• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 16

 

Lauren alzó la vista y se sintió consternada al ver sobre ella el rostro del señor Holton. Éste la miraba colérico, sus ojos azules parecían despedir chispas.

— Oh, ¿ahora se queda callada? — su voz sonó engañosamente suave. — Tal vez necesita público para envalentonarse.

Esas palabras consiguieron sacarla de su estupor.

— Lamento si lo he ofendido señor Holton pero usted no tenía ningún derecho a tratar así a esas mujeres…

El hombre la zarandeó ligeramente, aunque no le apretaba Lauren podía sentir la fuerza que emanaba de su cuerpo.

— Le puedo asegurar señorita Wilson, que la manera en que me he dirigido a ellas no difiere mucho a la manera en que me he dirigido anteriormente a otros músicos, y no soy el único director que intenta hacer aflorar la garra y la pasión pinchando un poco el orgullo…tal vez sea que no están ustedes tan preparadas como creen para formar parte de algo así.

Lauren comenzaba a sentirse estúpida; quizá su reacción había sido exagerada, sin duda la tensión del estreno había afectado a su percepción de las cosas.

— Ya le he dicho que lamento lo que le he dicho, tal vez si usted no hubiese mostrado tanta aversión por lo que hago no habría tomado a mal sus palabras.

— ¿Aversión?

— ¡Oh, vamos, no lo niegue! — Lauren lo miró directamente; sus ojos, cuajados de lágrimas no derramadas brillaban intensificando el color ámbar de sus pupilas. — Desde el primer momento ha sido crítico y ha ridiculizado lo que para mí es tan importante — su voz se quebró y ella renunció a seguir hablando mientras sentía como una lágrima resbalaba por su mejilla haciéndole cosquillas.

Logan tragó saliva. Sin ser consciente de lo que hacía interrumpió el camino que seguía la lágrima con su dedo y con el pulgar acarició el labio inferior de la joven, que temblaba ligeramente.

— Lauren… — el tono de su voz se volvió íntimo, profundo, mientras no dejaba de mirar casi hipnóticamente el movimiento de su propio dedo siguiendo el contorno del labio femenino. — No siento aversión hacia su proyecto, de hecho me parece admirable su constancia y tesón, pero eso no significa que no pueda ser realista. La sociedad puede ser implacable cuando alguien se desvía del sendero establecido, créame sé de lo que hablo, no me gustaría que se desilusionase.

Ella no podía hablar, la cercanía del hombre, su tono de voz y, sobre todo, el movimiento de su dedo que le provocaba una extraña lasitud, la mantenían paralizada. Tragó saliva y sintió cómo él detenía el movimiento errático y dejaba caer las manos a ambos lados de su cuerpo Aún así no se movió, siguió mirándola con tanta fijeza que ella creyó que se desintegraría. De repente, sin mediar palabra la tomó de la barbilla, le levantó la cabeza y la besó.

Lauren estaba segura de que el señor Holton podría oír los latidos de su corazón, tan fuerte retumbaban en su pecho. Sintió que sus rodillas temblaban cuando él puso una mano en su espalda y la acercó a su cuerpo. Con sus labios daba pequeños besos en su comisura y en el momento en que ella jadeó de sorpresa aprovechó para lamer con su lengua el interior de la boca femenina.

Lauren jamás había experimentado nada así y en el momento en que con su propia lengua buscó la de él y sintió que su cuerpo se abandonaba a la maravillosa languidez que la había invadido, él la soltó tan repentinamente como la había abrazado. Durante unos segundos se limitó a contemplarla con la mandíbula tensa y la respiración jadeante, luego, dando media vuelta, se marchó sin añadir nada.

Lauren se tocó con los dedos los labios, tratando de retener la sensación que el señor Holton había provocado en ella y sin poder entender muy bien lo que había pasado.
…………………………..

Logan se habría dado un cabezazo contra la pared si con eso pudiese borrar lo que acababa de hacer. No necesitaba esa clase de distracción, no podía enredarse con una mujer como Lauren. Las mujeres de buena familia y puras sólo podían considerarse para una cosa y esa cosa era el matrimonio.

Logan no iba a casarse de nuevo. Tampoco quería tener más hijos. Eso pasó una vez en su vida y cuando le fue arrebatado el dolor que sintió fue tan inmenso que supo que no podría volver a pasar por algo así.

No había nada que la señorita Wilson y él pudiesen compartir, más que el amor que ambos sentían por la música. Y a pesar de saber eso, no había podido evitar besarla…ella le había sabido tan dulce…

Supo que le esperaban muchas noches sin dormir, con el recuerdo del tacto de su flexible cintura y el sabor de su dulce boca. La había deseado con un fuego que ya no creía poseer, no podía entender qué le había pasado por la mente pero el verla tan hermosa y vulnerable frente a él había roto un fragmento del muro que tan cuidadosamente había alzado a su alrededor.

No permitiría que ocurriese algo así. En cuanto le fuese posible se iría sin mirar atrás como ya había hecho una vez antes.
………………………………..

Lauren volvió al escenario aún aturdida. Los labios del señor Holton sobre los suyos aún parecían arder. La había llamado por su nombre, ni siquiera pensaba que lo recordara.

Aún tenían que mirar una pieza más. Al día siguiente por la tarde tendría lugar el primer concierto de la Orquesta Femenina Wilson. Esa misma tarde las chicas y ella misma habían estado probándose las elegantes faldas azules y las blusas con volantes que la señora Thurber, bendita fuese, les había conseguido a través de un patrocinador, por lo visto se trataba de excedentes de la conocida tienda Ladies Mile, de Broadway, de excelente calidad. Todo estaba listo, las entradas se habían agotado, la expectación era máxima, los patrocinadores tal y como le había confiado la señora Thurber con un brillo satisfecho en sus ojos, estaban encantados con toda esa excitación que se había despertado alrededor de la orquesta y con la enorme afluencia de público que se esperaba. Lauren sabía que se habían mandado invitaciones a los críticos de los más importantes periódicos de Nueva York. Debería estar totalmente concentrada en el concierto del día siguiente sabiendo todo esto.

Pero lo cierto es que no paraba de pensar en los profundos ojos azules del señor Holton y en su bien delineada boca acercándose a la suya y provocando en ella sentimientos que no había experimentado antes. Todas las demás preocupaciones se habían esfumado de su mente, como si nunca antes hubiesen estado allí. Le preocupaba que el señor Holton le pareciese tan atractivo, irresistible casi, le preocupaba que su cuerpo pareciese tensarse como la cuerda de un violín cada vez que él estaba cerca, le preocupaba el cosquilleo que su profunda voz provocaba en su nuca, pero sobre todo le preocupaba lo que empezaba a sentir por él.

Al llegar al escenario se dio cuenta de que las chicas estaban volviendo a sus sitios, algunas la miraron con curiosidad y Sarah le hizo un gesto interrogante, levantando las cejas. Ella apenas pudo esbozar una mueca, un remedo de sonrisa, con el que pretendía decirle que todo estaba resuelto.

El señor Holton se encontraba en la tarima, al parecer enfrascado en la lectura del guión de la obra, parecía tranquilo y relajado, como si no acabase de provocar un cataclismo en sus emociones.

Lauren se sentó también y cogió su violín, sólo para darse cuenta de que le temblaban tanto las manos que no podría tocar. Carraspeando se dirigió al causante de su inquietud.

— Señor Holton, si puede disculparme, hay unos asuntos de última hora que debo tratar con la señora Thurber.

Él asintió, sin apenas mirarla y Lauren, sintiendo unas inexplicables ganas de correr salió sin mirar atrás.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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