• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Diciembre 2019

Príncipe de mis sueños

Capítulo 15

 

Estás loco, pero te diré un secreto: las mejores personas lo están

(Alicia en el País de las Maravillas)

 

Una semana maratónica.

Y no ha sido para menos.

La fecha de entrega de trabajos, entrenamiento de karate y su consiguiente preparación para el campeonato es para trastornar a cualquiera.

—Tienes que descansar —me dijo mi padre anoche con su acostumbrada mirada de “no discutas”— si te matas no servirá de nada todo lo que te has preparado.

Por otra parte, tampoco había tenido el tiempo de charlar con Carlie o con alguien con quien pudiera tener una conversación medianamente decente; necesitaba echar afuera todas esas emociones torpes que he comenzado a sentir, o que, por ahora, no podía poner nombre después de muchos cabezazos que me diera contra la pared respecto a Adam.

Ese día en que almorzamos juntos sentí una conexión especial, pues platicamos mucho rato y de muchos temas, sobre todo del karate, de campeonatos, de literatura, y de algunas cosas de la vida.

Fue un momento distinto, en que me sentí escuchada por alguien diferente a Carlie o Ronald, mi amigo de Piamoncura, donde teníamos mucho en común y, mucho también de desigual.

Me hablo de sus perros, que son su máximo tesoro, de los cuales está muy orgulloso; también mencionó a la sra Clapson, la persona que lo mantiene a raya en su casa mientras su papá está de viaje, y por supuesto, su guitarra, la cual ama más que a su vida.

—Recuerdo que cuando te conocí, estabas muy enfadado por no tener tu clase de guitarra —indiqué mientras comía mi espagueti.

—¿Te acuerdas de eso? —se río y se tapó un ojo— ¡tenía la esperanza que lo hubieras olvidado!

—Claro que no —menee la cabeza y estire los labios con suavidad— ese fue el día en que nos conocimos.

No sé cómo habrá sonado, pero Adam me dirigió una mirada tan dulce que estuve a punto de creer que me estaba acariciando con los ojos.

—Ese día estaba particularmente molesto —resopló tratando de hacer un chiste— y no fui muy amable contigo. Lo siento.

—No te preocupes —me pasé la mano por el cabello mientras apartaba el plato— tú ya me dijiste que no eres amable y aunque es algo que no entiendo, está bien. He aprendido que las personas pueden actuar de maneras muy distintas de lo que yo pueda creer.

—Muchas veces tampoco me entiendo —dejó el tenedor sobre la mesa y cruzo los brazos sobre la mesa con firmeza— hay días en que me siento agobiado y que todo me importa un carajo. Mi papá está a kilómetros de mí y eso no me ayuda mucho.

—¿Lo extrañas?

—Mucho —esbozo una suave sonrisa— a ti no te puedo mentir. Muchas veces a la sra Clapson le miento diciendo que me gustaría que estuviera en Plutón, pero no es cierto. Prefiero que este en casa diciendo cómo debo comportarme.

—Es lindo escucharlo —le señalé— y mucho más lindo sería si puedes decírselo a él.

—No es tan fácil —alzo las cejas con pesadez— él tiene un carácter peor que él mío —abrí los ojos con sorpresa. Me parecía imposible que alguien además de él tuviera ese genio del diablo, a lo que Adam se río— ¡tienes que creerme! ¡si yo soy terrible, mi papá es un auténtico ogro!

—¡Eso tendría que verlo! —exclamé sin salir de mi asombro.

—Perfecto —indico él estirando el cuello con gracia— entonces, ¡serás mi invitada el viernes a comer con mi papá!

—¿Cómo es eso? —pregunté sin entender nada.

—Papá regresa el viernes en la mañana y cenaremos juntos —en un tono confidencial ladeó su cabeza hacia mí— será un buen momento para que lo conozcas.

—¿Conocerlo? —abrí los ojos en redondo.

—Claro —musitó como si aquello fuera de lo más natural— así como yo conozco al tuyo.

—¿Y por qué tendría que conocerlo?

Desde mi perspectiva, no encontraba que aquello fuera necesario y lo cierto es que no me cuadraba eso de una cena familiar para conocer a un papá malhumorado ¿dónde encajaba yo?

—Es sólo una cena —pestañeando con rapidez e indico— la sra Clapson cocina muy bien y siempre que está papá hace platos especiales —susurró con malicia— yo pienso que ella está medio enamorada de él.

—¡Qué dices! —le di un bofetón en el brazo mientras me reía de esa tontería— ¿por qué no puede ser porque es amable?

—Para que me creas tendrías que verla con tus propios ojos —me guiño un ojo mientras se sobaba el brazo.

Fue en ese momento en que miré mi reloj y tuve que salir urgentemente. Fue la excusa perfecta para no decir nada, pues la clase de matemáticas había comenzado hacía 20 minutos y estaba segura que el maestro me reportaría.

Sintiéndome miserable, evite todo lo posible a Adam para no decir algo respecto a su invitación mientras, el cansancio se apoderó de mi dejándome sin fuerzas, deseando con ferocidad apoyar mi cabeza en la almohada y cerrar los ojos hasta morir.

Y ahora que estoy chequeando mis cosas del día me encuentro con que hoy es viernes.

Diablos

No estaba segura si quería o no ir con Adam, y es que no sabría cómo comportarme frente a su padre, y menos si tenía un carácter tan difícil como su hijo.

Tomándome el cabello, me hice una cola de caballo y me apresté a hacer frente este día. Tenía muchas cosas que hacer, entre ellas rendir una prueba de ciencias y entregar un trabajo para historia mientras gel reloj estaba marcando las 7:20 de la mañana.

—¿Ya te vas?

La voz de mi padre me llegó desde la cocina mientras estaba terminando de meter algunas cosas en mi mochila en el salón.

—Es tarde —resoplé un tanto compungida— tengo prueba temprano.

—Un poco de leche no te llevará mucho tiempo —indico trayendo mi tazón favorito y sentenció— no puedes irte sin comer.

—Lo sé —suspiré con fuerza y tomé lo que me ofrecía papá— gracias.

—Tomate las cosas con más calma —señaló mientras daba cuenta de la leche y acarició mi cabello— si sigues así te vas a enfermar.

Al mirarlo y apreciar su rostro preocupado, tenía que reconocer que no estaba actuando bien. Salía muy temprano, no lo veía hasta al anochecer, y sólo un par de minutos antes de acostarme.

—No te preocupes —pasando mi mano por la comisura de mi boca, le sonreí— no lo haré.

Entregándole la taza, me despedí con un beso. Me lavaría los dientes cuándo llegará a la escuela y con velocidad, me dispuse llegar a buen tiempo a la escuela por lo que no espere a mi vecina.

Eran las 7:45 cuando puse un pie en la escalera principal, y me encaminé al baño. Si no me cepillaba, me iba a sentir incómoda toda la mañana. Con prontitud, hice mi aseo dental y luego me dije que sería bueno liberar “mi hidratación” interior.

Apenas entré al cubículo, sentí la conversación animada de varias muchachas, entre ellas las gemelas Ferguson y una chica de la clase, de la cual no recordaba su nombre.

—¡Habrase visto! —exclamó una indignada— ¡no hay jabón! ¡este lugar está cada vez  peor!

—Pero ¡por favor! —enfatizo la gemela de cabello dorado a la cual había aprendido identificar muy bien— ¡pero no es sólo eso! ¿se han dado cuenta que esa mosca muerta de la chica pueblerina tiene a media escuela dada vuelta?

—Pero ¿qué dices, Paula? —repuso la otra gemela, quien tenía un tono de voz más agudo —¿qué diablos estás creyendo?

—¿Acaso soy la única que lo ve? —exclamó con molestia— ¿no han visto como el idiota de Omar le hace ojitos a esa desabrida? ¿y qué el estúpido de Adam apenas si me habla? —bufó con fuerza como si estuviera hastiada— el otro día, después de muchos tires y aflojas, conseguí que me acompañara hasta mi casillero, pero el muy cretino, apenas vio a esa tonta, me dejó con la palabra en la boca para irse con ella.

—¿Cómo estás tan segura de eso? Yo creo que probablemente tenía algo pendiente con esa chica.

—¡Ay, hermana! ¡siempre tan bien hablada! ¡Es sabido por varios que esos dos se entienden y, para peor, tiene de cabeza al idiota de Omar! ¡y es que me revienta esa provinciana con cara de niña buena!

—¡No te enfades por tonterías! —la otra gemela parecía hablar con aire despreocupado— recuerda que a Omar le interesa alguien sólo por un rato, y que decir de Adam, que déjame decirte que no le hace caso ni al diablo, así que ¡para que te enfadas! Adam es Adam. Las únicas chicas que le han interesado has sido tú…

—En quinto grado —repuso ella como si no fuera la gran cosa.

—¡Pero se fijó en ti, tonta! ¡no podrías decir del resto de chicas de la escuela! —y tosió— y bueno, la innombrable que dividido a la banda.

—¡Maldita bruja! ¡la odio! —resopló la gemela dorada— ¡esa estúpida ha sido peor que un forúnculo en el trasero! —sentí como esa chica respiro con fuerza— pero ahora, la amenaza está en esa desabrida, ojitos de nada, venida de un pueblo perdido en medio del campo.

—¡No te degastes y déjate de decir estupideces! —la recrimino su hermana— ¡tú eres mejor en todos los aspectos que esa afuerina! ¡lo más seguro es que Adam como tiene competencia y ella es parte de su equipo está encima para cerciorarse de que lo está haciendo bien! ¡Todos saben cómo le gusta ganar!

—Puede ser, aunque suena muy rebuscado —bufó con un tono parecido al desprecio— pero necesito saber más de esa mosca muerta y de lo que supuestamente sucede con mi Adam.

—No tengas cuidado —indico la otra— yo puedo tirarle lengua a la torpe de Carlie. No te preocupes. Ella siempre está dispuesta hablar de lo que sea.

Luego de escuchar un par de estupideces más, estas chicas se fueron y apenas pude percibirlo, me tapé la boca y, sin que pudiera contenerlo, tuve un deseo urgente de vomitar.

Creo que nunca, en mi vida, me había sentido más asqueada. Aunque Omar me había puesto en sobre aviso sobre lo que algunos podían creer sobre Adam y de mí, pero creo que nunca dimensione el nivel de coraje que podía existir en las personas.

Apenas pude controlar mi malestar, salí del cubículo y me apoyé en el borde del lavabo para poder mirarme al espejo. Como nunca fui consciente de mis ojeras y esa sensación de desazón que me rondaba.

Por ahora, me quedaba claro que estaba en un terreno peligroso y que si no me cuidaba algo muy feo podía pasar.

Luego de lavarme la cara y volver a refregarme los dientes, tomé mi mochila y acomodándomela, salí con rapidez hacia la clase de Ciencias. Tenía un poco más de dos minutos para llegar cuando, literalmente, me tropecé con el chico con el que menos me debí cruzar en el universo.

—¡Epa! —resopló Adam con los ojos muy abiertos, mirándome como él sólo podía hacerlo —¡vaya! ¡ahora eres uno de los de “rápidos y furiosos”!

—Disculpa —jadeé un poco agotada, disponiéndome a alejarme de él— no te vi.

—¿Te sucede algo? —inquirió clavando su mirada azul, que ahora me parecía la de un halcón sobre mí no dejando que me apartara tomándome del brazo— ¿te sientes bien?

—Si —parpadee tratando de inyectarle seguridad a mi voz e intente zafarme de su agarre —¿Por qué?

—No te notó tan bien —con suavidad, me soltó y extendió su mano sobre mi mejilla acercándose con una expresión que sentí de genuina preocupación— estás distinta, como si algo te doliera.

—No —negué con la cabeza. Por ningún motivo quería que supiera lo que había descubierto, aun cuando no tenía idea de qué tipo de relación tendría él con esa chica y porque ella habló de mí en términos tan horribles— sólo estoy cansada.

—Quisiera creerte —pasando con suavidad su mano por el borde de mi cara, aproximo su rostro a mí como si en verdad le importará.

—Créeme —esforzándome por mostrar una sonrisa.

—¿Señorita Cabral? ¿Señor Claverie? —sentí que alguien habló a mis espaldas y estaba segura que era la maestra Palmer— ¿están muy ocupados o van a entrar a rendir su examen de Ciencias?

—Laia se siente un poco mal —señaló Adam con un tono ¿amable?— si me espera unos segundos, estoy seguro que ya estará mejor.

—¡Oh! —exclamó la maestra algo sorprendida y, luego agregó con tono indulgente— De acuerdo, sólo porque se trata de usted y su novia. Cinco minutos. Ni un minuto más.

Apretando la boca, lo miré con los ojos muy abiertos como si él hubiera cometido una locura.

—No me mires así —se río él— aunque no lo creas, me gusta cómo se escucha eso.

—¿Qué cosa?

—El que seas mi novia.

Como si mi quijada se hubiera caído, no estaba segura que era lo peor: ser asesinada por una demente al estilo “obsesión” o un loco que me dice cosas lindas y que me hace sentir como si estuviera pisando pétalos de rosas.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

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