Sandra Brown - The Silken Web

Crítica realizada por Bona Caballero

(Sin traducir)

Una mujer, dos hombres... todos atrapados en "La telaraña de seda": Kathleen, una joven sofisticada que se casa con un hombre cuando aún está enamorada de otro –y escondiendo su confusión detrás de su elegancia. Erik, un talentoso camarógrafo que hace saber a Kathleen lo fácil que le resulta seducir a mujeres, pero no casarse. Seth, el rico heredero de unos grandes almacenes quien puede dar a Kathleen todo lo que ella quiera... excepto una satisfacción plena. Ahora, todos se verán atrapados en una telaraña de mentiras tan frágil que un fatídico encuentro puede romperla –y obligar a Kathleen a elegir entre la familia que la necesita y las necesidades de su propio corazón.

Sandra Brown escribió "The Silken Web" (en traducción literal, "La telaraña de seda") en 1981 y lo publicó al año siguiente, bajo su segundo seudónimo, Laura Jordan. Como ella misma explicó al reeditarlo en 1992, hasta entonces sólo había escrito romances breves que debían seguir unas pautas marcadas por la editorial. Entonces revisó el libro para adecuarlo al público de los noventa.

Aunque tiene más de 300 páginas, se centra en la relación amorosa entre los dos protagonistas, sin haber intrigas o subtramas ajenas a esto. Erik Gudjonsen, un ligón con un aspecto tan vikingo como su nombre, va a rodar un documental en un campamento de verano para niños huérfanos. Conoce allí a una joven monitora, Kathleen, que en realidad se gana la vida como asesora de moda para unos grandes almacenes. En un primer momento Erik y Kathleen chocan pero en un par de días se enamoran intensamente. Se gustan, se atraen, y acaban teniendo un tierno romance en las montañas Ozark de Arkansas.

De una manera un tanto abrupta, su relación se corta, y ella se marcha hasta San Francisco, donde encuentra trabajo en otros grandes almacenes, más osados en sus gustos, con lo que se realiza profesionalmente. Erik no vuelve a aparecer hasta un par de años después, y para entonces Kathleen está casada con un hijo. Pero el amor y el deseo entre ellos subsiste, lo que complica notablemente las cosas, porque Seth, el marido de ella, es un tipo realmente positivo y muy agradable. En esta parte final se desarrolla el triángulo amoroso en el que se debate Kathleen.

La historia se centra más en Kathleen que en Erik. Es ella la que decide el tono de la relación. Erik es un tipo viril, muy guapo con su aspecto de vikingo. Al principio es un poco avasallador, el típico machote de las novelas románticas de los años ochenta, imponiéndose a Kathleen sin tener en cuenta que es una joven virgen de veinticinco años. Aunque rápidamente con entusiasmo recupera los años perdidos. Actúa, como es habitual en las novelas rosa un poco irreales, con una desenvoltura poco creíble para su nula experiencia sexual. Las sensuales escenas entre ellos son bastante gráficas, no apropiadas para aficionadas adolescentes.

La ruptura se produce por el tópico "estúpido malentendido", algo que se resolvería fácilmente si Kathleen fuese madura y no sacara conclusiones precipitadas. La estupefacción de Erik cuando descubre lo ocurrido es perfectamente comprensible. Kathleen parece indecisa e inmadura en muchos momentos. Tiene el corazón dividido entre su marido y su verdadero amor.

El tema del adulterio, que se trata en la segunda parte, es uno de los más espinosos de plantear en una novela romántica. Sólo se suele disculpar, y con recelos, si el marido maltrata de alguna forma a la heroína. Este no es el caso, porque Seth resulta ser muy rico, cariñoso, generoso, etc., todas las cualidades que hacen de él un buen marido para Kathleen. Es un desafío novedoso para los lectores de novela romántica, intentar aceptar algo que normalmente rechazarían. Porque en la vida, a veces, le pasan estas cosas a gente normal que no lo merece y se ven atrapados en este tipo de conflicto. Al final la cosa se resuelve, en la novela, de forma apresurada y agridulce, sin que Kathleen llegue a adoptar la decisión.

La novela en su conjunto, es una bella historia de amor entre personas bastante atractivas, que sigue gustando, especialmente a los fans de Sandra Brown. Los personajes están lejos de ser perfectos. Más de una vez desearías darle un meneo a Kathleen por lo boba que es. Erik es un poco demasiado imponente. Y a Seth se le trata con un paternalismo que hoy sería políticamente muy incorrecto.

Quizá la novela sea demasiado larga para la historia que cuenta. Pero si te enamoras de los personajes, te gusta pasar este tiempo con ellos.

Valoración: 6/10. Especialmente, para fans de Sandra Brown.

 

 

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