellos dos y es que todavía me parecía increíble todo lo que estaba sucediendo; pero estaba claro que después, si les quebraba una mano o les rompía un pie, no sería nada en comparación con la humillación y la esperanza de ser amada por el chico de los increíbles ojos azules.

- Laia – la voz de Adam me trajo al presente mirándome cómo él sólo podía hacerlo – Laia ¿te sientes bien?

- Si – asentí mientras me toque la cabeza como si me doliera – estoy bien.

- Te ves muy pálida – Omar se volvió a meter las manos en el bolsillo del pantalón y mostró una expresión ansiosa en la cara – ¿porqué no te sientas?

- No – negue tratando de afirmar mi posición – estoy bien.

Adam me dedico una mirada como si quisiera sondearme por dentro, a lo que yo sólo lo mire con la mayor serenidad de la que podía hacer gala.

- ¡Vaya, vaya! – escuche decir a mi lado - ¡si estamos todos!

Volviendome con violencia, aprecie como la gemela Ferguson y la elegante de Claudette se acercaron con una gran sonrisa en sus rostros. No entendía que diablos hacían allí, sin embargo, una amarga sensación hizo que mi corazón se incomodará.

- ¡Hay que darte crédito, Laia! – resopló Paula ubicándose al lado de Adam pestañeándole con coquetería – ¡estos chicos te deben tener embrujadada! ¡sólo bastan cinco segundos para que ya estés revoloteando cerca de ellos!

- ¿De qué estás hablando? – resoplé cada vez más molesta y es que esto que me estaba sucediendo era como si estuviera existiendo en una realidad paralela.

- De que no eres capaz de ver la verdad – los ojos oscuros de Omar se volvieron dos granitos clavados en mi mirada – a pesar de lo que creas, Adam no es mejor que yo.

- No entiendo – me aparté dos pasos de ellos con una negra sensación en mi alma.

- ¿Sabes porqué, efectivamente, no te conviene ninguno de los dos? – bufó Claudette con expresión arrogante mientras los demás la miraron expectantes – es que lo único que quieren es llevarte a la cama.

Sintiendo que un frío mortal corrió por mi espalda, sólo pude pestañar y es que, a pesar de no creerle ni media palabra, algo en su semblante me decía que esa era la única verdad que existía.

- No me lo imagino – indique tratando de que en mi voz no se notará la duda – estoy segura que sólo es un invento tuyo.

- Pues déjame decirte que tu querido Adam no es ningún santo – volviéndose a él, lo miro con la vista fruncida en tanto este apegó la vista al suelo - ¿o eres capaz de negarlo?

Adam sólo respiro y, al alzarla, le dedico una mirada de advertencia; ante ello, me quedó claro que no había mucho más que eso.

- Creo que ha sido suficiente – Adam torció el labio y se volvió a mí susurrando – es mejor que entres a tu casa.

- ¡No! – gritó Omar impidiendo que alguno moviera un músculo - ¡por supuesto que hay más que hablar!

- Yo creo que no – Adam se puso delante de mí con esa típica expresión de aburrimiento que usa para zafarse de algo desagradable – otro día. No hay apuro.

- ¡Por favor! – exclamó Omar - ¡no seas hipócrita! ¡Es bueno que Laia sepa quien eres de una buena vez! – carraspeando con dramatismo, indico con intención – puede que después de esto, ella se de cuenta de muchas cosas.

Sin preverlo, Adam se abalanzó sobre Omar y, sin más, le dió un puñetazo en pleno rostro, en tanto, este, sin más, se fue hacía atrás no haciendo ningún intento de defenderse.

- ¡Idiota! – gruñó Adam apretándose la mano con una mueca de dolor mientras yo me lleve las manos a la boca en un acto reflejo, presa del espanto y el miedo.

- ¡No puedo creerlo! – señaló remarcando cada sílaba Paula abriendo la boca casi como si se le saliera de la mandíbula - ¿qué diablos está pasando? ¿no me digan que se están peleando por esta niñita insignificante?

- ¿Es verdad lo que dijo Omar? – susurre acercándome a Adam con la mirada cargada de desdicha - ¿podrías decirme cuál es la verdad?

- ¿Decirte qué? – él estiro los labios con abierto desdén - ¿qué quieres que te diga? O mejor ¿quieres que lo niegue?

- Quiero una explicación – menee la cabeza tratando de mantener la mente fría – y creo que eso no es mucho pedir.

- No puedo – resopló con molestia parandose muy derecho.

- ¡Te lo dije! – exclamó Omar mientras se paraba con una expresión de triunfo ayudado por Claudette - ¡no lo puede negar porque es la verdad! ¡su único interés en tí ha sido la apuesta que tenía contigo!

Sintiendo que la boca se me ponía rígida, mire a esos dos como si fueran dos extraterrestres, llenos de bacterias y altamente contagiosos, por lo que, volviéndome hacia la puerta principal de mi casa, decidí que era buen momento de ingresar.

Sin mediar ni media palabra con papá  o Tom, subí por las escaleras con rápidez.

- ¿Estás bien? – escuche decir a mis espaldas.

- Estoy bien – respondí mientras seguía mi camino.

- ¡Vamos a cenar! – indico papá con fuerza.

- Me voy a lavar las manos – repusé dirigiéndome al baño del segundo piso.

Una vez allí, abrí el grifo y me mojé el rostro con abundante agua; me observé en el espejo por mucho rato y, como nunca, sentí que mi cuerpo temblaba por completo y se me secaba el aire que entraba por mi nariz.

No voy a llorar

No puedo llorar

Repitiendo esas frases como un mantra, respire hondo y sostuve mi mirada en el espejo hasta que pude controlar mi deseo de llorar y levantar la vista sin hacer un puchero.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

Página anterior / Página siguiente

Página anterior / Página siguiente

Índice de capítulos

Príncipe de mis sueños

 

 

Otros contenidos de la web

Copyright © 2002 - 2020 rnovelaromantica.com y elrinconromantico.com

| Aviso legal | Política de privacidad | Política de Cookies |