• Autor/a: Isabel Álvarez
  • Actualización: Diciembre 2019

Príncipe de mis sueños

Capítulo 13

 

Siempre se llega a alguna parte si se camina lo suficiente

(Alicia en el País de las maravillas)

 

Con dedicación peine mi cabello mientras me mire en el espejo del baño de la escuela.

Había decidido hacia un par de meses, antes de llegar a la ciudad, que dejaría de usar la plancha de cabello, pues la verdad es que las puntas me estaban quedando en la ruina y aunque trató de protegerlas, lo cierto es que seguía viéndose sin vida.

Lo más sensato era dejar la plancha y sólo usarla en casos especiales.

Observándome con detención, noté con espanto como unas onditas se me hacían en la frente, las cuales a mi madre le encantaban diciéndome que era porque yo era rebelde y que siempre iba de ganadora.

Mamá, al igual que yo, también se le formaban remolinos cerca de las orejas por lo que siempre bromeaba con ello.

Sólo a los de espíritu fuerte le salen esos pelos

Sonriendo ante ese pensamiento, tenía que reconocer que mi madre siempre decía cosas para levantarme la moral, y es que cualquier recuerdo, palabra, objeto o situación, era parte del universo que construí junto a ella y que me inspiraba a soñar.

La extraño demasiado

Su presencia me inundaba de paz y me hacía sentir como una verdadera princesa que poseía su propia hada madrina, convirtiendo mis ilusiones en realidad haciéndome feliz.

Guardando mi cepillo en el bolso, revise mis ojos, y es que hubo un tiempo en que no podía hacerlo; su color me recordaba mucho a los de ella y la dulzura de su mirada.

Dejando escapar un suspiro, pensé en todas las historias que me contó sobre príncipes apuestos, de armaduras brillantes, inteligentes, sagaces, intrépidos…

—Y sobre todo valientes —me dijo ese día, acariciando mi mejilla mientras contemplamos el atardecer en Piamoncura—. Porque, para que lo sepas, un príncipe no es príncipe si no es valiente.

—¿No puede tener miedo? —quise saber porque, aunque el tipo se enfrentara a monstros y feroces enemigos, a alguna cosa le debía tener temor, después de todo se suponía que eran príncipes no seres mitológicos.

—Si pueden —abarcando más su caricia, rozo mi cabeza con suavidad—, a la soledad.

—¿Soledad? —torcí el labio extrañada—.¿Por qué?

Aquello era lo que menos me esperaba.

—Porque aunque son valientes, aquí las cosas son distintas. —Se tocó el pecho por lo que puse cara de no entender—. Porque aunque sean príncipes también son humanos, e igual que cualquiera tiene miedos, sobre todo de perder lo que aman. —Su mirada castaña adquirió ese brillo cristalino que sabes que está a punto de derramar una lágrima—. Por eso, puedes encontrarte a un príncipe que le tenga repulsión a las ratas o que le dé miedo las alturas, eso da igual, pero todos coinciden en lo mismo —sosteniendo mi mirada, añadió—, no pueden vivir sin aquello que tanto aman. Eso diferencia a un príncipe de cualquier chico común y corriente.

—¿En verdad lo crees? —repuse un tanto escéptica y es que mamá, a veces, exageraba demasiado.

—Yo me casé con uno —sonrió con intensidad—. Y espero que algún día, tú puedas hacer lo mismo —tocó mi nariz con la punta de su dedo—, algún día.

Mordiéndome los labios, apreté la boca para evitar que mis ojos se humedecieran, y es que recuerdos como esos me hacen querer saber qué pensaría mi mamá de Adam.

Aun cuando entre nosotros no ha pasado nada más que ese beso inexistente, unas cuantas miradas cómplices y unos roces de manos, son eso han bastado para que piense en él, acostumbrándome a su presencia, y donde cada vez que está cerca, mis nervios me juegan una mala pasada y poniéndome ansiosa con sólo escuchar su voz o verlo sonreír.

No sé si estoy enamorada y lo más probable es que mamá me diera un par de palmadas en la cabeza para que vea con claridad, o por lo menos eso dice Carlie, quien no cesa de hacerme bromas y visajes con los ojitos cada vez que él está cerca aludiendo que, en realidad, me interesa más de lo que estoy dispuesta a admitir.

Lo que sí sé es que me gusta.

Me gusta mucho.

Acomodándome el cabello lo mejor que pude, me coloqué algo de crema de color en el rostro y un labial rosa pálido, regalo de mi amigo secreto. Saliendo del baño de la escuela, baje con rapidez las escaleras y, en el momento en que pise el último escalón, aprecie de refilón la puerta entreabierta de la oficina de la Sensei, sentada con las piernas cruzadas en la alfombra, frente a un tocadiscos tan antiguo como él de mi papá.

Colocando con cuidado el long play, puso con suavidad la aguja y comenzó a sonar una conocida canción “Can´t hold back” de Survivor.

Sorbiendo saliva, contemple un momento la expresión distraída de su rostro y me pareció ver a papá, como tantas veces, escuchando esas canciones de su playlist de juventud, las cuales compartió con mamá.

De pronto, como si fuera una idea suelta me di cuenta de lo valiente que él había sido, pues por algún tiempo pensé que él se destruiría de dolor después de la muerte de mamá, sin embargo, siguió adelante intentando estar de buenas, con su característica mirada amable y cariñosa.

Con disimulo, me aparté de aquel lugar y me dirigí a la salida de la escuela. Con las manos metidas en los bolsillos, pensé en lo difícil que debía ser para cualquier no poder estar con quien amas y, por un segundo, sentí miedo.

Claro que el amor es para valientes

Con paso calmo avance hacia el costado del gimnasio con esa idea en la cabeza cuando pude vislumbrar a Carlie. La había visto en la mañana temprano, y por whatsaap le avise que Adam nos invitaba a comer helados. Ella, muy entusiasta, coloco puros emoticones de amor y corazones, diciendo que eso era fenomenal.

Luego de ello, no habíamos coincidido. Tampoco con Adam.

Ella, en ese instante parecía muy entretenida hablando con alguien, un chico de cabello corto, sentado de espaldas a mí, riéndose de algo. Pensé que era Peter, pero su cabello era mucho más claro que él.

Cuando me vio, ella hizo grandes gestos con las manos y sonrió con ganas, y con curiosidad, me fijé más en el acompañante de mi amiga y con asombro descubrí que se trataba de Adam.

El mechón de cabello que cubría su ojo ya no estaba, en tanto que el nuevo corte marcaba los rasgos angulosos de su rostro, amplificando en mil el azul de su mirada.

Este, al notar mi presencia, se levantó enseguida y un suspiro involuntario se escapó de mis labios y es que si pensaba que Adam era guapo, ahora estaba devastador.

—Hola —me saludó acercándose a mí con una amplia sonrisa.

—Hola —contesté con turbación.

—Hola amiga —resopló Carlie colocándose al lado de Adam—. ¿Qué te parece mi obra maestra?

—¿Tú le cortaste el cabello? —repuse no muy convencida, y es que había visto a mi amiga no ser muy diestra para la motricidad fina.

—Claro que no —bufo haciéndome caritas—. Sin embargo, con mi magnifica asesoría tienes ante ti un chico nuevo ¿qué tal?

—Pues —apreté la boca como si contuviera aire—, ¡estoy sin palabras!

—¡Lo sabía! —exclamó la chica divertida apuntando a Adam con un dedo—. ¡Te dije que le iba a gustar!

Mirándola como si la quisiera asesinar, Carlie vio para todos lados abriendo los ojos y tapándose la boca.

—¡Creo que la acabo de regar! —Alejándose un par de pasos, añadió—: ¡Voy por Peter! ¡No me tardo!

Aplastando un labio contra el otro, me volví hacia otra parte, sintiendo que mis mejillas eran suficiente evidencia de lo mortificada que estaba.

—¿Sucede algo? —escuche preguntar a Adam.

—Nada ¿por qué? —resoplé acalorada tratando de parecer casual e intentando cambiar de tema, le pregunté—. ¿Y por qué ese cambio de look?

—¿Te gusta?

Cruzándome los brazos por sobre el pecho, me dije que no podía ser tan niña y no decir lo que a leguas se podía ver. Girándome hacía él, lo observé directamente y aprecie como este avanzó a mí, clavando sus ojazos azules haciendo que mi corazón se encabritara.

—Te favorece —señalé con la mayor seguridad que pude hacer gala mientras intentaba controlar el temblor en mis rodillas—, pero lo que yo opine da lo mismo. Al que le debe gustar es a ti.

—Te equivocas en eso —señaló tajante—. Me importa lo que creas.

—Ah, ¿sí?  —repuse casi desvanecida—. ¿Alguna razón en especial?

—Muchas veces me quedo sin palabras en lo que se refiere a ti, Laia Cabral —se río despacito—. Creo que nunca tengo las suficientes palabras para decirte algo importante.

Alargando una mano, Adam acarició mi mejilla con suavidad y me dedico una hermosa sonrisa. Como si viviera en un mundo paralelo, podría jurar que él se me estaba arrimando tanto que casi podía sentir la suavidad de su aliento.

Como si mis manos tuvieran voluntad propia, extendí una mano sobre su pecho y la presioné con la esperanza de sentir el tic tac de su corazón, encontrándome con el deseo vivo de sentir sus labios contra los míos.

¿Crees que me podrías dar un beso?

De pronto, fui consciente que ese pensamiento lo había dicho en voz alta y tragando saliva, me di cuenta que Adam empequeñeció sus ojos como si lo hubiera pescado de improviso.

—¿En serio? —preguntó asombrado alejando su cabeza.

—Pues —pase la lengua por medio de mis labios resecos y respire hondo tratando de no mostrarme abochornada—, sólo si quieres.

—Estarás de acuerdo conmigo que sería algo muy raro —resopló el chico tirándose el cuello de su polera como si esta lo asfixiara.

—Si —susurré con la vista baja, sintiendo que me estaba poniendo roja hasta la raíz de las orejas—, tienes razón.

—Pero nunca se sabe —escuché decir mientras él volvió acercar su rostro y uno de sus dedos tocó el borde de mi mentón sosteniendo mi mirada por muchos segundos, que a mí me parecieron como una pausa en el universo. Luego de un instante, señaló—. Puede que algún día.

Esbozando una sonrisa boba, me dije que por ahora estaba bien, más que bien. Por mientras, podía conformarme con seguir prendida a esa mirada azul que me hacía sentir como una chica especial.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

Página anterior / Página siguiente

Página anterior / Página siguiente

Índice de capítulos

Príncipe de mis sueños

 

 

Otros contenidos de la web

Copyright © 2002 - 2020 rnovelaromantica.com y elrinconromantico.com

| Aviso legal | Política de privacidad | Política de Cookies |