• Autor/a: Dalia Ferry
  • Actualización: Diciembre 2019

Cuando Romeo se cruzó con Julieta

Capítulo 9

 

—A ver, queridos, ¿qué estuvieron haciendo anoche? Están muy callados y esta pobre anciana necesita saber qué hace su nieto y amiga mientras ella duerme. —Doña Isabella, que estaba sentada a mi lado en el coche, me miraba fijamente con cara de picarona.

—Pasamos la noche descansando, abuela —gruñó Lorenzo que iba conduciendo mientras me dedicaba una mirada asesina por el espejo retrovisor.

—Parece que va llover ¿verdad, señora Isabela? —dije para disimular y evitar la mirada acusadora de Lorenzo—. Por cierto, ¿a dónde vamos?

—A la casa de Didier.

—¿A la casa de Didier? Pero ¿cómo ha conseguido su dirección tan deprisa?

—Pues muy fácil, anoche antes de acostarme le mande un e-mail a su nieto y me ha contestado esta misma mañana. —Su cara era la más pura imagen de la felicidad.

—Abuela, no quiero que te hagas muchas ilusiones, ya sabes que no sabemos a ciencia cierta el verdadero estado de salud del señor Didier.

—Su nieto me ha dicho que está algo delicado, pero que espera con impaciencia mi llegada desde hace días. —Su mirada por un instante me dio envidia, ya que se le notaba que sonreía de pura felicidad ante su futuro encuentro con su amado.

—Por cierto, Fiorella, ¿qué vas a hacer esta tarde? —me preguntó Lorenzo mirándome fijamente por el espejo retrovisor.

—Pues seguramente vuelva a Verona, la verdad es que ya he estado fuera mucho tiempo y necesito…

—Me temo, Fiorella, que no te va a ser posible volar hoy porque no encontrarás billetes, pero si quieres podemos quedar y buscar una posible solución a tu problema —dijo Lorenzo.

—No es necesario, creo que la podré buscar por mí misma —refunfuñé enfadada.

—Listo, ya hemos llegado, Didier vive aquí en el barrio de Latino —gritó doña Isabella mientras se bajaba del coche.

—Espera, abuela, deja que te ayude a salir del coche. —Lorenzo salió rápidamente para ayudar a su abuela y yo me quede allí sentada con muchas preguntas en la cabeza y pocas respuestas.

Entramos en el viejo edificio del barrio Latino de París que contaba tan solo con tres plantas. Mientras en la calle se escuchaba un tremendo bullicio de la gente que paseaba visitando lugares tan maravillosos, como la librería de Shakespeare, o simplemente se tomaba un rico café en una terraza. Nosotros subíamos lentamente al tercer piso en busca de Didier. Por primera vez desde que había conocido a doña Isabella la vi seria y muy tensa. Cuando el ascensor se abrió en la tercera planta y se escuchó en el fondo una pesada puerta que se abría, pude sentir alrededor de aquel silencio los latidos del corazón de doña Isabella. Fuimos caminando lentamente por el pasillo mientras Lorenzo le daba la mano a su abuela como consuelo y veíamos de pie en la puerta un joven chico rubio de imponentes ojos azules mirándonos fijamente.

—¿Eres tú el nieto de Didier? —preguntó doña Isabella nada más estar a su lado.

—Sí, soy su nieto, mi abuelo le espera en el salón.

—Lorenzo, Fiorella, no sé si podría pedirles esto, pero me gustaría entrar sola y vivir este momento si es posible de forma privada.

—¿Estás segura, abuela, que podrás con esto tú sola?

—Sí, por favor. —Sonrió levemente y le acarició suavemente la cara a su nieto—. Entiéndeme Lorenzo llevo tanto tiempo esperando este momento que la verdad es que lo quiero solo para mí y para Didier.

—Por mí no hay problema, doña Isabella, ya que tengo que ir un rato a clase —dijo el nieto de Didier al ser testigo del incómodo silencio del momento.

—Está bien, doña Isabella, su nieto y yo vamos a bajar un rato y en cuanto usted nos avise subimos. ¿Qué le parece la idea? —Lorenzo se giró en mi dirección y me miró con desaprobación.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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