• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Diciembre 2019

Príncipe de mis sueños

Capítulo 21

 

¿Y si hacemos un muñeco?

(Frozen)

 

- ¡Esto si que es suerte! ¡pasamos a comer y no pensé que te encontraría!

Esbozando una sonrisa, Adam apretó mi mano en tanto atisbaba a los chicos que estaban detrás de él moviendo las mano a modo de saludo junto a un Peter que había avanzado hacia a Carlie y la abrazaba con fuerza por el costado.

Hacia un tiempo ya que se reunía a hacer música, por lo que deduje que debía tratarse de ellos.

- Ya que estamos con eso de las presentaciones – me miró con una sonrisa un tanto avergonzada, por lo que no tuve que ser adivina para darme cuenta en que diablos pensó al ver a Ronald y es que ya había aprendido a ver lo celoso que podía ser - quiero a presentarte a los muchachos: él es Sasha – Adam indicó a un chico de cabello trigueño que le llegaba por debajo de la oreja, él cual sacudió la mano con suavidad – y a Paul – señaló al muchacho a su lado, con visos en el pelo -  nuestro bajista.

- Gusto en conocerlos – expresé y miré a Adam con ensoñación - ¡veo que ya tienes un grupo en toda regla!

Aquello era un sueño que atesoraba hace tiempo: hacer música con la sola idea de pasarla bien.

- Es muy pronto para decir eso – tomó mi mano y la beso en el dorso - ¡puede que algún día! – se volvió a Ronald y estiro los labios en un evidente esfuerzo por ser cortés - ¡tenía mucha curiosidad por conocerte! Más de alguna vez, Laia había hablado de ti.

- Me alegra que no se haya olvidado de mí – carcajeó alzando los hombros – pues si no lo sabías, ella y yo somos amigos desde la eternidad – se río – por si cierto, si necesitas a alguien que toque el xilofono, aqui estoy para lo que necesites.

- ¡Pero si tú ni siquieras tocas el timbre porqué te desafinas! – exclamé divertida y es que desde niños, Ronald era pésimo con lo de los instrumentos y para que decir para el canto.

- Nadie es totalmente un caso perdido – señaló Adam mirandolo con ¿simpatía? – cuando quieras puedes unirtenos.

- ¡Este chico me agrada! – profirió Ronald con beneplácito haciendome un leve empujón con la cadera – lamentablemente estoy hasta el martes, pero gracias por la invitación.

- ¿Tan pronto? – inquirí con sorpresa.

- Sólo vine a postular a la universidad y hacer unos trámites de mi madre – movió las cejas con una risita – pero si me invitas, podría venir otra vez a verlos.

- ¡A John le dará gusto verte! – indique con alegría.

- ¿Les parece que nos sentemos y comamos algo? – preguntó Sasha de pronto, con cara de hambriento - ¡hace siglos que necesito comer!

- ¡Maravilloso! – exclamaron los demás aplaudiendo con entusiasmo.

- Perfecto – estuvo de acuerdo Ronald - ¡yo también me muero de hambre!

Pronto, nos sentamos alrededor de la mesa, mientras esperamos que alguien nos atendiera.

- ¿Tendrán papas fritas? – quiso saber Paul mirando para todos lados con cara de expectación - ¡me muero por un plato extra grande!

- Por supuesto, por si caso, aquí también sirven unas hamburguesas deliciosas – señaló Adam, quien, acomodandose a mi lado, me acercó la carta azul rey que estaba sobre la mesa.

Inspeccionando el contenido de la carpeta, me dispuse a ver la carta de helados.

- Buenas tardes – un correcto muchacho se aproximo a la mesa, vestido de azul completo – soy Germán, su mesero ¿están listos para ordenar?

Cada uno indicó distintos platos de su elección, y cuando llegó mi turno pedí un helado de rosas.

- ¿Sólo eso? – preguntó Ronald como si no lo pudiera creer.

Por un lado, tenía razón: nuestras salidas a comer eran memorables, pues, literalmente, nos engulliamos un sandwich extra grande con mucha mayones, ketchup y aji blanco en la única cafetería de Piamoncura.

- Sólo quiero un helado – resoplé con los ojos abiertos.

- Si te apetece, yo compartiré mis botanas contigo – expresó Adam dirigiendome una comprensiva mirada.

- ¡Cómo han cambiado las cosas! – Ronald ladeó la cabeza hacia mí y a Adam – en verdad, esta chica ha cambiado mucho ¡antes comía como si la hubieran contratado!

- ¡Qué mentiroso eres! – repusé poniendo mi mejor cara de odio.

- ¡Claro que no! – mi amigo abrió los ojos con burla -  ahora que te veo estás mucho más flaca de lo que recuerdo.

Como si se me atorara el aire, miré a mi amigo con los ojos empequeñecidos, y es que si hubiera podido le hubiera dicho un par de improperios y un puntapies extra.

- No le hagan caso. Le gusta molestar de puro gusto – clavando mi mirada en él, señalé – pero, para tu tranquilidad, si me quedo con hambre, pediré un smoothie.

- No quiero ser aguafiestas, pero creo mi querida Laia que con un suero lácteo y frutas no será suficiente alimentación – ensanchando su sonrisa hizo un gesto hacia mi cuerpo - ¡estás muy creida que ser un palo te hace parecer una miss universo! – golpeando con seriedad el hombro de Adam, señaló - ¡cuando eramos niños, esta chica era capaz de no comer en semanas para ponerse uno de esos vestidos capaces de ahorcar a un fósforo!

- ¿Cuándo hice eso? – jadeé abriendo los ojos y es que estaba segura que eso sólo lo hice una vez para el concurso de disfraces porque no cabía en el vestido de cenicienta que me había prestado la señorita Jimenez.

- Creo que fue en cuarto grado – estiro los brazos como quien contiene una risita malvada - ¡pero ya desde ese tiempo estabas obsesionada con ser gemela de una escoba!

- ¡Cuidado con tu boca! – le advertí con el dedo - ¡yo me preocupo de lo que como, no como otros que comen como si estuvieran en un regimiento!

- Para mí, estás muy linda – expresó Adam besando mi cabeza.

Todos lanzaron un sonido mientras se volvían a verlo, en tanto lo miré con una mezcla de amor y ternura, que llenaron mi alma.

- ¡Por si te olvido, gasto toda mi energía en deporte y sexo! ¡nadie podrá acusarme de ocioso! – rezongó Ronald levantando las manos con aire inocente.

- ¡Eres muy engreído! – se río Sasha - ¡yo creo que con suerte das dos vueltas a la pista y quedas muerto!

- ¿Eso crees? – inquirió Ronald haciendose el ofendido y me miró esperando ayuda- ¡defiéndeme!

Cuando estaba a punto de responderle que podía irse al infierno y volver solo, una chica rubia, de cabello corto y labios rojos, se coloco al lado de mi amigo con expresión sorprendida.

- ¿Ronald?

- ¿Natasha? – inquirió Ronald no muy seguro.

- ¡Claro! – se acercó a besarlo en la mejilla - ¿cómo has estado?

- Muy bien – indico este con su sonrisa socarrona.

- ¿Y Laia?

- Aquí está – me señaló con la mano con un sonrisita y me preguntó - ¿te acuerdas de mi compañera de teatro con la que hicimos la obra de navidad en octavo grado?

- Si – resoplé pestañeando con rapidez mientras movía la mano a modo de saludo, aún cuando sólo la había visto un par de veces y en ese entonces tenía el cabello oscuro.

-¡hola Laia! – agito su mano con rapidez y clavó su mirada azulada en Ronald - ¡tu novia sigue siendo tan linda cómo la recuerdo!

Aquella expresión revotó en el aire mientras mi sonrisa murió en mi rostro, en tanto Adam aspiro aire, y frunciendo la nariz, miró a Ronald y a mí, alternadamente, y, sin más, se paró sin decir nada.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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