• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Mayo 2020

Un legado inesperado

Capítulo 21

 

Lauren sospechó que si no se marchaba cuanto antes acabaría poniéndose en evidencia; tratando de imprimir a su voz un tono casual se levantó a la vez que decía.

— Discúlpenme, prometí a mi madre que volvería pronto para ayudarla a...a hacer unos recados.

Salió sin añadir nada más ni percatarse de la extrañeza con la que se miraron las dos personas que dejaba atrás, pero en ese momento no le importaba si habían creído su excusa o no. Sentía una opresión en el pecho y una tristeza que la asombraron por completo, sobre todo cuando sintió el escozor de las lágrimas pugnando por escapar de sus ojos.

— ¡Señorita Wilson, espere!

Lauren sintió que el pánico la atenazaba al reconocer la voz del señor Holton. Sin volverse y con la esperanza de que él creyese que no la había oído continuó andando. Justo cuando traspasaba la puerta del conservatorio él la alcanzó, cogiéndola del brazo con suavidad la miró a la cara. Durante unos segundos observó el rostro serio, casi compungido y sus hermosos ojos color ámbar que parecían brillar. Con incredulidad se dio cuenta de que la joven parecía terriblemente contrariada. Él se imaginaba lo que debía estar pensando.

— Señorita Wilson permítame acompañarla a su casa.

— No es necesario señor Holton.

— Insisto.

Lauren apretó los labios y él supo que se disponía a negarse de nuevo, así que, sin querer darle la oportunidad de que lo hiciera, la tomó del brazo y comenzó a andar a su lado.

— Señorita Wilson, creo que usted ha malinterpretado el motivo por el cual estoy buscando empleo en otras orquestas.

— No es asunto mío señor Holton.

Él la observó mientras caminaban pero ella mantenía la vista al frente, como si él no fuese más que un molesto e insignificante apéndice.

— Señorita Wilson sé que la noticia la ha disgustado y también sé el motivo.

Lauren contuvo el aliento y sin poder evitarlo lo miró con la alarma dibujada en su rostro.

— Se equivoca, no podría importarme menos lo que usted haga o deje de hacer.

Logan supo que ella mentía, empezaba a comprender que el orgullo de la joven era casi tan grande como su tenacidad.

— Señorita Wilson, no me voy por las razones que usted cree.

— Señor Holton ya le he dicho que …

— Lauren sé que se siente molesta pero mis razones para irme no tienen nada que ver con la orquesta.

Ella se detuvo, consternada. Si no era la orquesta lo que le hacía querer marcharse, ¿qué era entonces? Él adivinó su confusión. No podía decirle la verdad pero tampoco quería que ella pensara que las consideraba poca cosa.

— Lauren mírame — ella alzó la vista, con renuencia, estremecida como siempre que él pronunciaba su nombre. — Lo que te dije respecto a la orquesta el día que…— al ver el encantador sonrojo que escaló por las mejillas de la joven supo que ella sabía qué se refería al día que la había besado—, lo que te dije ese día era cierto. Siento mucha admiración por lo que habéis sido capaces de lograr, su constancia, su fe en este proyecto lo ha hecho posible.

— No lo habríamos logrado sin usted, y ahora se marcha — la voz de Lauren sonó tan triste como se sentía en realidad.

— Nunca tuve intención de quedarme aquí — era una verdad a medias, pero ella no tenía por qué saber la verdad completa. — Pero no es porque no crea en vosotras, de hecho…—se calló, sabiendo que si decía lo que pensaba ella no creería sus razones para irse.

— ¿De hecho qué?

— Nada, no es importante.

— Por favor señor Holton…— su mirada expresaba la tenacidad que él sabía que poseía, y algo más, algo a lo que no pudo resistirse: un ruego silencioso.

— Sé que haréis historia y me siento orgulloso de haber comenzado este camino junto a la orquesta Wilson.

— Y aún así, se irá.

Él apretó los labios, pero asintió.

— Aún así me iré.

Sus palabras la conmovieron y se dio cuenta de que imaginar la orquesta dirigida por otra persona que no fuera él parecía algo…inconcebible, pero eso no era lo peor: la sola idea de que en poco más de un mes él desaparecería de su vida le resultó terriblemente dolorosa.

— Señor Holton, ¿consideraría usted su decisión? — lo miró a los ojos a la vez que lo decía.

— Lauren, la decisión está tomada.

Ella se mordió el labio y bajó la cabeza; él la tomo de la barbilla, levantó su rostro con suavidad y se sorprendió al ver los ojos de la joven cuajados de lágrimas.

— Lauren…

Un golpe sordo en el pecho lo dejó sin aliento por unos segundos. Sin poder ni querer evitarlo la estrechó contra su pecho, luchando con la débil resistencia femenina.

— ¡Shhh! ¡Todo está bien, no llores!

— ¡Nada está bien! — su voz sonaba entrecortada, estremecida. Una vocecilla le decía que se recompusiera, pero el pesar que le inundaba era demasiado grande como para disimularlo, además los brazos del señor Holton rodeándola y el maravilloso olor que asociaba con él constituyeron un asalto en toda regla a sus debilitadas defensas. — Usted no puede irse…

— Lauren, encontraréis otro director, no tengas la menor duda de ello — él acariciaba con suavidad su espalda mientras le hablaba— sobre todo después del éxito de la inauguración.

— Otro director no será usted.

Él esbozó una sonrisa, se sentía extrañamente conmovido, desgarrado por la dulzura y las lágrimas de Lauren; se preguntó si la mujer sollozante que abrazaba era la misma joven que se había enfrentado a él tantas veces sin titubear, pero sí, claro que era la misma, porque Lauren poseía esa maravillosa dualidad que le permitía mostrar la misma pasión para discutir que para responder a su beso.

— Me halagas Lauren, pero te aseguro que la persona que venga lo hará tan bien como yo, o mejor — él trataba de tranquilizarla.

— ¡Oh, señor Holton! Usted no lo entiende…

Él se separó ligeramente y la miró con el ceño fruncido.

— Explícamelo entonces.

Ella apretó los labios y negó con la cabeza.

— Debo irme.

— No Lauren, ¿qué es lo que no entiendo?

La joven dudó, sintiéndose atrapada pero sin fuerzas para inventar una mentira que la ayudara a salir del paso, no obstante ¿qué más daba? Él se iría de todas formas, leía la determinación en sus ojos y nada de lo que ella dijera lo haría cambiar de opinión. Se sentía más triste y decepcionada de lo que recordaba haberse sentido jamás.

— No imagino volver a ensayar y que usted no esté. La idea de que va a desaparecer de mi vida me resulta…intolerable.

Él se quedó inmóvil, impactado por sus palabras. Lauren, repentinamente consciente de lo que acababa de confesar, se tapó la boca con la mano y sin añadir nada más se alejó a paso rápido mientras el rítmico latir de su corazón retumbaba en sus oídos.

A sus espaldas Logan la miraba, dividido entre la euforia y el miedo. Su determinación flaqueaba, la increíble posibilidad de que Lauren sintiera algo por él casi lo había puesto de rodillas. Por unos instantes fantaseó con la posibilidad de quedarse, de explorar ese nuevo camino que parecía abrirse ante él. Pero entonces recordó lo que dolía la pérdida, lo vacío y sinsentido que se sentía un hombre cuando perdía lo que tenía. La dulce imagen de su esposa y su hijo lo devolvió a la realidad. Era un hombre vacío, acabado, un hombre débil que debía luchar cada noche por resistir el inmenso deseo de ahogar el recuerdo en litros de alcohol. Lo que Lauren deseaba no era más que la distorsionada imagen que de él mismo proyectaba. Ella no lo conocía y si lo hiciera se sentiría más que agradecida de que él interpusiese todo un continente de distancia entre ambos.

Este relato está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual por su autora. Queda totalmente prohibida su reproducción total o parcial en cualquier otro lugar sin su consentimiento expreso. La violación de sus derechos de autor puede llevar a su propietario a tomar medidas legales.

Imágenes de portada: stock.adobe.com

Página anterior / Página siguiente

Página siguiente

Índice de capítulos

Da capo

 

 

Otros contenidos de la web

Copyright © 2002 - 2020 rnovelaromantica.com y elrinconromantico.com

| Aviso legal | Política de privacidad | Política de Cookies |