• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Mayo 2020

Un legado inesperado

Capítulo 26

 

Logan intentó deshacerse de la molesta sensación que se había apoderado de él mientras veía alejarse a Lauren. Aunque se repetía a sí mismo que no podía hacer otra cosa más que alejarla de su lado, un incómodo sentimiento lo embargaba. Se sentía mezquino y estúpido, tenía la sensación de que la frágil calma que con tanto esfuerzo había logrado alcanzar desde aquel día en que decidió luchar por vivir hasta ahora, se estaba esfumando sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Había supuesto que alejar a Lauren de su lado le haría recuperar algo de esa frágil paz que con tanto esfuerzo había conseguido, pero mientras la veía mezclarse con la gente sin volver la vista atrás no pudo encontrar ni un ápice de tranquilidad en su interior, más bien bullía de remordimiento y anhelo. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una sedosa voz murmuró a su lado:

— ¡Qué suerte la mía! El hombre más buscado del momento aquí solo, a mi merced.

Logan reconoció a la señora Wharfield, una atractiva viuda a la que conoció en la recepción que la señora Thurber ofreció tras el concierto inaugural. Haciendo un esfuerzo por alejar sus negros pensamientos, hizo una ligera inclinación de cabeza hacia la dama.

— Señora Wharfield exagera usted.

— Oh, vamos, no sea modesto.

Por toda respuesta él esbozó una sonrisa a la vez que paseaba su mirada por el enorme salón, buscando a Lauren de nuevo. No tardó en localizarla, flanqueada por dos caballeros que parecían babear mientras la contemplaban. Su sonrisa se esfumó y apretó la mandíbula, olvidando por completo la presencia de la mujer junto a él. Ella, en cambio, siguió la dirección de su mirada y alzó las cejas al darse cuenta de a quién observaba con tanta atención.

— La señorita Wilson…claro, es encantadora. Debería tener cuidado con el señor Williams, es un promiscuo mujeriego.

Logan se envaró, fastidiado por haber resultado tan transparente. Apartando la mirada del lugar donde se encontraba Lauren exclamó:

— ¿Le apetece un ponche? ¿Una copa de cava quizá?

— Cava, por favor. Lo acompañaré. —Y al decirlo enlazó su mano en el codo del hombre mientras se aseguraba de que su generoso busto se apretara contra su brazo.

Por su parte Lauren respondía a las preguntas que el señor Williams y el señor Nichols le formulaban. Parecían sinceramente interesados por la organización de la orquesta y puesto que el señor Nichols era uno de los patrocinadores ella respondía a sus cuestiones con agrado, además el hecho de implicarse en la conversación con los dos hombres le hacía olvidar el dolor que había sentido tras las palabras de Logan. Unos minutos después, el señor Nichols se excusó aduciendo que había visto a un conocido con el que tenía ciertos asuntos que tratar y ella se quedó a solas con el señor Williams.

— Es admirable que una dama tan joven y hermosa como usted esté dedicada en cuerpo y alma a la música — le decía el hombre en ese momento. A Lauren la mirada fija de sus ojos ligeramente saltones le recordó a la de un reptil.

— No creo que el físico tenga nada que ver con el grado de implicación en cualquier tarea, señor Williams — repuso ella con voz agradable. Había aprendido a no molestarse con ese tipo de comentarios, entendía que eran la ignorancia y los prejuicios los que los provocaban y no un verdadero deseo de importunarla.

— Por supuesto que no, pero una joven con su educación y belleza no necesitaría trabajar.

— Oh señor Williams, la posibilidad de encontrar un marido rico que me mantenga me resulta bastante más desagradable que la posibilidad de trabajar en algo que me apasiona.

El señor Williams esbozó una sonrisa que le provocó un extraño cosquilleo de inquietud.

— Desde luego su entusiasmo es contagioso señorita Wilson, tanto que estoy planteándome la posibilidad de ser uno de los patrocinadores de la orquesta.

— Eso es fantástico señor Williams, y sería todo un honor; además estoy segura de que esa decisión le reportará beneficios — Lauren comenzaba a entender la utilidad de asistir a ese tipo de recepciones, tal y como la señora Thurber había tratado de hacerle ver. — Ya escuchó usted antes al señor Nichols asegurando que su negocio ha experimentado un impulso desde que forma parte de los promotores de la orquesta.

— Hay ciertos detalles al respecto que me gustaría hablar con tranquilidad, señorita Wilson. Tal vez podría acompañarme a otra sala más silenciosa.

— Creo que la señora Thurber podría ayudarlo mucho mejor que yo, ella se ocupa…

— La señora Thurber está ocupada y además estoy seguro que las cuestiones que me surgen podrá resolverlas usted de manera satisfactoria.

Lauren no encontró más motivos para negarse, así que, asintiendo secamente con la cabeza permitió que el hombre la tomara del brazo y la condujera a través de un pasillo hasta una sala de dimensiones modestas y decoración típicamente masculina. Debía ser el despacho del señor Travis, el anfitrión. Las voces llegaban amortiguadas y eso, junto a la penumbra reinante, hizo que se sintiera repentinamente incómoda.

— Señorita Wilson, creo que usted y yo podríamos llegar a un acuerdo muy ventajoso para ambos — a la vez que lo decía pasó su dedo por toda la longitud de su brazo provocando en ella un estremecimiento de repulsión.

Apartándose del hombre exclamó:

— Creo que no sé a qué se refiere señor Williams.

— ¡Oh, por supuesto que lo sabe, cosita linda!

Lauren comprendió que había cometido un gran error acompañando al hombre hasta allí, así que hizo el intento de marcharse pero el señor Williams se interpuso entre ella y la puerta y la cogió de los brazos.

— ¡¡Suélteme!!

— ¡¡Deje de montar escándalo!! Antes de hacerse la remilgada escúcheme.

Sin hacer caso Lauren comenzó a forcejear pero el hombre apretó con fuerza sus brazos hasta que ella dejó escapar un gemido de dolor; en ese momento sintió auténtico miedo. Con los ojos muy abiertos y luchando por contener el llanto hizo lo que el hombre le decía, con la esperanza de que de esa forma dejara de sujetarla con tanta fuerza.

— Usted ha dicho que no espera tener un marido que la mantenga, prefiere disfrutar de su libertad, pero yo no le voy a ofrecer matrimonio exactamente. Si quiere que promocione su ridícula orquesta tendrá que ofrecerme un incentivo a cambio…

— ¡Es usted repulsivo!

La bofetada le pilló tan de sorpresa que por unos segundos Lauren no pudo reaccionar. En ese momento el hombre la tomó con fuerza de la nuca mientras trataba de meter la lengua en su boca. Lauren pensó que vomitaría del asco y el miedo que sentía. Comenzó a golpearlo con los puños, pero él le tiraba del pelo de la nuca, haciendo que las lágrimas resbalaran por sus mejillas a causa del dolor. Un instante después sintió que el hombre la soltaba repentinamente a la vez que ella lanzaba un grito mezcla de dolor y pánico. Se dio cuenta, con sorpresa, que alguien más había entrado en la habitación, alguien que estaba golpeando al señor Williams, que yacía en el suelo tratando de protegerse la cara con los brazos.

— ¡¡Logan!! — el alivio hizo que rompiese a llorar con sollozos que parecían desgarrarle el pecho.

Al oírla Logan se volvió hacia ella y el señor Williams aprovechó ese momento para alejarse, arrastrándose por el suelo hasta que llegó a la puerta y se puso en pie a trompicones, huyendo con toda la rapidez que la terrible golpiza que acababa de recibir le permitía.

Logan se acercó a Lauren, su corazón latía con tanta fuerza que casi le dolía. Sentía tanta rabia que deseó estrellar el puño contra la pared, pero sabía que eso asustaría a la joven más de lo que ya lo estaba. En lugar de eso la abrazó y su corazón se estremeció de ternura al sentir cómo ella se acurrucaba entre sus brazos, sollozando y temblando como un gatito recién nacido. Su dulce y valiente Lauren…quería preguntarle si estaba bien, si el maldito hijo de puta que acaba de huir como una rata le había hecho daño, pero sabía que si intentaba hablar en ese momento la voz le fallaría. Así que se limitó a acariciarla con dulzura, el pelo, tan suave como siempre pensó que sería, y la espalda, arriba y abajo, con movimientos lánguidos. El tiempo pasaba sin que ellos se dieran cuenta, hasta que poco a poco Lauren comenzó a tranquilizarse. Los poderosos brazos de Logan la rodeaban con tanta dulzura que casi olvidó lo que había pasado unos minutos antes. Al encontrarse entre sus brazos se dio cuenta de con cuánta fuerza había ansiado que él la abrazase como lo estaba haciendo en ese momento.

— Lauren ¿estás bien?

Ella tragó saliva, seguía con la cabeza enterrada contra su hombro y se limitó a asentir.

— ¿Te ha hecho daño?

— No, estoy bien…

Él notó un timbre raro en su voz, con el ceño fruncido levantó su rostro y la miró. Las lágrimas habían pegado sus pestañas y su rastro hacía que sus ojos brillaran más de lo habitual, estaba pálida y entonces vio que su mejilla izquierda estaba enrojecida.

— ¡¡Voy a matar a ese hijo de puta!!

Lauren notó cómo el cuerpo de Logan se envaraba al darse cuenta de que el señor Williams la había golpeado. Tratando de tranquilizarlo acarició su mentón, que él contraía en ese momento por la furia, y dejó que sus dedos resbalaran hasta posarse en sus labios.

— Shhh, estoy bien Logan, por favor no lo pienses más — y sin ser consciente de lo que iba a hacer se puso de puntillas y dejó que sus labios tomaran el lugar que sus dedos habían conquistado unos momentos antes.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

Página anterior / Página siguiente

Página siguiente

Índice de capítulos

Da capo

 

 

Otros contenidos de la web

Copyright © 2002 - 2020 rnovelaromantica.com y elrinconromantico.com

| Aviso legal | Política de privacidad | Política de Cookies |