• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 15

 

Se aproximaba el concierto inaugural y Lauren estaba convencida de que moriría de agotamiento antes de que llegase ese día. El ritmo de los ensayos se había intensificado, las chicas estaban tensas y el señor Holton…bien, él parecía querer exprimirlas hasta robarles la última gota de aliento. Por si esto fuera poco, la señora Thurber había insistido en que la orquesta llevara su nombre, Orquesta Femenina Wilson, y lo que al principio le había parecido un detalle encantador, le había supuesto un enorme disgusto con su madre. El anuncio del concierto se había publicado en el Times y en el Herald, pronto toda la ciudad bullía de excitación y la existencia de una orquesta femenina se había convertido en la comidilla de la alta sociedad.
Una mañana, al regresar a casa después de un ensayo, su madre se encontraba esperándola. Su cara contraída y pálida fue el anticipo de la desagradable escena que tuvo lugar a continuación.

— No tenías bastante con embarcarte en algo tan absurdo, tenías que enlodar el nombre de la familia…

En un principio Lauren no entendió a qué se refería; su madre, interpretando correctamente su expresión aturdida, añadió:

— ¡Cómo te atreves a dar nuestro nombre a tu ridícula orquesta!

Lauren tragó saliva con indignación. Estaba cansada y aterrorizada. De repente todo el entusiasmo que la había guiado se había trocado en incertidumbre y pavor; temía el rechazo y la burla, y aunque se dijo que si se producían serían injustos y guiados por los prejuicios, sabía que le afectaría mucho y también a las chicas, muchas de las cuales habían sacrificado parte de un tiempo que les era especialmente valioso para participar en la orquesta.

— No es ridícula. Es una orquesta de gran calidad, que no tiene que envidiar nada a ninguna otra de similares características.

— ¡Hace semanas que no veo a mis amistades! — su madre la miraba con expresión acusadora. — No podría soportar la vergüenza, ¿es que eso no te importa nada?

Lauren se dio cuenta de que su madre nunca había intentado ponerse en su lugar. Consciente de esto trató de dominar su enfado para tratar de explicarle su punto de vista.

— Madre, lamento mucho que lo veas así — su tono de voz sonó conciliador. — No quiero avergonzarte, por supuesto que no, pero no veo qué mal puede haber en que un grupo de mujeres que amamos la música queramos tocar juntas y formar parte de algo tan sublime como una orquesta.

— Lo dices como si antes de esto hubieses tenido las manos atadas, ¡has dado infinidad de conciertos!

— ¡Pero no es lo mismo madre!

— No veo dónde está la diferencia…

Lauren comprendió que intentar conseguir que su madre entendiese iba a ser inútil. Ella no podía sentir la pasión de Lauren ni había experimentado cómo su piel se erizaba de emoción cuando un grupo de músicos juntos hacía magia con sus instrumentos. Moviendo la cabeza y deseando terminar una discusión que no las llevaría a ningún sitio, exclamó:

— Si no puedes entender lo que me impulsa, al menos podrás entender esto: no tenemos más fuentes de ingresos que esa. Por el bien de ambas deberías estar rezando para que funcione.
Y sin añadir nada más se marchó a su habitación.
………………………………….

El ensayo general previo a la actuación inaugural se hizo en el escenario de la Academia de Música, el lugar donde se realizaría el concierto al día siguiente. Según le explicó el señor Holton, era muy importante hacerlo en el mismo lugar donde se actuaría para compensar los matices según la acústica del lugar.

Las chicas se encontraban muy impresionadas por la magnificencia del lugar, Lauren imaginaba lo mucho que a ellas les imponía un lugar así. Además, el semblante serio y tenso del señor Holton tampoco ayudaba mucho. El ensayo comenzó con la obra que Sarah interpretaría como solista. Se trataba del tercer concierto para trompa y orquesta de Mozart y la interpretación de Sarah era magnífica. A pesar de ello, el señor Holton detuvo la música con un golpe seco de la batuta en el atril.

— Señorita Preston, ese trino es demasiado lento, se mete usted en el siguiente compás.

— Disculpe señor Holton. — Sarah pareció contrita. Si bien las palabras del hombre no fueron descorteses, en su tono desabrido se apreciaba una clara censura.

Volvieron a repetir el fragmento y esta vez la ejecución fue impecable, aún así el señor Holton siguió con el ceño fruncido, como si a duras penas pudiese soportar lo que oía.

Lauren no comprendía a qué se debía su actitud; la orquesta sonaba de manera excelente y las chicas estaban haciendo un buen trabajo. Cuando comenzaron la siguiente pieza, la sinfonía número cuarenta y uno, el hombre volvió a dar un golpe en el atril con tanta fuerza que Lauren se sobresaltó.

— ¡Señoras, si esto es lo mejor que pueden hacer es preferible que guarden sus instrumentos y vuelvan a sus casas a hacer calceta, o lo que quiera que hagan cuando no están torturando mis oídos!

Las mujeres enmudecieron abochornadas mientras Lauren sentía que la ira, caliente como el vapor de una tetera cuando está hirviendo, subía por su pecho. Sin poder evitarlo se levantó de un salto a la vez que exclamaba:

— ¡¡Es usted un pomposo asno arrogante!! — ignorando las exclamaciones de asombro a su alrededor continuó, tan enfadada que apenas era consciente de lo que decía: — no voy a consentir que amilane a estas mujeres, que trabajan tan duramente cada día y hacen un verdadero esfuerzo para venir aquí. Lo último que merecen es que usted las insulte — con horror se dio cuenta de que su voz comenzaba a temblar, a la vez que un ligero picor en su garganta anunciaba que las lágrimas estaban prontas a salir.

— Señorita Wilson yo siendo usted…

— ¡No crea que va a asustarme por más que frunza el ceño!

Logan apretó las mandíbulas y un músculo palpitó en su mejilla. Con voz peligrosamente tranquila murmuró:

— Señoras, por favor tómense un descanso.

Lauren aprovechó para salir con rapidez de la sala, toda su audacia la había abandonado.

— ¡Señorita Wilson, espere!

Ignorando la voz del hombre comenzó a correr hacia los pasillos que había tras el escenario, horrorizada de pronto por todo lo que había dicho. La penumbra apenas la dejaba ver y tropezó con algo. En ese momento sintió cómo la agarraban del brazo.

— ¿Dónde va tan rápido?

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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