• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 8

 

Lauren comía en silencio junto a su madre, con la mente ocupada en mil cosas. Había intentado hacer las comidas en la cocina aduciendo que era absurdo que cada día hiciesen a la doncella servir una mesa tan grande para solo dos personas pero su madre se había negado, escandalizada..

— Bien está que quieras vivir como una pobretona, pero no me obligarás a mí a hacer lo mismo.

— Madre, no somos pobretonas, pero tampoco tenemos ya la situación desahogada de hace unos meses...

— Lauren, tu terquedad nos ha llevado a esta situación, empeñarte en venderlo todo...

— ¡¡No teníamos más opciones!! Tú estabas delante cuando vino el señor Hardley — Lauren se refería al director del First Bank — ¿cómo esperabas que hiciésemos frente a esa deuda?

Lauren no lograba entender cómo su madre podía permanecer tan ajena a la verdadera realidad que las rodeaba, sabía que la culpaba a ella de las medidas extremas que habían tenido que tomar pero se negaba a dejarse afectar por su silenciosa reprobación. Allá ella si quería permanecer envuelta en su velo de irrealidad.

— Hija mía, ¿de verdad crees que los acreedores hubiesen despojado a una pobre viuda y a su hijita de todo lo que poseen?

Lauren soltó el tenedor que sujetaba y miró a su madre con la boca abierta. Se preguntó si ella alguna vez había estado tan ciega y con sorpresa agradeció el infortunio que se había cernido sobre su familia, ya que eso había servido para convertirla en una persona real.

— Créeme, no habrían tenido ningún problema en llevárselo todo y dejarte con lo puesto únicamente si no les sirviera. —Con un gesto furioso dejó el tenedor sobre el plato. — Mary Johnson, una de las flautistas, se quedó viuda, su marido se mató construyendo las nuevas vías del tranvía, una pieza grande lo golpeó en la cabeza. Su hijo apenas tenía dos meses. ¿Crees que su casero tuvo piedad de una pobre viuda y su hijito? — Lauren recalcó burlonamente las últimas palabras. — No madre, una semana después estaba en la calle y si no fuese por la señora Thurber...

— ¡¡Otra vez esa dichosa mujer!!

— Madre, la señora Thurber es una mujer notable, ha conseguido lo que ninguna mujer había conseguido antes...

— ¡¡Es una sufragista!! — La señora Wilson lo dijo como si la palabra le quemase en la boca.

En ese momento llamaron en la puerta y Lauren aprovechó para tomar un sorbo de agua; sentía la indignación subirle por la garganta como un grito mudo. La doncella se dirigió a la puerta y al rato volvió con una nota.

— Es para usted señorita Wilson.

Al abrir la nota reconoció la letra elegante y picuda de la señora Thurber. Sólo le había escrito tres palabras pero bastaron para dispar su enfado y hacer que esbozara una amplia sonrisa que hizo que un hoyuelo asomara en su mejilla izquierda.

“Ya tenemos director”.

..................................

Logan caminaba con zancadas furiosas hacia el modesto hotel en el que se alojaba. Jamás en su vida había oído una idea más disparatada...¡una orquesta de mujeres! Desde luego la señora Thurber había llegado demasiado lejos. En un primer momento Logan había estado seguro de que se trataba de una broma, pero no había tenido tanta suerte. El proyecto era absurdo, ¿mujeres intérpretes? Según la señora Thurber tenían una orquesta modesta en sus proporciones pero equilibrada y con ejecutantes de gran talento.

Tras superar la sorpresa inicial Logan había preguntado si tenían experiencia en tocar en conjunto, y sólo alguna de ella había tocado en pequeños grupos populares...estaba seguro de que muchas de ellas ni siquiera sabían leer música. Y por supuesto...¿qué clase de público tendría una orquesta de esas características? No dudaba que en el concierto inaugural atraería a un montón de curiosos, “lo mismo que un espectáculo de monos amaestrados”, pensó con fastidio.

A la señora Thurber no se le escapó la cara de estupefacción y rechazo del señor Holton; la orquesta femenina era el proyecto de la señorita Wilson, ella se había ofrecido solo a ayudarla en la búsqueda de mujeres intérpretes y en proporcionarles uno de los salones del conservatorio para los ensayos, así como acceso a las partituras de que dispusieran. Pero estaba dispuesta a hacer mucho más. El entusiasmo y compromiso de la señorita Wilson la habían impresionado. La idea le parecía maravillosa, de hecho le extrañaba que no se le hubiese ocurrido a ella. Jeanette creía profundamente en el proyecto e iba a poner todo lo que estuviese en su mano para que funcionase; por eso había hablado con diversos patrocinadores, moviendo sus hilos e incluso presionando a las autoridades para que financiaran parte del proyecto, al menos hasta que pudiera arrancar.

No conocía las dificultades que había atravesado el señor Holton pero leía la desesperación en sus ojos y aunque podía intuir lo poco que le gustaba la idea, sabía que su necesidad era mayor que su rechazo. Aunque el sueldo sería modesto durante los primeros meses, ella sabía que el señor Holton lo aceptaría y no se había equivocado.

Al día siguiente se produciría el primer encuentro con la señorita Wilson, ella era el alma mater de la orquesta, según le había revelado la señora Thurber, y era con ella con quien debía tratar a partir de ese momento cualquier asunto relacionado con la orquesta.

— Ya verá que a pesar de su juventud es una mujer de gran energía y una violinista excepcional. — Logan se había limitado a asentir, sin compartir el entusiasmo de la señora Thurber. — Estoy segura que se entenderán bien.

Logan no estaba tan seguro, ¿qué podría saber una mujer de dirigir y sacar adelante un proyecto tan complejo como una orquesta? Se dijo a sí mismo que solo formaría parte de algo tan absurdo hasta que encontrase un trabajo mejor. Cuando llegó al hotel subió directamente a su habitación sin pasar por el comedor, a pesar de que desde la enorme sala le llegaba un olor reconfortante a comida. Le dolía la cabeza y había perdido el apetito; pensó que le costaría mucho conciliar el sueño pero nada más acostarse se quedó dormido y no despertó hasta que los primeros rayos del sol entraron por su ventana.

Con sorpresa se dio cuenta de que esa había sido su primera noche sin sueños y sin haber tenido que recurrir al alcohol.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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