Mary Jo Putney - Una rosa perfecta

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Crítica realizada por Bona Caballero

 

Stephen, huyendo de su aristocrática cuna, llega al pueblo de Fetchfield y lee que esa misma noche va a representarse una obra de Shakespeare en un improvisado escenario. Deseoso de olvidarse por unas horas de la pena que le atormenta, acude a la función sin muchas esperanzas. Pero allí ve por primera vez a Rosalind, hija adoptiva de los Fitzgerald, actriz de gran encanto y sencillez. Al día siguiente, un percance fortuito volverá a unirlos y entre ellos surgirá una pasión irrefrenable por la que lucharán con todas sus fuerzas, enfrentándose a los designios de un tiempo que juega en su contra.

 

UNA AMENAZA DE MUERTE
Stephen Kenyon, Duque de Ashburton, siempre se ha tomado muy en serio las obligaciones propias de su título. Pero una noticia inesperada le lleva a alejarse de su mundo de riqueza y privilegios y emprende un viaje sin rumbo por el campo haciéndose pasar por un hombre sencillo. En su desesperado vagar conoce a Rosalind Jordan, y las esperanzas que ya creía muertas volverán a la vida desde lo más profundo de su corazón. Pero ¿cómo va a declararle el amor que siente si su existencia se ha convertido en una cuenta atrás que le atormenta noche y día, si guarda un secreto que le ha hecho huir de todo lo que hasta no hace mucho poseía?

 

UNA PROMESA DE VIDA
Rosalind Jordan viaja con una compañía representando obras de teatro de pueblo en pueblo. Sus orígenes son inciertos porque, huérfana de padre y madre, los Fitzgerald la adoptaron cuando niña y la han criado como a sus otros dos hijos. Ahora Rosalind se ha convertido en una joven actriz, encantadora y comprensiva que, al conocer a Stephen, sentirá que su vida cambia para siempre. Pero, ¿cómo va a entregarse a un hombre que, aunque es la encarnación de todos sus sueños de felicidad, nunca podrá ser suyo?

Mary Jo Putney publicó "Una rosa perfecta" (título original en inglés, "One Perfect Rose") en el año 1997. Se ha consolidado como una de las novelas más apreciadas de la autora. Es de las que se leen de un tirón.

Aunque es el séptimo libro de la serie "Ángeles Caídos", se lee con total independencia de las demás novelas. Y de hecho es mejor verla así, porque su tono es ligeramente distinto a las otras.

El planteamiento es un poco tétrico. A Stephen le han diagnosticado una enfermedad mortal. Necesita salir de su vida ordinaria para reconciliarse con la idea, antes de informar a su familia y arreglar sus cosas. Termina en una compañía teatral ambulante y se enamora de Rosalind, una joven actriz viuda de origen desconocido.

Aunque la enfermedad está presente en todo momento, no es una novela lúgubre. La parte primera del libro, que gira en torno al teatro, resulta original. Y es lo que otorga a esta novela un particular atractivo. ¡Por fin una novela de la Regencia que no se centra sólo en bailes, bailes y más bailes!

Los guiños shakesperianos, y las citas de poetas metafísicos como John Donne o Andrew Marvell se usan como parte de la historia o para expresar los pensamientos de los personajes. Putney respeta al lector. No lo trata como un indigente intelectual. Un buen ejemplo para acallar a aquellos que desprecian el género romántico y por extensión a sus lectores.

Agradable novedad es que Rosalind y Stephen se lleven bien desde el principio. Son maduros, y realistas a la hora de hablar, cotidianos. No se produce ningún "gran y estúpido malentendido". Ni gritos o esgrimas verbales. Todo se desarrolla fácilmente entre ellos, con cordialidad, rezumando amor. La espada de Damocles de la enfermedad letal se ve compensada por una relación muy fluida.

Aunque los dos caen bien, sobresale la figura de Stephen. Ha intentado siempre hacer lo correcto, lo que se espera de él, y el morir joven le resulta injusto. Pasa por una evolución personal, del enojo a la resignación. No es dominante ni mangonea a Rosalind. Le deja adoptar sus propias decisiones. Stephen va ganando en profundidad y grandeza conforme va decayendo su salud.

Resultan inolvidables los secundarios, especialmente los deliciosos padres adoptivos de Rosalind, que recuerdan a grandes shakesperianos de la época como Edmund Kean, con sus citas literarias, exageraciones dramáticas y un afecto físico evidente.

Obviamente el mayor desafío es cómo lograr un final feliz y creíble cuando Stephen empeora. Se le ve decaer, con una serie de síntomas que suenan familiares a quienes sientan padecimientos gástricos. Si te metes en la historia, hay más de una escena que puede llevarte al borde de las lágrimas. Pero Putney se supera.

Decepcionante resulta, sin embargo, todo lo referente al origen de Rosalind. ¿Por qué no podía ser, simplemente una plebeya actriz? No seria tan "moderno" o improbable. Una generación antes, la actriz Elizabeth Farren se había casado con el conde de Derby. Es como si Putney no creyera a Rosalind suficientemente buena para Stephen. Pero cuando lees el libro, "sientes" que a Stephen quiénes sean los padres biológicos de Rosalind le da realmente igual.

Valoración: Muy buena, 8/10.

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Crítica realizada por Zurine

Stephen ha sido criado para ser el sucesor de su padre, un tirano y déspota que ha destruído la infancia de sus tres hijos logrando así un distanciamiento entre ellos. Su frialdad y dureza ha logrado que ninguno de los tres sea capaz de demostrar sus sentimientos.

Es por eso, que cuando el médico le comunica que está gravemente enfermo y que eso desencadenará en su muerte, Stephen huye de la vida programada que tiene y se dedica a vivir una propia.
Y en su intento de buscar un abismo de felicidad, se encuentra con "su rosa perfecta".

Rosalind es la niña expósita que un matrimonio de actores ambulantes adoptan cuando tiene apenas tres años. Escondiendo su pasado en un recóndito de su mente, crece en una familia donde el amor es el principal sustento y donde trabajan arduamente en lo que realmente les gusta: el teatro. Aunque, en Rosalind, este oficio no está del todo arraigado.

Ambos se conocen de casualidad, ambos posan su mirada el uno en el otro, y ambos (quieran o no) se van enamorando en un proceso tierno, apasionado y temeroso.

Stephen sabe que el tiempo está en su contra, pero cuanto más se acerca el final, más terror le tiene a la soledad en la que ha vivido durante toda su vida. Así que, tras confesarle la verdad a Rosalind, ambos contraen matrimonio.

Un matrimonio que tiene el tic-tac del reloj continuamente sonando, un matrimonio en el que el tenaz recordatorio de la muerte los hace sufrir a ambos, un matrimonio que se convierte en una unión verdadera de dos almas muy diferentes pero que encajan a la perfección.

Es un libro con una trama perfecta, en la que no paras de preguntarte cual puede ser el final. Sus personajes secundarios son también muy atrayentes, y logran así una novela fácil de leer, amena.

No pasará, desde luego, a mis libros imprescindibles, pues a pesar de la rapidez con la que se lee, no me ha transmitido gran cosa. El hecho de que Stephen esté lamentándose continuamente por su futuro fallecimiento ha llegado a darme ganas de darle un buen azote para que espabile y luche.

En un principio, creí que me encontraría con una historia profunda; y a lo mejor mis expectativas me han sido las culpables de que este libro pase como otros más en mi larga lista.

Le doy un 6. Es recomendable para pasar una tarde entretenida, pero en lo que a mi respecta, nada más.

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