• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Junio 2020

Un legado inesperado

Capítulo 32

 

Lauren permanecía despierta, angustiada. Creía haberse preparado para ese momento pero acababa de descubrir que no tenía el más mínimo consuelo para aliviar el dolor que experimentaba. ¿Era así como debía acabar todo entre ellos? Una idea había comenzado a dar vueltas en su cabeza, una idea audaz, impropia de una dama, una idea que se imponía a sus débiles escrúpulos con la fuerza de un tornado. Conforme más trataba de desterrarla de su mente más fuerte se hacía.

“Será esta única vez, luego él desaparecerá de mi vida y yo atesoraré este recuerdo en las largas y solitarias noches que sin duda vendrán. Nadie lo sabrá”. Sentía un cosquilleo no del todo desagradable de temor y anticipación, pero a pesar de sus reticencias supo que la decisión estaba tomada. No se engañaba, sabía que nada de lo que ella pudiera hacer o decir conseguiría que Logan cambiase de opinión, pero decidió ser egoísta. Quería sentirse amada por él, aunque solo fuese una única vez; no era pedir demasiado, ni siquiera le pareció que fuese algo censurable: no creía poder volver a amar a nadie como amaba a Logan, al menos podría experimentar una única vez la dicha de unirse al hombre que lo era todo para ella.

Una vez se hubo decidido el temor a verse rechazada la asaltó, pero no permitió que eso la acobardara. A pesar de su inexperiencia sabía que Logan la deseaba con la misma intensidad que ella lo deseaba a él. Antes de que su voluntad flaqueara salió de su habitación.

Sabía cuál era la habitación de Logan, el número se le había quedado grabado cuando asignaron las habitaciones a su llegada y, afortunadamente, estaba en el mismo pasillo. La moqueta silenciaba los pasos de sus pies descalzos y gracias a la tenue iluminación de algunas lámparas podía ver por dónde caminaba. Cuando llegó ante su puerta se detuvo, repentinamente indecisa. ¿Qué le diría? Sintiendo como su voluntad flaqueaba y antes de permitirse arrepentirse, estiró la mano y giró la manecilla.

Logan se volvió al sentir un ruido a su espalda. Permanecía de pie, mirando sin ver por la ventana, absorto en sus pensamientos.

— Lauren…— la sorpresa hizo que susurrase su nombre.

Ella cerró la puerta a su espalda sin decir nada. Logan la miraba con avidez, el camisón blanco que llegaba hasta sus tobillos, el cabello que caía suave y libre por sus hombros, los pequeños pies descalzos. Tragó saliva y apretó los puños.

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Acaso no es evidente? —su voz tembló ligeramente. Aunque su decisión se había visto reforzada al volver a estar junto a él, sentía como si un enjambre de avispas revolotearan furiosas en su vientre.

— Lauren esto solo lo hará todo más difícil.

— ¿Acaso es fácil ahora?

Él no respondió nada. El anhelo que siempre experimentaba cuando la tenía cerca casi lo ahogaba; deseaba desesperadamente tenerla entre sus brazos pero sería un canalla si tomaba lo que ella le ofrecía y luego le daba la espalda.

Lauren se acercó hasta que sus pies casi tocaron los suyos y levantó la vista, mirándolo directamente a los ojos, “¡Dios, qué valiente es!” pensó Logan con admiración.

— Lauren, esto no cambiará nada…

— Lo sé, y no he venido a intentar hacerte cambiar de idea, solo quiero saber qué se siente, cómo es cuando amas a alguien…

Logan se dijo que ella pedía demasiado poco, además, que Dios lo perdonase, la deseaba demasiado como para fingir lo contrario. Estirando la mano tomó un mechón de su pelo, admirado por su suavidad. Pasando la mano por su nuca la acercó hasta que sus pechos chocaron y se apoderó de su boca, primero con dulzura, pero a medida que se hundía en su boca el sabor de Lauren lo fue embriagando hasta que creyó el deseo lo arrollaría.

Comenzó a acariciar todo su cuerpo, enardecido al oír los gemidos de la joven. Sin dejar de besarla y acariciarla la fue empujando suavemente con su cuerpo hasta que la tuvo tumbada en la cama. Ella respiraba con agitación, los labios estaban ligeramente hinchados y húmedos por sus besos y sus ojos nublados por la pasión. Lentamente, Logan se despojó de la camisa y del pantalón, hasta que quedó completamente desnudo. Luego, sin dejar de acariciar cada parte del cuerpo de la joven que dejaba al descubierto, comenzó a quitarle el camisón.

Lauren era más suave de lo que había imaginado; a pesar de estar delgada, su cintura estrecha, sus caderas que se ensanchaban de una manera muy femenina y sus enhiestos pechos coronados por rosados pezones, hicieron que a Logan se le secara la boca.

— Eres como la más sublime sinfonía para los sentidos, Lauren.

Ella sonrió, ligeramente sorprendida por no sentirse tímida, al contrario, la evidente adoración que leía en los ojos de Logan la llenaron de audacia, y deseosa de acariciarlo como él había hecho con ella, comenzó a explorar sus hombros, su pecho, el vientre firme y cubierto de un suave vello negro; él aguantó la respiración audiblemente cuando la mano de ella descendió un poco más, hasta esa parte de su anatomía que se erguía orgullosa. Él atrapó su mano en cuanto notó la leve caricia de ella, y entonces se dedicó con ahínco a retribuir el mismo dulce tormento que ella le había infringido.

Lauren era tan apasionada y dulce que Logan pensó que jamás se recuperaría del impacto de estar con ella. Cuando sus labios se apoderaron con glotonería de su pezones ella se arqueó hacia él, suplicando por sus caricias. A la vez que su boca torturaba los pechos femeninos sus dedos la acariciaban entre las piernas, excitado hasta el paroxismo al notar la abundante humedad femenina.

Sin ser capaz de resistir ni un segundo más se colocó sobre ella y, moviendo ligeramente sus rodillas para facilitar el acceso y, tratando de ir con lentitud, comenzó a penetrarla. Conforme su miembro se adentraba en el cuerpo de Lauren, notó como ella se tensaba. Temeroso de hacerle más daño del preciso se detuvo, y comenzó a besarla, tratando de distraerla. En cuanto notó que ella se relajaba continuó con su ardiente invasión hasta que entró por completo en ella y la escuchó lanzar un agudo grito. Deteniéndose por completo se sintió un miserable. La deseaba con tanta intensidad que no había podido contenerse.

— Lo siento Lauren, cariño…saldré si es lo que quieres.

— No, no — al decirlo lo abrazó con fuerza y él sintió deseos de llorar de adoración por ella.

Con lentitud comenzó a moverse, primero con suavidad, luego, cuando la pasión lo cegó, con movimientos decididos y constantes, hasta que la fuerza del orgasmo más potente que había sentido en su vida lo inundó arrastrándolo como una ola arrastra un grano de arena. Cuando por fin pudo volver a ser consciente de lo que lo rodeaba, sintió las suaves caricias de Lauren en su espalda. Se separó un poco y la miró con preocupación, temiendo ver una expresión dolorida en su rostro. En lugar de eso se topó con sus hermosos ojos color ámbar, que brillaban y una suave sonrisa.

El golpe que sintió en el pecho le hizo comprender que la amaba. La amaba más de lo que recordaba haber amado antes. La voluntad de alejarse de ella flaqueó y eso hizo que se sintiera terriblemente asustado; teniéndola así, en sus brazos, le parecía que todo saldría bien, que los insalvables muros que había alzado a su alrededor comenzaban a derrumbarse. Entonces ella se movió y él se apartó a un lado.

— Déjame que te ayude — él se había dado cuenta de la mirada azorada que ella había dirigido hacia sus propios muslos y cogiendo una toalla la humedeció y la ayudó a limpiarse.

Cuando terminó de asearse ella cogió su camisón y se lo puso. Sin mirarlo. Logan vio como Lauren se dirigía a la puerta y se puso en pie, sin saber si dejarla ir o no, ajeno a su desnudez, consciente solo del bombear frenético del corazón dentro del pecho. Quiso detenerla pero las palabras no salieron de sus labios, se sentía confuso, asustado y sobrepasado por los poderosos sentimientos que experimentaba. Lauren cogió el pomo de la puerta y entonces se volvió y susurró:

— Gracias.

Logan la vio marcharse y de repente sintió que todo estaba mal, que no era así como debían ser las cosas, pero la costumbre del miedo había arraigado con fuerza en él y cerrando los ojos con fuerza trató de convencerse de que era lo mejor para ambos.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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