Sandra Brown - El precio de la victoria

Crítica realizada por Soraya

El espíritu inquieto y el indomable valor de Stevie lo cautivaron, y ella le demostró cuál era su forma de ganar... tanto en la cancha como fuera de ella. Durante años, el cronista deportivo Judd Mackie ridiculizó en su columna a Stevie Corbett, una jugadora profesional de tenis. Creía que el talento del que carecía se veía más que compensado por su belleza. Pero cuando ella se desmayó en mitad de un partido y Judd descubrió su secreto, prometió guardar silencio...

Cuando la jugadora profesional de tenis, Stevie Corbett cae desplomada en medio de la cancha de tenis, el cronista Judd Mackie, su principal enemigo, estaba tranquilamente en su casa durmiendo la borrachera de la noche anterior. El periódico para el que trabaja Judd se ha quedado sin la noticia, lo cual conlleva que Judd sea duramente recriminado por no hacer su trabajo como es debido. Para no perder su puesto, tiene que conseguir la exclusiva sobre por qué la tenista ha sufrido ese desmayo, cosa nada fácil teniendo en cuenta que ella no le tiene en gran estima.

Desde años atrás, Judd siente una fuerte fijación hacia Stevie, siempre parece estar a la espera de que falle para dedicarle duras críticas en la columna que escribe, y cuando ella lo hace bien, da a entender con sus palabras que sencillamente ha tenido suerte en ese partido. Ella sabe que está siempre a la espera de verla caer, por eso cuando aparece en su casa tras haber sufrido el desmayo, no puede creerse la cara tan dura que tiene.

Con habilidad, sobornando aquí y allá y tirando de unos cuantos amigotes que le deben unos favorcillos, Judd logra pasar por la vigilancia que tiene la tenista alrededor de casa, y llegar hasta su puerta. Está dispuesto a atosigarla hasta conseguir saber por qué ha sufrido ese desmayo, lo que no sabe es que no está para nada preparado para lo que va a oír. Cuando descubre lo que realmente le pasa, se da cuenta que ha sido un cretino y decide ayudarla, y ayudarse a sí mismo, ofreciéndole pasar un día lejos de la ciudad, de todos esos periodistas que están día y noche cerca de la casa a la espera de que ella salga. Le está ofreciendo disfrutar de un día al aire libre, sin prensa ni nadie que la agobie. En un principio, ante tal proposición, ella no puede evitar que le salga un no rotundo de la boca. Siempre suspicaz, piensa que quiere algo a cambio, nadie da nada por nada, y él vive de las noticias que escribe, pero sin saber muy bien por qué, no puede evitar aceptar esa jugosa oferta. Es demasiado tentador intentar dejar atrás el miedo, huir por un rato de todo su mundo, y olvidarse de la tristeza.

Aunque ellos se conocieron años atrás, lo cierto es que tan sólo en contadas ocasiones han estado los dos juntos, y ahora de repente se ven los dos solos en medio de la nada, en una casa rupestre, sin demasiado que hacer. Judd necesita poner en orden su vida, la cuál ahora mismo es bastante caos. Por su parte Stevie necesita tomar la decisión correcta, y que mejor lugar que rodeada de naturaleza, en donde podrá dedicarse a pensar sobre ello. Es precisamente aquí cuando empiezan a descubrir realmente cómo es el otro y a enamorarse.

Me ha encantado esta novela, es cortita, pero la he disfrutado de principio a fin. La única pega que le pongo es que no me habría importado otras 50 páginas más. Pero ya sabéis como es Sandra Brown y cómo le gusta cortar los finales. Aún así para aquellas que nos encantan los prólogos, nos ha deleitado con uno, poniéndole la guinda al pastel.

Es una novela preciosa, para ser un harlequín me ha llenado muchísimo, y he pasado una tarde estupenda leyéndola, así que la recomiendo sin duda alguna.

Le doy un 4,5 sobre 5

Siempre teniendo en mente que no es una novela larga y por lo tanto no tiene un desarrollo extenso, pero ni falta que le hace. Es dulce, muy dulce.

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