Catherine Coulter - El aristócrata

Valoración:

Libro de la serie "Aftershocks"

"Brant Asher era un jugador de fútbol americano fuerte, guapo, sexy y, lo mejor de todo, tenía un gran corazón. En resumen, era todo lo que una mujer podía desear. Pero la vida le deparaba una increíble sorpresa. De pronto heredó una mansión inglesa y se convirtió en un verdadero caballero británico... Todo ello también acarreaba un montón de problemas, y de parientes: la feísima Daphne, la estirada tía Cloe y Lucinda, la vampiresa..."

Reconozco que toda la culpa es mía. Después de terminar de leer hace unos días el primer libro de la trilogía, no sé cómo me quedaron ganas de seguir con la serie. Incluso después de leer la sinopsis, que no me atraía nada y aplicándome una buena dosis de psicología barata, diría que un desliz lo tiene cualquiera (benévola que es una, consigo misma...). Ahora solo me queda hacer esta crítica y pasar página.

Daphne no está dotada de una belleza arrebatadora, pero gracias a unos arreglillos pasa de oruga a mariposa. Su vida siempre ha sido de lo más gris. Encerrada en Asherwall Hall durante años, nunca ha prestado mucha atención a su aspecto. Menos mal, que su tía Cloe decide tomar cartas en el asunto y con unas mechitas rubias y unas lentillas verdes, ¡voilà!.

Brant Asher, es una estrella de fútbol americano. Cuando le cae del cielo la herencia del tío abuelo Clarence, pasa de deportista a vizconde en un parpadeo. El testamento no es una ninguna perita en dulce y viene cargado de veneno.

Daphne y Brant se conocen en circunstancias un tanto especiales. El machote americano y la rosa inglesa, tienen más cosas en común de lo que parece a simple vista. Brant está enamorado de la mansión y tiene muchos planes para adecentarla y quién mejor que Daphne, para echarle una mano...

Catherine Coulter, no ha estado muy fina en esta serie. Al principio la historia parece entretenida pero, en poco tiempo la autora acaba incurriendo en los mismos errores de Un amor casi perfecto (libro 1º). Los diálogos son lentos y aburridos y los personajes tienen poco que decir. Eso sí, en este Harlequín salvaría la ambientación de la campiña inglesa que tiene su aquél.

En cuanto a la relación entre Brant y Daphne, no sé cómo describirla. Si dejo de lado las escenas hot (que las hay y buenas) y me centro en el romance, diría que parecen más compañeros que amantes (fuera del catre, claro). Una vez más, es sorprendente el empeño de algunas autoras en convertir en dos minutos a una virginal damisela en una experta vampiresa. Daphne, incluso anima a su pareja al grito de (y cito): Eres todo un hombre... y Brant, está obsesionado con el diafragma y el control de calidad.

Por último señalar el mareo que ha supuesto, en ocasiones, seguir el hilo de la historia entre tanto personaje secundario. El batiburrillo de nombres (personal de la mansión, compañeros del equipo y familia) es agotador. Destacaría también, el poco jugo que se ha sacado a la prima Lucinda y es una lástima porque prometía mucho.

Mi puntuación es 2/5 (subimos un punto con respecto a la valoración de la crítica del primer libro de la serie).

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