Lunes, 03 Diciembre 2018

Yolanda Quiralte - Las campanas no son sólo para las iglesias

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Crítica realizada por Maribel Moreno

Después de ir encadenando varios libros que me han dejado el corazón encogido, tenía ganas de empezar una lectura ligera y divertida para evadirme un poco, a Yolanda ya la conocí con los dos libros de Mauro, por eso pensé que era una apuesta segura y ¡vaya que sí!, me lo he pasado tan bien que me ha durado un suspiro y me ha sabido a poco.

Diana Suárez es una agente de policía que trabaja en una comisaría rodeada de buenos compañeros, exceptuando al ogro del comisario Albalate al que apodan Conan, por su aspecto imponente.

Ya en la primera escena vemos una cómica situación, Diana tiene un aviso en el que un hombre desnudo está saltando en un trampolín, es así como la joven conoce a Carlos, al que al final le da tanta pena que lo lleva a casa en vez de pasarlo por la comisaria, es tanto lo agradecido que queda Carlos, que empieza a enviarle flores a la comisaría, algo que no parece agradar nada al comisario, que si ya de por si la trataba fatal, ahora parece que le vaya abrir un expediente.

Victor Albalate, o Conan para sus compañeros, siempre está pegando gritos y en un estado de enfado continuo, parece que la tiene tomada con Diana a la que hace repetir los informes un montón de veces, y entre miradas intensas y frases que Diana no entiende se palpa una gran tensión entre ellos.

Pero es en Nochebuena, que los dos se quedan de guardia, cuando Victor empezará a mostrar sus cartas y tras un beso en la comida de Navidad, deja descolocada a Diana, que no sabe cómo afrontar la situación.

Diana tiene planeadas unas pequeñas vacaciones para final de año con sus amigas Mafalda, Verónica y Gustavo, su compañero de trabajo, pero además se apunta Carlos y quiere la casualidad que también se apunta Conan, sin saber que se encontrará con la joven.

Es allí que saltan las chispas entre los dos, pero Victor hace y dice cosas por la noche que luego se contradicen con sus huidas por la mañana, dejando a Diana en una situación un tanto rara que la llevará a tomar algunas decisiones, ya que su corazón ha quedado completamente roto.

Los personajes son de armas tomar todos, Diana es una mujer independiente, divertida, patosa a veces y terca como una mula, me han encantado sus divagaciones, con las que me he reído muchísimo, Victor es un misterio, como comisario tiene demasiadas cosas a su espalda, adora a Diana y sin embargo no hace más que hacerle daño, pero no puede dejar de volver siempre a ella .

En cuanto a secundarios las amigas de Diana son la leche, las conversaciones entre las tres no tienen desperdicio, también Carlos, un pijo encantador que nos dejará muy buenos momentos, además de Ricardo y Los Picores, compañeros de Diana.

La historia está narrada en primera persona desde el punto de vista de Diana, y así nos sumergimos de pleno en sus pensamientos y divagaciones que hacen que, al menos yo, haya soltado alguna que otra carcajada, más bien bastantes, y al final es Victor el que nos hace un breve resumen de su historia.

La narrativa de la autora es ágil, fresca y tiene muchos diálogos por lo que la lectura dura un pis pas.

Las campanas no son sólo para las iglesias es una bonita historia para disfrutar y pasar un buen rato, muy adictiva, ya que desde que empieza hasta la última página te mantiene pegada a sus páginas, con una protagonista que no da respiro con sus pensamientos, acciones y reacciones, y un Conan al que igual le darías una colleja que te lo comerías enterito.

Una novela completamente recomendable para dejar a un lado los problemas y disfrutar.

 

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