Jude Deveraux - Me entrego a ti

Valoración:

Crítica realizada por Irdala

Libro 3 de la serie Novias de Nantucket

La existencia de Hallie, desde que su madrastra y Shelly, su hermanastra, llegaron a su vida, no ha sido para nada idílica. Pero ella ha sabido crecer haciendo de la necesidad virtud, sobreponiéndose a los varapalos que le iban dando y saliendo airosa, en la medida de lo posible. A costa de mucho esfuerzo, ha conseguido finalizar sus estudios que es lo que deseaba. Por fortuna, cuenta con el cariño de su vecina y el hijo de esta, del que está secretamente enamorada desde que tenía ocho años.

Un día, regresa a su casa al poco de marcharse porque se ha olvidado de recoger un sobre que tiene que entregar, y encuentra a un desconocido llamando «Hallie» a su hermana e instándola a que firme un documento. Así se entera de que su único pariente lejano a quien no conocía, le ha dejado en herencia una casa en Nantucket. Su hermana abrió su correspondencia hace días y haciéndose pasar por ella, falsificando incluso su pasaporte, aceptó la herencia además de un empleo de fisioterapeuta de un huésped hospedado en la casa heredada. Hallie, después del soberano disgusto, decide poner tierra de por medio, hacerse cargo de su herencia, desaparecer de su casa y encargarse de atender al paciente que le espera en Nantucket.

El paciente no es otro que James Taggert, un hombre que se ha herido una rodilla en un accidente de esquí. La familia de James pone a disposición de Hallie un avión privado para que se desplace al lugar y ella cree que va a encargarse de un niño de papá. Al conocerlo en persona, descubre además que es un hombre guapísimo con un cuerpo de escándalo, vamos, un playboy con la vida resuelta. Él permite que ella lo crea, porque está deseando que dejen de tratarlo como a un inválido por el que todos sienten pena. Sin embargo, él es un excombatiente, herido de gravedad en una misión y con unas tremendas secuelas psicológicas...

Después de haber leído los dos primeros libros de esta trilogía me apetecía mucho leer esta tercera y última entrega. Lo cierto es que la esperaba con muchas ganas para ver cómo acababa, y aunque sigue la línea de las dos anteriores en cuanto a escritura, planteamiento y ambientación, el tema paranormal de los fantasmas que ayudan a consolidar el amor resulta aquí un pelín lioso... bueno, al menos a mí me lo ha parecido.

También es cierto que son entrañables las historias secundarias que en esta, como en las anteriores entregas, la autora nos cuenta de manera paralela, remontándose un par de siglos atrás, para hablarnos de amores frustrados de antepasados de los protagonistas del presente.

Si digo que resulta un poco lioso en este libro es porque ha habido momentos que tanto jueguecito que se traían los fantasmas me sacaba un poco de la historia de ellos dos. Eso, unido a tantos familiares Montgomery / Taggert que pululan por la isla para acudir a la boda de la pareja de la segunda entrega de la serie, en ocasiones era un galimatías que, como digo, cortaba la historia natural de la pareja protagonista.

Creo que ya dije en una de las dos novelas anteriores —y en esta insisto en ello—, que la autora hace innecesariamente largas las historias, y aunque no llega ser pesada en exceso porque su escritura es muy grata (esta autora sabe lo que hace), sí considero que le sobran un buen montón de páginas que, prescindiendo de ellas, la lectura sería mucho más amena y desde luego ligera.

A todas las lectoras enamoradas de los Montgomery / Taggert, les encantará encontrar cameos de personajes que aparecen en otras novelas: Cale, Ken, Caleb, Dougless, Nicholas, J.T., Aria...

En definitiva, una novela en la línea de las dos anteriores de la trilogía, con la sensibilidad, la ternura y la maestría de la autora. Agradable de leer aunque no inolvidable como otras de la autora.

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