• Autor/a: Dalia Ferry
  • Actualización: Diciembre 2019

Cuando Romeo se cruzó con Julieta

Capítulo 2

 

Querida Julietta:

Tengo que confesarte antes que nada que no soy amigo de estas cosas, y que la única razón por la que me he animado a escribir esta carta es porque mi abuelo Didier de noventa años de edad me lo ha pedido, ya que necesita encontrar a una persona muy especial para él que vive justo ahí, en Verona.

Él que cree que tú eres la única que la puedes encontrar, ya que das respuesta a cualquier pregunta y esta es la suya.

Mi abuelo es francés, pero durante la segunda Guerra Mundial su escuadrón fue trasladado a servir a los aliados en Italia, ya que como bien sabrás Benito Musolini era simpatizante del régimen Nazi, y aunque unos años se mantuvo neutral por falta de medios en el conflict, luego entró de lleno en el juego de los nacionalismos. Fue en esa época neutral cuando mi abuelo conoció a la señorita Isabella Conti, la hija de uno de los miembros de partido Fascista Republicano de Musolini. Sí, puede resultar algo extraño, un aliado enamorado de una fascista, pero así es el amor, uno nunca puede elegir de quién se enamora. En un primer momento, mi abuelo se quedó viviendo allí e incluso quiso empadronarse en la ciudad, pero cuando el Proceso de Verona empezó y el día diez de enero del cuarenta y cuatro Musollini mandó a ejecutar a seis inocentes, con el único cargo de no estar de acuerdo con sus ideas fascistas, mi abuelo entró en cólera y decidió ir a por todas y unirse de nuevo a las fuerzas aliadas de su país.

Cuando en abril del año cuarenta y cinco murió Mussolini y todos sus seguidores, mi abuelo fue en busca de Isabella, pero ella ya no estaba en la ciudad. Se había marchado de la ciudad tras la victoria aliada, dejando como única despedida una carta donde decía que tuvo que marcharse con su marido lejos de allí y que algún día, cuando fuera libre, regresaría a su hogar.

Eso fue lo último que supo de ella mi abuelo Didier, y por eso ahora quiere encontrarla, porque no quiere irse de este mundo sin volver a ver al gran amor de su vida.

¿Puedes ayudarnos a encontrar a Isabella?

 

Menuda historia. No sabía que podía recibir una carta como esta y llegar a emocionarme tanto. La verdad es que un amor como ese merece un final feliz, pero ¿cómo?

Tendré que esperar a mañana cuando llegue la presidenta, quizás ella pueda ayudarme a darle la respuesta que busca el señor Didier, ya que su abuela aún está viva y cuenta con noventa y tres años, y seguro debió conocer a esa tal Isabella Conti, ya que ha vivido en Verona toda su vida.

Qué remedio, señor Didier, tanto usted como yo nos tenemos que esperar a mañana. Buenas noches…

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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