• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Junio 2020

Un legado inesperado

Capítulo 28

 

Lauren agradeció que su madre estuviera acostada cuando llegó a la casa. La confesión de Logan la había estremecido hasta lo más hondo y en la soledad de su dormitorio dejó escapar libremente las lágrimas que había estado conteniendo. ¡Cuánto le hubiese gustado poder abrazarlo y sentir que le suponía algún consuelo! Pero de una forma tan evidente como si él hubiese levantado un muro entre ellos, supo que no quería compartir su dolor con ella. Lo amaba profundamente, y desde que tomó conciencia de que ese sentimiento que la hacía fluctuar entre la euforia y la desesperación, era amor no había tratado de negárselo a sí misma. Había temido el momento de su partida, pensando que lo perdería para siempre, pero después de lo que Logan le había contado se daba cuenta de que nunca había tenido la más mínima oportunidad de tener un futuro junto a él. Logan se había cerrado a cal y canto a volver a sentir. Puede que la deseara, era un hombre con apetitos normales, después de todo, pero nunca se permitiría amarla.
……………………….

Los ensayos se habían convertido en una especie de refinada tortura, en los que Logan se mostraba cortés pero distante, tanto que a Lauren le costaba creer que ese hombre frío y correcto fuese el mismo que tan apasionadamente la había besado y acariciado. Por más que lo había intentado no podía borrar el recuerdo de lo ocurrido en el despacho del señor Travis, su cuerpo ardía cada vez que lo rememoraba. Era una mujer joven, despertando a los sentidos y profundamente enamorada, la certeza de que jamás podría tener a Logan la llenaba de desesperación.

La presencia del señor Carlson, Hans, como él le había pedido que lo llamara, la ayudó a sobrellevar los días que siguieron A menudo Hans le hacía preguntas sobre las integrantes de la orquesta y pedía su opinión sobre la ejecución de algunas obras, algo que ella agradecía porque sabía que era una deferencia hacia ella ya que todo lo referente a la interpretación lo trataba con Logan, con el que departía muy a menudo durante los descansos y al finalizar los ensayos. Lauren había observado que Logan trataba al señor Carlson con amabilidad pero con cierto desapego, se diría que ya se había marchado, por la indiferencia con la que actuaba. No es que no se tomase su trabajo en serio, pero la pasión y el empuje que parecían haberlo animado antaño habían desaparecido.

Lauren sabía lo que Logan estaba haciendo; estaba alejándose de la orquesta y de ella; sin duda alguna no quería que albergase ni la más mínima esperanza respecto a sus sentimientos.

Ese día, como era habitual tras el ensayo, Sarah se quedó a ayudarla mientras recogían el salón de ensayos y guardaban las partituras.

— Es buen mozo el nuevo director…

— ¿El señor Carlson? Sí, supongo que sí.

Sarah hizo una mueca de exasperación.

— Si tuviese ojos para alguien más que para el señor Holton, sabría que es cierto.

— ¡¡Sarah!! Eso no es verdad.

— Oh, vamos, señorita Wilson. Sé reconocer cuando una mujer está enganchada a un hombre.

— Enganchada…suena tan vulgar.

— Sí, bueno, da igual cómo lo quiera llamar, pero el señor Holton la tiene loquita.

Lauren sintió cómo enrojecía, su piel parecía arder por la vergüenza.

— ¿Tan evidente es? — la pregunta salió de sus labios sin darse cuenta.

La voz de Sarah se dulcificó al comprender el bochorno de su amiga.

— Bueno, si alguien se ha molestado en sumar dos más dos…Cuando están en la misma sala no puede quitarle los ojos de encima. Ni él a usted.

— ¿Por qué te empeñas en decir eso? Él parece no reparar en mi presencia, apenas me mira cuando se dirige a mí.

— La vigila como un halcón cuando usted no se da cuenta señorita Wilsom. Le aseguro que su hombre no pierde detalle de ninguno de sus movimientos.

— Él no es mi hombre. — Agachó la cabeza y se mordió los labios al decirlo.

— Quizá está esperando alguna señal de su parte, señorita Wilson.

— Créeme Sarah, le he enviado todas las señales que una mujer puede dar sin deshonrarse.

Por unos instantes Sarah se quedó muda.

— ¿Y?

— Y el señor Holton me ha dejado claro que se marchará pronto y que no desea ataduras de ninguna clase.

— Válgame el cielo, que extraños son algunos hombres.

— Él…tiene sus razones.

— ¿Está casado? ¿Es un fugitivo de la ley?

— ¡¡Por supuesto que no!!

— Entonces sus razones no son más que excusas y bobadas.

Lauren no quería entrar en profundidades con Sarah, sentía que contar lo que Logan le había confiado en un momento de debilidad era una especie de traición. Así que decidió no continuar hablando del tema con la esperanza de que Sarah se olvidara del mismo. Pero unos minutos después se dio cuenta de que había sido mucho esperar.

— Con el señor Carlson rondándola, estoy segura de que el señor Holton reaccionará tarde o temprano.

Lauren, a su pesar, lanzó una pequeña carcajada, divertida por las palabras de Sarah.

— ¿De dónde sacas que el señor Carlson está interesado en mí?

— Oh, vamos, “señorita Wilson por aquí, señorita Wilson por allá…” — remedó con voz aguda — parece que no puede dar un paso sin usted.

— Sarah, me halagas mucho, en serio, pero con tantas mujeres como hay en la orquesta, ¿por qué habrían de fijarse en mí el señor Holton y el señor Carlson?

— Porque usted no solo es bella señorita Wilson, además tiene clase pero no es como esas damas estiradas y aburridas que parecen estar siempre con un pepinillo amargo metido en el…

— ¡¡Sarah!!

— Lo que yo le diga señorita Wilson, el señor Holton no va a aguantar mucho tiempo a otro gallo revoloteando en su corral.
………………………

A Logan no se le escapaba la creciente admiración que Carlson experimentaba por Lauren. No era nada extraño, por supuesto, Logan mejor que nadie podía comprender la fascinación que Lauren despertaba en los hombres. Suponía que lo natural era que ambos acabaran enamorándose. En cuanto se marchara y Lauren olvidara el encaprichamiento que creía sentir por él miraría al señor Carlson con otros ojos.

Sí, era lo más natural, y él se alegraría por ellos.

Sí, no debía ser egoísta. Él no quería volver a casarse, no sería un buen marido.

Sí, en poco tiempo se iría y lo que el señor Carlson y Lauren hiciesen ya no tendría importancia.

Sí, ese pensamiento le provocaba ganas de aullar de rabia e impotencia.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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