• Autor/a: Yara Medina
  • Actualización: Abril 2020

La diosa Teline

Parte 5

 

Horas más tarde, recordaron que debían volver al campamento. Deshicieron el camino riendo por lo bajo al no poder ver con claridad donde pisaban. Fue una excusa más para tomarse de la mano o abrazarse en la oscuridad. Joseph le dijo que se quedaría merodeando alrededor para que no sospecharan de su encuentro. Antes de despedirse la tomó del rostro.

— No dejéis que el mundo se quede sin su hallazgo. Haced que sea irrefutable su descubrimiento. —acercó sus labios a los suyos. A través del beso le insufló fuerzas— La ciencia no puede negar la evidencia.

Y con sus palabras, el recuerdo de sus caricias y el sabor de sus besos, Micaela se deslizó entre las bestias para acercarse a su camastro. No durmió, pues en su cabeza comenzaba a bullir ideas. Dejó en segundo plano a su corazón atolondrado, pues no estaba dispuesta a permitir que el señor Wolf se lo llevara como parte de su recolecta en Gran Canaria.

Tardó dos días en encontrar de nuevo la Telina. Era un arbusto de hojas verdes moteado de flores amarillas. La que Micaela había encontrado tenía varias características visibles que estaba dispuesta a demostrar. El día había sido caluroso en la vertiente sur de la isla cuando se acercó resuelta al grupo de científicos. Joseph no andaba lejos y al verla con ramilletes en la mano le guiñó un ojo para insuflarle fuerzas.

— Señor Fox, en esta ocasión no voy a disculparme por la intromisión.

Su voz se alzó clara sobre el resto, el botánico se giró en redondo e inspiró aire para amonestarla. Su padre la llamó con los dientes apretados pero ella se mantuvo impasible en su saludo.

— Creo que cualquier científico de corazón no cerraría los ojos a nada. —continuó diciendo con la barbilla en alto— Menos a alguien como yo, que crecí rodeada de ellos y pude ver trabajar a los mejores. Lord Molesworth, espero que el espíritu explorador que acompaña a cualquier botánico se encuentre detrás del dinero invertido en el viaje y desee volver con algo nuevo que aportar a la ciencia.

— Señorita Sarmiento, cargando mulas y haciendo fuego no se tiene conocimientos en absoluto de botánica. —bramó el señor Fox.

El resto se mantenía expectante pues todos habían recaído en el ramillete de flores amarillas que portaba en las manos. Su padre rodeó algunos pedruscos para acercarse a ella y sacarla a rastras de allí. Antes de que llegara a ella, Micaela levantó sus muestras.

— Veamos, señor Fox, cuando sabe una porteadora como yo —respondió desafiante— Aquí tiene la Telina Canariensis, recolectada por Webb y Berthelot, ante mis ojos. Y ahora observe la que yo le indiqué. Los foliolos son más intrincados que la otra. —Micaela se acercó para que pudiera comprobar lo que le decía, su voz se volvió más suave al haber captado la atención de los ingleses—¿Ve sus hojas? Son más sedosas, toque.

Antes de que su padre la tomara del codo, lord Molesworth levantó una mano para detenerlo. Se acercó a ella para inspeccionar las distintas ramas y corroborar lo que la joven decía. El señor Fox no salía de su estupor, sin decir palabra tocó y volteó las ramas tal y como la joven le indicaba.

— Asombroso —respondió tras varios minutos lord Molesworth.

— Señorita Sarmiento —el señor Fox cuadró los hombros—le debo una disculpa. Al fin y al cabo, siendo quien es, ha hecho una buena recolecta.

Y continuó con sus labores en silencio, asimilando la situación y sintiéndose molesto con la insidiosa joven.

— Le agradecemos que podamos volver con otro descubrimiento más, señorita. —le dijo lord Molesworth que continuaba sosteniendo las dos especies de Telina.

— Bueno, mi lord, no he querido decíroslo pero la scrophularia que encontraron en la zona de la laurisilva ya ha sido catalogada.

— ¿Está usted segura? El señor Fox asegura que…

— Sé que Berthelot vive en Santa Cruz de Tenerife. Si su viaje continúa hacia las islas del oeste, estoy segura que podréis hacerle una visita y corroborar lo que os digo.

Cuando se volvió para seguir con sus tareas para preparar el campamento de esa noche, sintió cómo su boca tensó una perenne sonrisa y sintió cómo su pecho le dolía al contener la euforia. No le importaba aparecer en los libros, disfrutaba de solo pensar que había sido capaz de encontrar una especie nueva.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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