• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 13

 

Logan se levantó y se aseó en la jofaina que la silenciosa criada del hotel dejaba preparada cada mañana; había considerado alquilar un pequeño apartamento pero estaba seguro de que su trabajo allí sería temporal, bien porque encontrase algo mejor, bien porque la orquesta se disolvería tras los primeros conciertos. Su sueldo, aún siendo modesto, le permitía pagar esa habitación y aún le quedaban algunos dólares para ir ahorrándolos, ahora que su vida se regía por la más estricta austeridad.

Llevaba dos días pensando en la señorita Wilson. Su curiosidad por todo lo que tenía que ver con ella no hacía más que crecer, hasta el punto que había pensado hacer una visita a la señora Thurber para tratar de sonsacarle. Desechó la idea, no quería dejarse arrastrar por ese interés, ni por ningún otro. Quería recuperar su trabajo, aquel por el que tanto había luchado, dedicarse en cuerpo y alma a ello. La música era su única ilusión y su única meta.

Se afeitó y se vistió. Hoy volvía a tener ensayo y con sorpresa descubrió que, a pesar de saber que la orquesta acabaría siendo un fiasco, le apetecía volver a dirigir. El primer día se había llevado una agradable sorpresa, tal vez porque sus expectativas eran tan bajas que no tenía más remedio que encontrarse algo mejor de lo que esperaba. Había mucho trabajo que hacer, pero en general la orquesta había sonado afinada y las mujeres sabían tocar sus instrumentos muy bien casi todas, de manera excelente algunas, entre ellas la señorita Wilson. Les costaba a veces seguir el tempo que él les marcaba e imprimir el carácter mozartiano de la pieza, pero eso acabaría consiguiéndolo a base de ensayar y trabajar. No dejaba de ser un reto y él pocas veces había sabido resistirse a uno. Aún así no podía dejar de sentir que estaba desperdiciando su tiempo; no era culpa de esas mujeres, ellas harían un buen trabajo, estaba convencido de ello, pero la sociedad no estaba preparada para algo así y finalmente el sueño que las animaba acabaría por transformarse en una triste pesadilla. Jamás hubiese participado de algo que sabía destinado a fracasar si no fuese por su necesidad económica, y esperaba que el que su nombre se viese asociado a tan disparatado proyecto no le pasase factura profesional. No obstante hacer algo menos que trabajar intensamente y tratar de conseguir los mejores resultados no se le pasaba por la cabeza. Él tenía alma de ganador aunque el caballo que montase fuese un patético rocín.
…………………………………………….

Cuando el señor Holton dio por terminado el ensayo Lauren tuvo que reprimir el suspiro de alivio que pugnaba por escapar de sus labios. Había pasado todo el tiempo que había durado intranquila, temiendo que el señor Holton expresase en voz alta la opinión que le merecían, encogiéndose cuando alguien hacía una mala entrada, esperando un exabrupto por su parte, o algún comentario burlón o desdeñoso que, afortunadamente no había llegado. Él era exigente, incluso a veces duro, pero se comportaba con impecable profesionalidad y, a su pesar, ella se encontraba más veces de lo que le gustaría, mirándolo con arrobamiento. A pesar de la tensión que la invadía disfrutaba oyendo cómo explicaba cada momento de la música, haciendo que ellas casi pudieran sentir lo que había sentido el compositor al crearla. La señora Thurber no le había mentido: Logan Holton era un gran director, si tan solo fuese menos arrogante…

— Señorita Wilson, hay algo que me gustaría comentar con usted.

Ella se volvió, sobresaltada; se encontraba guardando el violín en su funda, de espaldas a la tarima, cuando la profunda voz de él la sorprendió. Le había hablado tan cerca que sintió los vellos de su nuca se erizaron.

— Por supuesto señor Holton, si espera un segundo a que termine…

— La esperaré fuera, aquí hace demasiado calor.

Lauren se limitó a asentir, mientras notaba que aumentaba el ritmo de los latidos de su corazón. Se obligó a inspirar profundamente para relajarse; era absurda esa reacción suya además de exagerada. Era de lo más normal que el director quisiera intercambiar impresiones con ella, no tenía por qué pensar que iba a atacarla a ella o a la orquesta. Se dijo que probablemente la tensión de los últimos meses desde la repentina muerte de su padre había hecho más mella en ella de lo que suponía.

Tras dar indicaciones a Sarah y Linda para que recogieran, salió fuera, inconsciente de que apretaba con tanta fuerza el asa de la funda de su violín que la mano se le acalambró y tuvo que cambiar la funda de mano.
“Relájate, no va a comerte”.

Logan la miró mientras se acercaba. Algunos mechones de pelo escapaban de su peinado, estaba algo pálida. Vestía como solía ser habitual en ella con una falda amplia, esta vez de color verde y una ajustada blusa. Por la mañana su aspecto había sido el de una impecable institutriz inglesa, ni un solo cabello fuera de su sitio; ahora dos botones de la blusa estaban desabrochados, probablemente los había abierto durante el ensayo tratando de mitigar un poco el calor del salón de actos. Apenas dejaba ver la línea esbelta de su cuello, pero ese inocente trozo de piel consiguió afectar a Logan. Sin poder evitarlo dejó que su mirada resbalase por esa breve línea descubierta y se detuviese en la parte delantera de la blusa, donde la tela se tensaba deliciosamente.

— Usted dirá señor Holton .

Él hizo un esfuerzo por mirarla a la cara pero de repente la señorita Wilson ya no parecía la misma de siempre, ya no miraba a una muchachita, casi una niña, voluntariosa y tozuda, ahora veía ante él una tentadora mujer que le pareció la más hermosa que había visto nunca antes. Apartó la miró con rapidez.

— Señorita Wilson he estado pensando en el repertorio del concierto inaugural. Se me ha ocurrido hacer un monográfico sobre Mozart.

— Perfecto señor Holton, usted tiene plena potestad para elegir el repertorio.

— Lo sé, pero he pensado completarlo con dos conciertos solistas y había pensado en usted y en la cornista principal.

— ¿Sarah? — él se limitó a asentir.

— Me parece que es una manera de revalorizarlas a ustedes como las excelentes intérpretes que son.

A Logan no se le escapó la mirada de sorpresa que ella le lanzó y esbozó una sonrisa, consciente de lo que estaba pensando la joven.

— Señorita Wilson, nunca he dudado de su calidad como violinista; sigo pensando que esta orquesta no tiene futuro, pero no será porque ustedes no sean excelentes músicos.

Lauren se mordió el labio inferior. Las palabras del señor Holton la entristecieron, se daba cuenta de que los mismos prejuicios que él tenía eran a los que tendrían que enfrentarse siempre.

— ¿Y eso le parece justo?

Logan encogió uno de sus anchos hombros.

— ¿Qué puede importar lo que yo piense? Las cosas son como son.

— ¡Pues yo me niego a aceptarlo! — la tristeza de Lauren se había transformado rápidamente en justa indignación. — Si las normas no son justas hay que cambiarlas, y no pienso darme por vencida en algo en lo que sé que tengo razón.

— Señorita Wilson, su actitud es admirable.

— ¿Pero?

— Pero lamento decirle que las reglas que nos rigen desde hace cientos de años no se pueden cambiar en unos días.
Ella esbozó una sonrisa carente de alegría.

— Señor Holton no me dejaré vencer por su pesimismo ni su actitud negativa — ella lo miró directamente a los ojos.

— Como quiera señorita Wilson —respondió él irritado, — pero yo seguiré de pie mientras usted cae.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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