• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Diciembre 2019

Príncipe de mis sueños

Capítulo 20

 

Si sueñas con algo más de una vez, seguro se hará realidad

(Bella Durmiente)

 

Con los pulmones llenos de aire, regrese a casa.

Eran las 7 de la mañana.

Salí a correr hasta la cancha de fútbol y me encontré con la sorpresa de que estaba llena de pequeños futbolistas yendo, de un lado para otro, en perfecta formación mientras su entrenador daba silbatazos en forma alternada para que cambiaran de dirección.

Sus miradas concentradas y expresión entusiasta me recordaron lo poco que quedaba para el campeonato de Karate.

Si mi memoria no me fallaba sólo restaban dos semanas y aunque habíamos adelantado mucho, Christine insiste en que debemos dedicarle más tiempo.

A pesar de mi adoración a este deporte, y después de todo este tiempo invertido, consideré que  había llegado el momento de colgar el karategui; habían sido días hermosos que llenaron mi vida, pero ahora, también se acercaban las finales y con ello las notas para poder postular a la universidad y deseaba con toda mi alma estudiar literatura.

No le he comentado nada a Adam de mis planes, pero era un hecho que lo haría: no era posible para mí sostener las calificaciones, el entrenamiento de karate y mi relación con Adam, todo a este ritmo y a esta energía que terminarían consumiéndome.

Mientras caminaba de regreso a casa, pensé en cuan rápido el tiempo ha pasado: ya llevo viviendo en Montillo hace seis meses y, pasado mañana, Adam y yo cumpliremos un mes juntos.

¿Quién lo hubiera podido predecir? Definitivamente yo nunca. Un suspiro se escapo de mis labios al darme cuenta de lo mucho que estaba llegando a querer a ese rubio de ojos azules.

Creo que nunca serán las suficientes palabras para poder expresar lo absolutamente feliz que soy, aún a pesar de mi cansancio y el dolor de músculos que me aqueja cada noche; siempre hay una charla en whatsaap, un mensajito tierno o una vídeo llamada para decirnos buenas noches.

Suena cursi, lo sé, pero es algo tan especial lo que nos une, que he llegado pensar que Adam es el príncipe que quiero para mí.

Cuando se lo mencione hace un par de noches, en medio de una conversación sobre las pelis romántica, que de hecho no son de su agrado, soltó a reír.

- ¿Crees en los principes? – resopló extendiendo una sonrisa kilométrica en la pantalla de mi iphone.

- Si – asentí estirando mis labios con seguridad – así es.

- ¡En verdad eres de otro planeta! – exclamó este sacudiendo la cabeza sin despintar su sonrisa - ¡cada día me sorprendes más, Laia Cabral!

- No tendrías porque sorprenderte – repuse con seriedad – así me has conocido y no pretendo ser alguien distinta de lo que soy.

- ¡Y por eso me encantas! – expreso con voz enronquecida – eres, por lejos, la persona más transparente que he conocido.

- ¡Me halagas! – me reí un poquito y señalé – así que dime si puedo contar contigo para principeo debo buscar a alguien más.

- No sé si soy un buen candidato – indico este mordiéndose un labio – pero te prometo ser un buen aprendiz.

- ¿Quieres aprender a ser príncipe? – proferí carcajeando, no creyendole para nada. Es más, tenía la certeza de que se estaba burlando.

- No tengo opción – pestañeó con seriedad mientras me miraba con sus enormes ojos azules – te quiero demasiado, Laia.

Esas palabras eran suficientes para que creyera que todo lo que nos sucedía estuviera sucediendo en otra dimensión y que estaba descubriendo muchas cosas de Adam que amaba.

- ¿Se puede?

La voz alegre de Carlie interrumpió mis alocados pensamientos mientras intentaba ordenar mis libros en mi casillero. Todos estos días me había propuesto hacerlo, pero por cualquier motivo cósmico lo postergaba para más adelante.

- ¿Pensaste en mi invitación a tomar helados, bonita? – inquirió poniendo su rostro sobre mi hombro.

- ¿Era hoy? – me reí y es que hacía desde el período anterior estaba con esa idea.

- Sé que te acuerdas porque tienes una excelente memoria – asintió hundiendo su mentón en el hueco de mi cuello – además, cuentas con una excelente pepe grillo para que te recuerde las cosas.

- ¡Eres una santa! – resoplé volviéndome y la bese en la cabeza.

- Lo sé, por eso soy tu mejor amiga.

- Bueno – levante la cabeza y cerre un ojo con temor – eres una de mis mejores amigas.

- ¿Tienes otro mejor amigo? – replicó ella con espanto.

- ¿Te acuerdas cuando te hable de Ronald?

- ¿El chico de Piamoncura? – torció el labio como si no comprendiera.

- Ha sido mi mejor amigo desde que tenía 5 años – indique con orgullo.

- ¡Qué maravilloso! – repuso con fastidio – ¿y cómo es tu amiguito?

- ¿A qué te refieres?

- A sí es tan guapo e inteligente como yo.

- Digamos que es un poco más alto – exprese con humor – tienes los ojos y el cabello castaños, y lo usa largo desde que estabamos en séptimo grado.

- ¡Qué monada! – cerró un ojo - ¿y será más guapo qué Peter?

- No lo sé – meneé la cabeza – tendrías que conocerlo tú misma para que juzgarás.

- ¿Para cuando los pasajes a Piamoncura?

Ambas nos reímos y es que Carlie tiene esa tendencia de reírse de todo, aún de lo que no tiene gracia.

Salimos de la escuela, y caminamos unas cinco cuadras para adentramos a un concurrido centro comercial donde esta ubicada una tienda que venden unos exquisitos helados artesanales de yogurt. Adam me trajó la semana anterior y me parecieron increíbles, claro que siempre repleto de gente.

Estuvimos un buen rato esperando poder acceder una mesa.

- ¡Qué tal! – Carlie me indico de pronto una mesa libre a unos pasos – ¡Ven! ¡vamos!

Intentando avanzar con velocidad hacia ese lugar y cuando estaba a punto de conseguir mi objetivo un chico alto, de cabello largo y liso, se cruzó en mi camino sentandose abruptamente en uno de los asientos.

- ¡Hey! – gritó Carlie molesta - ¡está es nuestra mesa!

- Tendrás que buscar otra, preciosa – resopló el chico volviéndose, mostrando una sonrisa ganadora mientras me quedaba pasmada.

- ¿Ronald?

Tenía el pelo más largo que la última vez que lo vi pero lo reconocería en cualquier sitio; él, en tanto, abrió los ojos con la más genuina sorpresa.

- ¿Laia? ¿eres tú?

Con un grito de alegría, abracé a mi amigo del alma con mucho cariño.

- ¡Ronald! ¡qué gusto verte! ¡sólo hacía un rato que estabamos hablando de tí!

- ¡Qué bien! ¡Me alegra escuchar que todavía te acuerdes de tu amigo! – bufó en el momento mientras me levantaba y me miraba como si no lo pudiera creer - ¡no pensé que en mi viaje relampago tuviera la suerte de verte!

- El destino nos reunió – indique con solemnidad y le pegue en el brazo - ¡esto hay que festejarlo!

- ¿Ronald? ¿qué bueno verte? ¿el destino nos reunió? – repitió Carlie frunciendo la frente con desconfianza y me miró intentando buscar respuestas - ¿este chico de portada es el Ronald del que estabas hablando, Laia?

Intentando reprimir una carcajada, me tape la boca y le dedique una mirada divertida a Carlie; a pesar de haber convivido toda mi vida con Ronald nunca lo había visto como un modelo. Bueno, es cierto que el chico tiene su encanto y que, en algún minuto perdido en el universo compartimos un par de besos, nuestro noviazgo esytaba destinado ha ser sólo una anecdota en nuestras vidas.

- Estimada Carlie – resoplé colocando mi brazo sobre el hombro del chico – te presentó oficialmente a mi amigo Ronald de Piamoncura.

- ¿Ronald, cierto? – bufó extrañada agitando una mano sin saber que hacer.

- Si – extendiendo una sonrisa, Ronald se aproximo y la beso en la mejilla – gusto en conocerte.

- ¡El gusto es mío! – ronroneo un tanto azorada tocandose la mejilla donde él la había besado.

- Este grandote fue mi compañero desde el jardín de infantes – indique palmeando el pecho del chico – desde ahí hemos sido los mejores amigos de todos los tiempos.

- Es lindo escucharlo – Carlie sonrió con dulzura – amistades como esas perduran hasta el infinito. A Adam le dará gusto conocerte.

- ¿Adam? – inquirió Ronald mirandome como si fuera un chiste - ¿ya tienes novio, chiquitita?

- Efectivamente – respondió una voz ronca que escuche a mis espaldas.

Volviendome sobrecogida, noté en plenitud el rostro de Adam quien miró a Ronald y a mí con curiosidad.

- ¿Cómo están? – saludo tomando mi mano y besando su dorso - ¿alguna buena noticia?

- Si – extendí una gran sonrisa e indique moviendo la cabeza- quiero presentarte a mi querido amigo Ronald de Piamoncura.

- Mucho gusto – respondió Adam inclinando levemente la cabeza.

- ¿Adam? – quiso saber Ronald mirandome con curiosidad y lo saludó extendiendo su mano – lo mismo digo.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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