• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 9

 

Lauren sentía tanta emoción que era como si su cuerpo estuviese sufriendo pequeñas descargas eléctricas. En pocos minutos tenía una cita con el señor Holton, el futuro director de su orquesta. La señora Thurber le había asegurado que era un excelentísimo director con un gran currículum a sus espaldas. Ella no podía ni imaginar cómo había conseguido a alguien así pero sabía que la señora Thurber era muy respetada y conocida en el mundo musical, así que seguramente el peso de su nombre había tenido mucho que ver. Por otra parte la señora Thurber le había dejado claro que a partir de ese momento todas las decisiones concernientes a la orquesta estaban en sus manos.

— Querida, ya tienes todo lo necesario, ahora viene la parte más difícil: hacerlo funcionar. — La sonrisa de la señora Thurber era alentadora, a pesar de que a Lauren no se le escapaba que la mujer era consciente de su temor. — Es tu idea, es tu orquesta, es tu trabajo...estoy segura de que lo vas a hacer bien.

Y esa noche Lauren apenas había podido dormir, invadida por la ilusión y el miedo a partes iguales. La señora Thurber había concertado la cita en el enorme salón de actos donde ensayarían, Lauren estaba de pie, junto a la primera fila de butacas. En ese momento la puerta se abrió; el señor Holton.

La luz que entraba por su espalda le impedía ver sus facciones, pero le pareció que era muy alto. Al cerrarse la puerta Lauren abrió los ojos con asombro. No podía tratarse del señor Holton, era demasiado joven...

— La señorita Wilson, supongo...

Su voz era grave, una profunda voz de barítono que pareció reverberar en el vacío salón.

— Así es, y usted es el señor Holton ¿no es así? — ¿por qué su voz sonaba tan temblorosa?

Él se limitó a asentir mientras ella observaba fascinada cómo se acercaba. Tal y como le había parecido al verlo entrar, era muy alto y a pesar de estar delgado sus hombros parecían muy anchos. Su pelo era negro y sus ojos en contraste eran azul claro. Con su mentón cuadrado y la boca ancha resultaba increíblemente atractivo. Lauren sabía que su cara debía reflejar la sorpresa que sentía pero realmente había esperado otra cosa...creía que el señor Holton sería mucho mayor. Al llegar junto a ella él hizo una cortés inclinación y murmuró:

— Es un placer señorita Wilson.

— Lo mismo digo.

Mirando en derredor él alzó una ceja y señaló una de las butacas. Ella tomó asiento y él hizo lo propio en la butaca que estaba a su lado, sin poder evitarlo, Lauren se puso tensa.

— Bueno señorita Wilson, hábleme de la plantilla.

Ella carraspeó, sentía la garganta seca y deseó tener una taza de té en las manos, algo que la distrajese del impulso absurdo de retorcerlas como una escolar pillada en falta.

— Hemos tenido algunas dificultades para completar las cuerdas de viento metal y percusión; nos hubiera encantado tener cuatro cornistas pero sólo hemos encontrado a dos, también tenemos dos trombonistas y cuatro trompetistas. El viento madera y la cuerda están completos, aunque sólo tenemos una fagotista.

Logan apretó la mandíbula y asintió; tal y como se temía esa iba a ser una orquesta casi cómica. Todo podría funcionar si todas las componentes fuesen magníficas intérpretes pero eso sería pedir demasiado.

— El nivel musical de las intérpretes...

— En general es excelente señor Holton.

— Excelente, ¿según qué criterio?

Lauren tomó aire con fuerza por la nariz, sorprendida y molesta por el arrogante comentario.

— Yo me he encargado personalmente de las audiciones señor Holton.

— Ya...

Los nervios de Lauren comenzaron a abandonarla, la afrenta ocupaba rápidamente su lugar y tuvo que apretar los puños para controlarse.

— Todas dominan el instrumento, son voluntariosas y disciplinadas...créame no tendrá ninguna queja de su trabajo.

— Y entiendo que todas leen música con soltura también...

La joven se mordió el labio y sus mejillas se colorearon ligeramente.

Logan puso los ojos en blanco y lanzó un resoplido.

— Señor Logan, hay dos o tres componentes que no son muy duchas con la lectura musical, pero conocen a la perfección el instrumento, lo tocan con maestría y aprenderán sus papeles sin problema.

— Señorita Wilson, parece olvidar que mi papel en todo esto es el de dirigir, no el de enseñar a los músicos a interpretar sus partituras.

— ¡No se preocupe por eso! —más enfadada de lo que recordaba haber estado jamás Lauren se levantó de su asiento, casi inconsciente de lo que hacía. Sus mejillas habían enrojecido por completo y apretaba los puños a ambos lados de su cuerpo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. — Dígame cuándo quiere empezar los ensayos y qué obras mirará y le aseguro que todas las chicas se sabrán sus partituras a la perfección.

Logan la observó en silencio, por primera vez pareció mirarla de verdad. Se dio cuenta de su indignación, pero también él se sentía indignado. Quizá la señora Thurber, por alguna razón que se le escapaba, había decidido amadrinar el proyecto de la señorita Wilson, consintiéndola hasta el punto de dejarla al frente del mismo; bien, en él no iba a encontrar tanta complacencia, no pensaba tirar por la borda el prestigio que tan duramente había logrado alcanzar, luchando contra su propia familia para conseguir llegar hasta donde había llegado, por el capricho de una niña rica.

— Dentro de una semana justa, señorita Wilson. La sinfonía no 41 de Mozart.

Lauren apretó los labios y asintió con un gesto seco de la cabeza.

— Si me disculpa...— y sin esperar contestación por su parte se encaminó hacia la puerta, con la cabeza alta y temblando como un junco mecido por el viento de otoño.

Logan la siguió con la mirada...se sentía crispado, con ganas de romper algo. La señorita Wilson era una jovenzuela recién salida del cascarón, una niña mimada cuyo último capricho había sido el de tener su propia orquesta.

¿Cómo había llegado a pensar que nadie se tomaría en serio una orquesta de mujeres? Y esperaba, por el bien de todos que el resto de mujeres no fuese siquiera la mitad de guapa de lo que era la señorita Wilson, entonces daría igual que tocase “Old McDonald”, ningún hombre iba a estar pendiente de la música.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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