• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Enero 2020

Príncipe de mis sueños

Capítulo 24

 

Todo tiene una moraleja, sólo hace falta saber encontrarla

(Alicia y el País de las Maravillas)

 

Caminamos mucho sin decirnos nada.

Con la mirada en frente, sólo fui consciente del ruidoso golpeteo de mi corazón, mientras avanzaba a un ritmo con los pasos de Adam.

Ni los antejardines de las casas, los autos transitando o los perros que ladraron cuando nos acercábamos; todo lo que importaba era él y yo, y es que mientras más avanzamos en dirección a ninguna parte, más absolutamente segura que mis sentimientos por Adam no eran nada comparado a lo que hubiese sentido por alguien alguna vez.

Sin siquiera invocarlo, pasamos cerca de un cancha donde varios chicos estaban jugando basquet; uno de ellos llevaba una bandana color azul, como la de mi amigo Ronald; el mismo día en que perdimos las finales del campeonato anual de la escuela y por el cual se había esmerado mucho, entrenando todos los días, no pudimos derrotar a nuestros archienemigos del último curso.

- El otro año será mejor – le indique palmeando su hombro e intenté darle ánimo.

- No hay problema – meneo la cabeza mientras estiró la boca - esto no me quita el sueño – se pasó una toalla por el cuello – además, dimos todo en la cancha.

- Lo sé – estuve de acuerdo aún cuando sabía que podrían haber ganado – ¡fue una final fantástica!

- Laia amiga – Ronald clavo sus ojos oscuros en los míos – no tienes que sentir lástima. En verdad, estoy bien – me sonrió – sólo necesito tu buena onda.

De pronto, las luces de los faroles comenzaron a encenderse y la noche llegó a inundar el límpido cielo como esa tarde, y tuve esa misma certeza de que, pasara lo que pasara, lo que importaba es que nos tuviramos el uno al otro.

- No sé que decir – señaló Adam rompiendo el silencio, ubicandose frente a mí con una mirada de tristeza cuando llegamos al portal de mi casa – sólo quiero que sepas que lamento todo esto.

- Está bien – indique mirando el borde de mis uñas.

- No está bien – repuso dejando escapar aire y junto las manos alrededor de sus labios - ¡tú sabes que no soy muy amable y soy pésimo en esto!

- ¿Pésimo en qué? – pregunté sin entender.

- En esto de tener novia – negó con la cabeza con los ojos muy abiertos – nunca había tenido una.

- ¿En serio? – me cruce de brazos y fruncí la frente como si no la pudiera creer. Esto realmente era nuevo para mí.

- Muy en serio – indico aproximandose a mí, rozando la piel de mis brazos con su pecho amplio – soy un novato en estas lides.

- Eso es algo que no me lo puedo creer – resoplé con la boca apretada y es que, de verdad, no me lo imagino sin tener una novia, aunque sea por un par de horas – y sé que con más de alguna chica de esta escuela has tenido algún romancillo.

- ¿Romancillo? – se río y me miró fijamente - creéme – bufó un poco hastiado, muy típico de él cuando se siente agobiado – podría decirse que eres mi primera novia.

- ¡Eso tendría que ser en otra vida! – exclamé revolviendo los ojos y es que tendría que nacer de nuevo para que a Adam le siguieran sólo las pulgas.

- Laia – sus ojos claros parecían dos chispas – puedo ser muchas cosas pero no soy un mentiroso.

- Buenas noches.

Volviéndonos hacia un costado, noté con extrañeza como Omar se aproximaba a nosotros. Tenía las manos en los bolsillos y una mirada extraña.

- Este es un tema que no hemos discutido – murmuró Adam apegado a su boca al lado de mi cabeza.

- Lo siento si interrumpo – Omar echo un vistazo a Adam con algo de ¿molestia? – vengo a dejar en claro un par de asuntitos.

- Por supuesto – musitó Adam volviéndose hacia mí arrugando la frente, y parandose derecho, me abrazo por el costado con firmeza – te escuchamos.

- Me preocupas, Laia – declaró Omar mirándome directamente sin pestañear – y por eso que creo que debes saber lo que sucede.

- ¿Sobre qué? – inquirí frunciendo el ceño y, volviendome a Adam, aprecie como él respiro hondo.

- ¿En verdad te preocupas por ella? – Adam entrecerró los ojos con la ira pintada en la cara y lo increpó con la boca apretada - ¿no será más bien que quieres que ella se ligue contigo?

- No soy una mala opción – indicó él sin mover un músculo – a mí siempre me gusto, pero esto no tiene que ver con eso, si no con la honestidad  ¿o no, Adam?

Un momento de silencio se cernió entre esos dos donde sólo se observaron y el aire se quedó atrapado en el suspenso.

¿De qué está hablando, Omar?

- Como veo que no vas a hablar, voy a tenerlo que hacerlo yo – inhalando con intensidad, clavó sus ojos oscuros en mi y señaló – cuando te conocí ese día, yo fui el primero en contarle a Adam que me gustabas y que quería tener algo contigo. Él no dijo nada, y cuando comenzaron a hacer su dichoso trabajo, noté que te estabas interesando por mi amigo – subrayó – a lo que yo le propusé que hicieramos una apuesta: él que logrará llevarte a la cama, el perdedor debía pagar con un viaje a un lugar soñador en primera clase.

De pronto, sentí frío, mucho frío.

- Él no siente por ti lo que yo – demandó Omar con la mirada imperturbable – no me interesa esa apuesta rídicula; sólo me interesas tú, más de lo que te puedas imaginar.

No podía mover ningún músculos. Los sentía agarrotados mientras que una amarga sensación de infelicidad se alojo en mi pecho.

En tanto, Adam no dijo nada.

Su silencio era peor que la muerte.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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