Sandra Brown - A Treasure worth Seeking

Crítica realizada por Bona Caballero

(Sin traducir)

Verdades crueles... mentiras delicadas

ERIN. Después de años de buscar al hermano que nunca conoció, Erin O'Shea ha descubierto su dirección en San Francisco y aparece en el umbral – desconociendo que iba a entrar en un conmovedor drama de escandalosos lazos familiares y mentiras... y a un hombre intrigante y exasperante a quien ella, de repente, necesita amar.

LANCE. Vigoroso, guapo y duro profesional, Lance Barrett es un agente del gobierno para los casos más difíciles – como el gran desfalco en el que está implicado el hermano de Erin O'Shea y quizá también a la atrevida Erin. Su comportamiento y sus secretos despiertan sus sospechas y su pasión. No sabe que su deseo por ella le hará quebrantar todas las normas... y poner su carrera y su corazón en peligro.

Sandra Brown ha publicado básicamente dos tipos de novelas. Durante los años ochenta y hasta bien entrados los noventa, publicó novelas románticas cortitas, normalmente contemporáneas; y después empezó a escribir thrillers con elemento romántico. En esas novelas de suspense es en las que más destaca, y es lo que suele publicar actualmente a un ritmo aproximado de una al año. Conviene recordarlo cuando escogemos leer una novela de Sandra Brown.

"A Treasure worth Seeking" ("Un tesoro que merece la pena buscar", en traducción literal) es una de sus primeras novelas cortas románticas. Se publicó bajo el seudónimo de Rachel Ryan en mayo 1982, siendo el número 59 de la colección Candlelight Ecstasy Romances de la editorial Dell. Grand Central Publising la reeditó en el año 1992.

Erin O'Shea es una antigua modelo que actualmente tiene una exitosa empresa que organiza desfiles de moda. Con su traje blanco de Óscar de la Renta y su blusa de seda, llama al timbre de una encantadora casa de clase media en la que espera encontrar a su hermano.

Sólo que es un perfecto desconocido para ella, porque fueron adoptados de pequeños por familias distintas. Lleva años buscándolo y por fin ha descubierto dónde puede estar. Tiene su nombre, Kenneth Lyman, y una dirección en San Francisco.

Cuando le abren la puerta, se encuentra con un guapo macizo de pelo rubio y ojos azules. Aunque ella no lo sabe, es Lance Barrett, un agente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Su hermano ha desaparecido, junto con miles de dólares. Los agentes del Tesoro han acampado en la casa, para proteger a Melanie, la mujer de Ken, y descubrir dónde se encuentra él.

Desde el primer momento, Lance y Erin se sienten atraídos el uno por el otro. A los diez minutos, ya se están besando. Sospechando que pueda ser una cómplice de Lyman, la cachea, registra sus maletas y la interroga. Lo cual la enfada bastante.

Aunque pronto se confirma que Erin no tiene nada que ver, se queda en la casa, amparando a su desvalida cuñada. Melanie aún confía en que su marido aparezca y las cosas se resuelvan.

La tensión sexual entre Lance y Erin es electrizante. Él se resiste, porque no puede implicarse con la hermana de un sospechoso. El caso de Erin es aún más sorprendente. La pasión y el amor no entraban en sus planes, pero el intrigante beso de Lance le hace ver que de verdad algo le faltaba en la vida.

Lance resulta muy atractivo, el típico agente gubernamental duro, guapo y musculoso gracias a que sale a correr todos los días. Fracasa estrepitosamente en su intento de no ponerle la mano encima a Erin. Aunque al principio está un poco en plan agresivo, poco a poco va teniendo momentos de ternura.

La trama amorosa se desarrolla con fluidez, desde la sensual tensión inicial hasta las excitantes escenas amorosas. La novela se centra en esa historia romántica, olvidando pronto la parte de la estafa bancaria.

Es una buena lectura, nada pesada, idónea para la playa, rápida de leer, relajante. Tampoco es de las historias que te mantengan despierta toda la noche, pero no te decepcionará si esperas, simplemente, una buena historia de amor, bonita y ligera.

Es verdad que podía haberse desarrollado más el misterio del hermano desaparecido y la estafa bancaria. Con algo más de suspense, quizá un giro inesperado que diera otro sentido a la historia. Puede quedar alguna duda sobre lo que ocurrió exactamente. Tampoco se profundiza mucho la amistad entre Melanie y Erin. Y el final recurre a un tópico un poquito trillado. Todo eso hace que te quedes con un sabor agridulce.

Pero, para ser una de las primeras novelas románticas de Sandra Brown, es una de las más logradas en cuanto al enamoramiento entre los protagonistas.

Valoración: Regular, 6,5/10.

 

 

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