Sandra Brown - Shadows of yesterday

Crítica realizada por Bona Caballero

(Novela sin traducir)

Para ganarlo todo, una mujer debe arriesgarse a perder...

LEIGH. Estaba terroríficamente sola en una autopista de Texas a punto de dar a luz a su primera hija cuando un tipo duro y desconocido, detiene su camioneta pickup para ayudarla. Perdió a su marido hace ocho meses, cuando él murió trágicamente mientras trabajaba. Este profético encuentro en una solitaria autopista llevó a un hombre nuevo y guapo a su vida... y aun así era un hombre con secretos, y el poder de romperle de nuevo el corazón.

CHAD. Está en un negocio peligroso, y su pasado es un misterio que mantiene cuidadosamente oculto. Está decidido a lograr que Leigh se preocupe por él, pero no hay garantía de que el amor que él siente pueda protegerla de sus propios y tremendos miedos.

En marzo de 1983, Sandra Brown publicó "Relentless Desire" ("Deseo implacable") como el número 106 en su serie "Second Chance at Love" ("Segunda oportunidad en el amor") de la editorial Jove. Cuando se reeditó en el año 1992, le cambiaron el nombre por "Shadows of Yesterday" ("Sombras del ayer"), un título más melancólico pero sin duda apropiado para esta agridulce historia de segundas oportunidades en el amor.

Atrapa tu atención con un interesante comienzo. En una autopista texana, Leigh Branson tiene que detener el coche y se aparta a un lado. Embarazada de más de ocho meses, ha empezado a notar las contracciones del parto. Recordad: es la época anterior al teléfono móvil, está sola, en mitad de la nada y en cuarenta y cinco minutos sólo pasan un par de coches.

Hasta que se detiene a su lado una camioneta pickup. Su rescatador parece cualquier cosa excepto un caballero de brillante armadura. Alto, de más de metro ochenta, viste ropas sucias, manchadas con grasa y sudor. Aunque es amable con ella, Leigh no se confía hasta que se quita las gafas y distingue unos increíbles ojos azules.

Chad Dillon capta enseguida lo comprometido de la situación. Ella está en pleno parto y no va a dar tiempo a llevarla al hospital. De manera un tanto estrambótica, Leigh acaba dando a luz en la pickup, ayudada por Chad. Después, la lleva a ella y a la niña al hospital. Cuando se asegura de que están bien, y de que los padres de Leigh vienen de camino, desaparece durante semanas.

Aunque parezca increíble a cualquiera que haya pasado por un parto, Chad se ha enamorado a primera vista. Pero le da tiempo a Leigh para que se recupere. Cuando vuelve a su vida, deja claro que está interesado en ella. Leigh le advierte que no es mujer para un rollo rápido. Chad lo sabe y le da a entender que tampoco es eso lo que él busca.

Le sigue una sencilla historia de amor. Muy humana, muy natural. Realmente no pasa nada, salvo la vida cotidiana y cómo van aprendiendo a confiar el uno en el otro y superar sus problemas que son puramente internos.

Leigh es viuda porque su marido, agente antidroga, murió en una operación encubierta. No quiere volver a enamorarse y correr el riesgo de sufrir una pérdida. Por ello es razonable que Chad sea un poco elusivo en cuanto a la forma de ganarse la vida o cuánto dinero tiene, o que él también es viudo, o cómo murió su mujer. Leigh se enamora de él creyéndole un sencillo mecánico de aviones.

Con el tiempo, Chad le va revelando poco a poco quién es. La lleva a conocer su espléndida casa, le presenta a sus padres, a sus campechanos amigotes: todos la reciben con afabilidad. Le habla de su matrimonio... Y ante los enfados de Leigh por lo que le ha ocultado, te explicas por qué Chad va con pies de plomo.

Se comprende perfectamente por qué, al final, estas dos personas acaban juntas. El amor los ha hecho evolucionar. Leigh aprende a superar sus miedos. Chad encuentra en ella una compañera que ya es madre, suficientemente sólida para no temer que la vida la supere. Dejará una vida arriesgada más propia de un joven despreocupado y soltero y adoptará otra más estable, en la que lo importante son las relaciones interpersonales. Ambos aprenden que el pasado, pasado está; que tienen que gozar del presente para abrirse paso hacia el futuro.

No hay que buscar giros inesperados, o subtramas. Es sólo una historia de amor, contada sin prisa pero sin escenas de relleno. Como si fuera la de unos amigos tuyos, porque los personajes son muy agradables, cercanos y bastante creíbles. Hay un poquito de humor, mucho amor y su dosis generosa de escenas sensuales. Aunque sea ochentera y predecible, resulta una novela encantadora.

Sí, todas las críticas son subjetivas. Y esta lo es más. Porque "Shadows of Yesterday" es la primera novela que leí de Sandra Brown. Siempre la recordaré con cariño como una revelación. ¡Había novelas románticas contemporáneas con protagonistas bastante naturales! Héroes masculinos que hablaban con naturalidad y sin cursiladas. Y que respetaban a las heroínas. Estas son mujeres modernas, trabajadoras, de cuidado aspecto, fuertes y nada dadas a los aspavientos.

Es una novelita perfecta para cuando sólo se quiere un romance clásico y dulce. Una lectura ligera que no te exige pensar demasiado. El principio engancha, luego pasa una fase más calmada y se vuelve a animar hacia el final.

Valoración: Buena, 8/10

 

 

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