Sandra Brown - Love’s Encore

Valoración:

Crítica realizada por Bona Caballero

En una noche temeraria, la vida de Camille Jameson cambió para siempre: un desconocido alto y guapo, una velada romántica – y arrepentimiento suficiente para llenar toda una vida. Dos años después, Camille es una exitosa decoradora de interiores con la oportunidad de restaurar una de las más orgullosas mansiones de Misisipi. Acude dominada por el entusiasmo, impaciente por afrontar lo que es su mayor desafío profesional hasta la fecha – hasta que Zack Prescott entra con paso despreocupado por la puerta principal de la mansión y vuelve a su vida. Es exactamente como lo recordaba, salvo por la mirada de complicidad en sus ojos, que recuerda lo que compartieron en el pasado. Ahora, obligados a vivir en una cercanía insoportable, Camille y Zack descubrirán si su terco orgullo los mantendrá separados para siempre – o si el destino les ha obligado a encontrar el camino de regreso a casa.

Allá por el año 1981, Sandra Brown publicó su primera novela, bajo el seudónimo de Rachel Ryan. Es este romance "genérico" titulado "Love's Encore", algo así como "Un bis de amor", una "Segunda oportunidad". Como advierte la autora en las reediciones, "la historia refleja las tendencias y actitudes que eran por entonces populares", otra forma de decir que estas historias pueden resultar algo anticuadas.

Camille Jameson, una decoradora de Atlanta (Georgia), ha recibido el encargo que la lleva a Bridal Wreath, una mansión cerca de Natchez (Misisipi). Se enamora de la casa desde que recorre el camino de entrada, flanqueado por robles, magnolios en flor y los arbustos que le dan nombre. Es tan magnífica que lo primero que "oímos" decir a Camille es "¡Chúpate esa, Escarlata O'Hara!".

Esta veinteañera volcada en su trabajo no siente interés por el sexo opuesto. Hace dos años "se entregó a un hombre" y después no sintió más que "vergüenza y humillación". Esta reflexión inicial ya te hace pensar que tiene serios problemas de autoestima.

Vestida con su traje de lino amarillo y una ligera blusa de gasa estampada (siempre puedes contar con Sandra Brown para estos detalles), Camille espera sentada como una correcta dama sureña a que la atienda el encantador anciano que la ha contratado para redecorar su hogar, Rayburn Prescott. Pero quien entra por la puerta es el hijo y heredero de Rayburn: Zack, un guapo treintañero de cabello castaño entreverado de reflejos dorados y que la mira con penetrantes ojos azules. Precisamente, el hombre que en el pasado compartió unos románticos días con Camille.

Lo único que puede sonar pasado de moda en esta historia es la insípida heroína. A partir de una palabra aislada, empieza a montarse en su cabeza historias siempre desfavorables para ella y llega a conclusiones precipitadas. Remilgada, piensa que él "le ha robado algo que no le pertenecía salvo que fuera su marido". Eso sí, sabe vestir bien y como es una profesional de la decoración, puedes sacar un par de ideas muy útiles.

En cambio, el atractivo Zack Prescott es un hombre hecho y derecho, diez años mayor que ella, que tiene bastante claro lo que espera de la vida. En ningún momento lo ves como Camille, un "despiadado que sedujo a una niña inocente", sino como un tipo normal y agradable, bastante realista, como todos los hombres de Sandra Brown. No es meloso ni se complica mucho la vida con reflexiones sentimentales. Su actitud es más bien: "Me gustas, lo pasamos bien juntos, el sexo es estupendo y querría conocerte mejor por si acaso esto va a alguna parte" pero "tampoco esperes que me ponga a buscar los nombres de nuestros hijos después de la primera cita".

Como Camille tiene que vivir en la mansión mientras se planifica y ejecuta la reforma, la situación es incómoda para los dos. La trama gira en torno a un "estúpido malentendido" que se habría resuelto de inmediato si, al encontrarse en la página 8, hubieran hablado como adultos. Pero no, prefieren pasarse la novela como adolescentes enfurruñados. Hay momentos sensuales, besos, roces y algo de sexo, pero nada demasiado gráfico. Como es habitual en estos romances genéricos, aparece la "otra mujer", con todos sus atributos: uñas con manicura profesional, cabello rubio perfectamente peinado y exquisitamente vestida. ¿Qué heroína no se sentiría torpe y descuidada?

No está nada mal para una primera novela. Y aunque no es, ni de lejos, lo mejor de su autora, sigue resultando una lectura rápida y entretenida. Lo más logrado es la atmósfera sureña, el calor y la humedad del Misisipi, las mansiones con columnas griegas, el sabroso gumbo y los distintos aspectos del proceso de reforma. Realmente disfrutas paseando por sus salones, contemplando los parterres de flores y comiendo en un pintoresco restaurante de Natchez, aunque preferirías hacerlo en los zapatos de una heroína un poco más intrépida.

Valoración: 6/10. Para entusiastas de Sandra Brown y un buen romance genérico con aire de otra época.

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