• Autor/a: Lola Rey
  • Actualización: Abril 2020

Un legado inesperado

Capítulo 11

 

Logan bajó la batuta y se secó el sudor de la frente. Llevaban una hora de las dos que duraba el ensayo y contra todo pronóstico la cosa no había ido tan mal como había supuesto. Su mayor temor era que las integrantes de la orquesta no supieran interpretar su papel o seguirlo a él mientras dirigía. Aunque en contadas ocasiones alguna se había perdido, en general ese aspecto no presentaba ningún problema.

El carácter de la música era otra cosa. Logan tuvo que parar varias veces, cantar fragmentos para demostrarles cómo quería que lo interpretaran y mover sus manos de manera más enérgica.

— Esta sinfonía tiene un carácter triunfal señoras, de hecho su sobrenombre es “Júpiter”. — Lauren se dio cuenta de que todas lo miraban arrobadas y a su pesar tuvo que admitir que el señor Holton componía una estampa soberbia sobre el atril. — Júpiter es el principal dios de la mitología romana, el más poderoso…quiero notar ese poder cuando comience la sinfonía. Da capo de nuevo señoras.

Tras un par de intentos más Logan consideró que el carácter era exactamente el que quería conseguir.

A su pesar Lauren no podía por menos que sentir admiración por el señor Holton. Sabía que su actitud hacia la orquesta había sido muy negativa y no se hacía falsas esperanzas sobre que esto hubiese cambiado, pero debía admitir que estaba consiguiendo que la orquesta sonase estupendamente y sabía transmitir lo que quería de una manera sencilla que todas podían entender.

— Bien señoras, veamos el segundo movimiento. — Tras esperar a que se calmase el breve revuelo de partituras, Logan continuó diciendo: — Este movimiento no tiene nada que ver con el primero, este movimiento es poesía, un poema triste y nostálgico que evoluciona hacia un estado tranquilizador. ¿Están listas?

Lauren miró a las mujeres que componían la orquesta y les sonrió, alentadora.

— Adelante señor Holton — Lauren sintió fija en ella la mirada del hombre. Por unos angustiosos segundos creyó que iba a decir algo hiriente, burlón. Su manera de mirarla fija, hipnótica casi, le provocó un estremecimiento y tuvo que hacer un esfuerzo por no encogerse.

— Gracias señorita Wilson — su bien dibujada boca esbozó una sonrisa burlona.

Nada más bajar la batuta los violines comenzaron a interpretar la melodía principal; enseguida el señor Holton se detuvo.

— Señoras, este pasaje es con sordina.

Todas las componentes de la cuerda de violín miraron a Lauren, sin saber de qué hablaba el señor Holton. Ella estaba tan desconcertada como las demás.

— ¿Disculpe señor Holton?

— Digo que este pasaje es con sordina, debe sonar como un eco.

— ¿Lo quiere más piano aún?

— No señorita Wilson, lo quiero con sordina.

Logan vio que la señorita Wilson lo miraba con evidente desconcierto y soltando la batuta sobre el atril se cruzó de brazos.

— ¿Está tratando de decirme que no tienen sordinas señorita Wilson?

— Ni siquiera sabía que existía semejante cosa señor Holton.

Logan se quedó en silencio durante unos segundos, entonces, abriendo los brazos en un gesto de exasperación murmuró:

— Perfecto, realmente perfecto. Ni siquiera esto lo podemos tocar.

Lauren sentía un cosquilleo en la garganta acompañado de un desagradable picor en los ojos. Comenzó a respirar con fuerza, prefería morir antes que ponerse a llorar delante del señor Holton. Había trabajado intensamente esa semana, robándole horas al sueño, para que todo saliera bien y él dejase de mirarla como, como…justo como la estaba mirando ahora.

— Señoras por favor, vamos a hacer un pequeño descanso de quince minutos — su voz se volvió más dura al añadir: — usted no señorita Wilson, tenemos que hablar.

Lauren asintió en silencio; para luchar contra el impulso de retorcer sus dedos cogió el violín y volvió a afinarlo, cuerda por cuerda. El señor Holton esperó hasta que todas la mujeres, entre charlas, salieron de la sala, sin duda buscando despejarse un poco al aire fresco. Entonces se dirigió hacia ella.

— Señorita Wilson, necesitan sordina para interpretar este movimiento de la sinfonía, me parece increíble que una violinista de su nivel no tenga sordina.

— Lo siento señor Holton —disculparse ante él era tan amargo como tragar hiel pura — no sé exactamente a qué se refiere.

— ¿No sabe lo que es una sordina? ¿Cómo puede formar parte de una orquesta y no saber lo que es una sordina? — Logan apretó la mandíbula y tragó aire, tratando de contenerse. — Todos los violinistas de la orquesta tienen sordina señorita Wilson.

— Se olvida, señor Logan, de que ninguna de nosotras habíamos formado parte de una orquesta antes de este momento, y no por falta de ganas créame, sino por los prejuicios absurdos y anticuados de gente como usted.

Logan se sintió ligeramente culpable. La señorita Wilson apenas le llegaba al hombro, pero se erguía ante él temblando como un junco por la indignación que sentía. Él tuvo que reconocer la verdad de sus palabras, así que trató de mostrarse conciliador a pesar de que sus acusaciones le habían irritado, hizo un esfuerzo por obviarlas.

— Está bien señorita Wilson, mañana por la mañana me acompañará a un carpintero —haciendo caso omiso de sus cejas levantadas, él continuó hablando: —traerá su violín para que el carpintero pueda hacer las sordinas de madera siguiendo el diseño que yo le haga y las medidas del violín.

— Me parece bien señor Holton.

— Dejaremos el segundo movimiento para el final, para darle tiempo al carpintero a que las construya todas.

Lauren se limitó a asentir, su cara estaba pálida, exceptuando dos medallones de color carmesí en sus mejillas.

Logan la miró con preocupación; la señorita Wilson parecía agotada. Antes de poder pensar en lo que hacía la tomó por la barbilla y levantó su cara hacia él. ¡Dios mío! ¡Era tan joven y tan hermosa! Por primera vez sintió curiosidad por saber qué había impulsado a una joven que evidentemente provenía de buena familia a embarcarse en un proyecto de esa envergadura y con tan pocas posibilidades de éxito. Ignorando la evidente incomodidad de la joven, Logan exclamó:

— Señorita Wilson, procure descansar. Si usted desfallece y abandona el rebaño tal vez al malvado lobo le dé por devorar a las ovejas que tiene a su cuidado.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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