• Autor/a: Dalia Ferry
  • Actualización: Diciembre 2019

Cuando Romeo se cruzó con Julieta

Capítulo 10

 

—No debiste darle alas a mi abuela para que se quedará con ese Didier —protestó Lorenzo mientras bajábamos hacía la calle.

—No le di alas, Lorenzo, le di espacio, tu abuela necesita su espacio para tomar sus propias decisiones. A ver, ¿qué piensas? ¿Que por ser mayor no tiene derecho a vivir su vida o qué?

—Tiene derecho a vivir mil y una vida si eso es lo que desea, lo que no quiero es que nadie le haga daño —mientras decía estas palabras que me dejaron por momento sin respuesta salimos a la calle.

—Confía en ella, sé que hará lo correcto, tanto por ti como por ella misma. —Sonreí mirándolo directamente a los ojos.

Sin darnos cuenta empezamos a caminar por la calle y nos adentramos en medio del bullicio de la gente. Nadie se fijaba en que estábamos allí, cada persona iba centrada en su propio mundo y sus historias.

—¿Qué te parece si visitamos la librería de Shakespeare? Es muy conocida por este barrio.

—He oído hablar de ella, sé que es un espacio donde los escritores y lectores se pueden sentar a leer durante muchas horas.

—Sí, además por si no lo sabes en ella puedes encontrar libros llegados de varias partes del mundo, se le conoce como librería, pero es mucho más que eso, es un lugar de encuentro, biblioteca, retiro…

—Hablas de ella con mucho cariño.

—Bueno, hablo de ella así porque fue mi residencia de estudios mientras estudiaba en esta ciudad y fue ahí donde conocí a Belinda. —Al escuchar ese nombre mi semblante cambió, ya que supe enseguida que se trataba de la novia de Lorenzo.

—Debió ser muy romántico conocerse en París.

—La verdad es que todo es más romántico de lo normal en los años de la adolescencia, pero sí, al principio fue muy romántico. —Lorenzo se paró en seco y señaló a un edificio que estaba a pocos metros de nosotros—. Aquí la tienes, la famosa librería de Shakespeare.

La librería estaba en el primer piso de un viejo edificio señorial y contaba con un amplio cartel de madera en el que se podía leer Shakespeare y compañía en inglés. Lo más que llamó mi atención era su enorme escaparate en forma de ventanal donde podías ver los libros expuestos y además mensajes grabados en las puertas de las ventanas de madera.

—Es maravilloso —grité, mientras sin darme cuenta le daba la mano a Lorenzo para que entrara conmigo dentro de la librería.

Una vez dentro me quede aún mucho más enamorada que antes de la librería. Estaba totalmente llena de libros por todas partes. Por el color de sus hojas amarillentas se veía que alguno de ellos eran bastantes antiguos. Justo al fondo había un viejo piano de madera, que según me comentó Lorenzo, solía tocarlo cada vez que venía a estudiar con Belinda para pasar el tiempo. Lo que hacía además de todo aquello especial aquel lugar era que había confortables sillones para sentarse a leer cómodamente. Incluso había uno enorme en un rincón por si querías tumbarte a leer. En un lado de la biblioteca también había unas enormes escaleras de madera en cuyos peldaños se podía leer un mensaje escrito en inglés. Yo me quede parada delante de ella mirando cada uno de ellos con la intención de traducirlo.

—Son unos versos del poeta Sufi Hafez de Shiraz “Quisiera poder mostrarte, cuando te sientas solo en la oscuridad, la asombrosa luz de tu propio ser” —dijo Lorenzo al verme allí parada.

—Es hermoso poder decir algo así tan profundo y romántico a la vez.

—Lo es, era uno de mis lemas favoritos durante mis años de facultad en esta ciudad, poder ver en medio de la oscuridad la luz blanca de las personas que realmente valen la pena en la vida.

—¿Hablas de Belinda? La echas de menos, por eso quisiste venir a este lugar para recordar.

En ese momento no pude evitar sentirme mal, de sentir que yo no pertenecía a este lugar ni a ningún recuerdo de Lorenzo que fuera tan hermoso como ese.

—En estos momentos no estaba hablando de Belinda, sino de ti, Fiorella, y de la luz que intentas ocultar en medio la oscuridad del miedo.

—No tengo idea a que te refieres con eso —mentí, aunque sabía que en cierto modo decía la verdad.

—¿Por qué te fuiste corriendo anoche del puente?

—Era lo mejor, actué de forma precipitada y no quise que pensarás que era una de esas chicas que bueno que buscan rollo desde la primera cita.

—¿Crees realmente que yo podía haber pensado algo así de ti en aquellos momentos? —Lorenzo se acercó más de la cuenta y se puso tan cerca que casi podía sentir los rápidos latidos de su corazón. Intente apartarme pero choque de lleno con el barandal de madera de la escalera—. ¿Ves? Otra vez has intentado huir. ¿De qué tienes miedo, Fiorella? De enamorarte, quizás.

Iba a responder cuando milagrosamente sonó el móvil de Lorenzo. De mala gana lo sacó del bolsillo derecho de su pantalón y tras mirar la pantalla se acercó a mi oído para susurrarme.

—Puedes estar contenta por ahora porque has sido salvada por la campaña de mi abuela, pero tú y yo tenemos una conversación pendiente esta noche.

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Imágenes de portada: stock.adobe.com

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