Tami Hoag - Aguas quietas

Crítica realizada por ANITA

Cuando Elizabeth Stuart buscaba un lugar tranquilo y pacífico para vivir con su hijo, Arroyo Quieto le pareció ideal. Enclavada en le corazón de exuberantes granjas de una comunidad amish, esa pequeña e idílica población de Minnesota le permitiría dejar atrás un desgarrador divorcio. Por eso, cuando el cadáver de un hombre asesinado cae literalmente a sus pies, se desencadena para ella una serie de conflictos… en especial con Dane Jantzen, el arrogante sheriff cuyos ojos azules dan la impresión de penetrar sus secretos más íntimos. Lo que ninguno de los dos imaginaba era la pasión arrolladora que los envolvería en cada uno de sus encuentros.

Muy pronto Elizabeth refutaría todas las suposiciones de Dane, sobre todo la de que él está muchísimo mejor y más feliz sin amor. Pero mientras ambos arriesgan todo para descubrir la verdad, la maldad reinante amenaza con arrastrarlos en su remolino.


Arroyo Quieto, donde transcurre la historia, es sin duda coprotagonista de la novela, un pueblo idílico, en el que nunca pasa nada. Sus habitantes, en apariencia, son gente buena y tranquila que se conoce desde siempre. Los “ingleses” conviven con los amish sin mezclarse y los turistas visitan la zona para ver a esos extraños personajes que visten como en el siglo XIX, se pasean en calesas, trabajan de sol a sol, y para los que comprar un tractor, es un pecado imperdonable. Solo un terrible suceso puede romper esa placidez, el asesinato de un destacado miembro de la comunidad.

El sheriff Dane Jantzen, nuestro protagonista masculino, es digno descendiente de aquellos noruegos que colonizaron Minnesota, jugador de fútbol retirado (cómo me gustan los deportistas) y niño mimado de la localidad. La autora nos lo describe como un dios vikingo alto, de hombros anchos y muslos poderosos de jinete (¿qué me pasará a mí con los muslos poderosos?) Dane, como nadie es perfecto, tiene un defecto, no quiere compromisos, ya que su mujer le abandonó cuando por culpa de una lesión, tuvo que dejar la vida glamourosa del deportista rico y famoso. Por eso, en cuanto aparece Elizabeth, desconfía de ella, viene a turbar su comodidad.

Elizabeht Stuart, se acaba de divorciar de un conocido empresario de Atlanta. Apabullada por las mentiras que su marido ha vertido en la prensa, decide trasladarse a Arroyo Quieto, acompañada de su conflictivo hijo adolescente y precedida por su mala fama. Lleva toda la vida metiendo la pata en sus relaciones. Poco después de llegar, tropieza con un hombre degollado. ¿Por qué le iba a acompañar la suerte en esta ocasión? De ninguna manera, sobre todo cuando por casualidad, descubre que el muerto, un despreciable usurero, prestaba dinero a algunos de sus convecinos para fines poco claros y lo archivaba todo en una libreta que no aparece por ninguna parte.

Tami Hoag sabe elaborar estupendas tramas policiales, complicadas y minuciosas, con el valor añadido del atractivo de sus protagonistas masculinos. Es como si a un libro de Sandra Brown le hiciéramos unas cuantas correcciones, profundizando en el carácter de sus personajes y en el entorno en el que se desarrolla la historia. Sin que me oiga Sandra, que es una de mis autoras favoritas, las novelas de Tami Hoag me parecen mejores, más serias.

Aguas Quietas es una buenísima novela, probablemente la más romántica que ha escrito esta autora junto con Falsa alarma. En sus otros libros: Pecados nocturnos, Culpable como el pecado, El incinerador y Una línea sutil aunque también hay una bonita historia de amor, la trama policial tiene más peso. Yo las recomiendo todas.

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Crítica realizada por Mariam

No había tenido ocasión de leer una novela de Tami Hoag hasta ahora. Y para no dar rodeos innecesarios, diré que Aguas quietas me ha parecido una novela excelente de suspense que cuenta una preciosa historia de amor. Sin duda, aúna lo mejor de ambos géneros. Tal vez esperaba una novela menos romántica, más volcada en la trama de suspense, puesto que en varias oportunidades había leído que Tami Hoag es más autora de suspense que romántica. Pero no ha sido así. Como fuere he encontrado una excelente novela que me ha gustado muchísimo. Es de ésas que releería una y mil veces. Hacía mucho mucho tiempo que un libro de suspense romántico no me absorbía de tal manera y no disfrutaba tanto con su lectura. Es con libros como éste que siento de nuevo por qué me gusta tanto este género y qué me atrapó de él hace años.

El comienzo de Aguas quietas es, cuanto menos, estremecedor. Un asesinato. Cuando Elizabeth Stuart apenas se ha instalado en la ruinosa casa que se ha comprado en Arroyo quieto, junto a su problemático hijo adolescente, un hombre cae literalmente a sus pies con la garganta seccionada. No es lo que se dice un "cálido" recibimiento. Pero no sólo eso contribuye a que su adaptación a Arroyo quieto sea difícil. Los habitantes de la comunidad la reciben con abierta hostilidad, con desconfianza. Elizabeth representa todo lo que la anticuada mentalidad de Arroyo quieto desaprueba. Pero ella no tiene tiempo para lamentarse ni compadecerse de sí misma, tiene que reconstruir su vida y recuperar la maltrecha relación con Trace, su hijo.

Por si no tuviera suficientes problemas uno nuevo se cuela en su vida. Se llama Dane Jantzen y es el atractivo y arrogante Sheriff del condado, un ex-jugador de fútbol americano que tras abandonar el deporte a causa de una lesión regresó a su ciudad natal donde trabaja como Sheriff. Además lo hizo divorciado y con la convicción de no volver a enamorarse ni entablar una relación estable con ninguna mujer.

El primer encuentro entre ellos no puede ser más hostil. Se caen fatal a primera vista.

Elizabeth encarna todo lo que Dane desprecia en una mujer. En muchos aspectos le recuerda a Tricia, su ex-mujer, y para colmo ha tenido la desafortunada casualidad de ser la mujer que descubriera el cadáver. Algo que en principio hace que Dane recele de ella. Después de todo ése es el primer asesinato que se ha cometido en Arroyo quieto desde que los más ancianos tienen memoria. Tal pareciera que la llegada de la mujer ha sido un mal agüero.

Sin embargo, poco a poco Dane se percata que las diferencias entre Elizabeth y Tricia son más que evidentes. Elizabeth es una mujer fuerte y trabajadora, luchadora que por motivos que el propio Dane desconoce, tras su segundo divorcio también parece renegar del género masculino.

Dane podrá ser un hombre muy atractivo que logra que su mera presencia enloquecerle el pulso y despertar en ella sentimientos y anhelos a los renunció mucho tiempo atrás, pero sabe que lleva escrito en la frente "sin ataduras".

En cualquier caso a causa o consecuencia del asesinato cometido en la tranquila y apacible Arroyo quieto los caminos de Dane y Elizabeth se cruzan en numerosas ocasiones.

Hay novelas como ésta donde decir que la química entre la pareja protagonista se palpa, donde aseverar que las chispas entre ellos saltan página tras página no es una frase hecha. Entre Dane y Elizabeth existe una atracción fuerte, poderosa que la autora insinua y describe con un don tan prodigioso que lo sientes desde el primer encuentro entre ellos. Me gustan las novelas cuyas parejas protagonistas transmiten tal química, más aún cuando está acompañada de algo más que atracción sexual pues hay una trama trepidante, unos diálogos excelentes y un trasfondo emocional que te subyuga. Es lo que me ha sucedido con Aguas quietas.

Por otro lado la trama de suspense es excelente. Es realmente una novela de suspense romántico por algo más que el hecho de haber un asesinato. La autora se las ingenia para que el hilo conductor del libro sea el asesinato de un odiado miembro de la comunidad y, en el proceso, conozcamos los entresijos del condado, a sus habitantes, sus miserias, secretos y claroscuros. Además de regalarnos una preciosa historia romántica con una pareja protagonista fuerte, con carácter, con un bagaje emocional pesado y que página tras página destilan química, sensualidad pero también un lado más vulnerable.

La novela cuenta con un plantel de secundarios muy bien logrado que poco a poco pasan de ser figuras borrosas en el anonimato de Arroyo quieto para ir quedando perfectamente delineados.

La difícil relación que mantiene Elizabeth con su hijo Trace, así como los problemas que conlleva para Dane vivir lejos de su hija Amy nos muestran no sólo otras facetas de la pareja protagonista de la novela, sino que nos permiten ir conociendo a Trace y Amy, un par de adolescentes que tienen en común el ser hijos de padres divorciados. Poco a poco también vamos conociéndolos y adentrándonos en la mente juvenil de ambos mientras, en el proceso, se esboza otra bonita historia.

No puedo dejar de mencionar a personajes como Jolynn, amiga de Elizabeth y compañera de trabajo en el Clarion, el periódico local, cuya vida también es un tanto complicada a causa de los hombres y que protagoniza una de las tramas secundarias del libros. Además, la labor intrépida e incisiva de ambas mujeres les vale granjearse el odio de muchos miembros de la comunidad. Debo mencionar al serio pero amable agente Yeager que es enviado a Arroyo quieto para encargado del caso junto al Sheriff Jantzen, cómo no al archienemigo de Jantzen, Paul Kauffman, y a toda la comunidad amish de Arroyo quieto...

Y por supuesto no puedo ni quiero olvidar Arroyo quieto, la tranquila comunidad donde conviven amish e "ingleses" de una manera apacible, donde aún es usual ver las carretas recorrer los caminos, donde la modernidad y el avance es una abominación para algunas de las mentes que viven sin lujos ni tecnologías, donde es preferible esconder bajo la alfombra los oscuros secretos de las personas antes que desvelarlos en las páginas del periódico local como hacen esas entrometidas de Elizabeth y Jolynn.

Por todo esto, así como por la deliciosa, trepidante, emocionante y, por supuesto, apasionante historia de amor de Dane y Elizabeth, así como el nudo de congoja que he sentido en el pecho durante muchos momentos de la lectura, dejo decir que he disfrutado como pocas veces lo hago últimamente con una buenísima, coherente, inteligente y fantástica novela de suspense romántico.

Gracias a Aguas quietas he conocido a una excelente escritora del género de la que a partir de ahora voy a trata de leer todas sus novelas. Porque me ha fascinado el estilo narrativo de Tami Hoag, su minuciosidad, su elegancia al escribir, el desarrollo de la historia, cómo crea los personajes y, sobre todo, cómo me ha sorprendido y mantenido en vilo desde la página uno.

Si tengo que buscar un parecido con alguna otra autora sería con Sandra Brown, aunque (y que Sandra Brown me perdone pues es una de mis escritoras preferidas) Aguas quietas me parece superior.

No puedo terminar esta valoración sin decir que como novela romántica me ha parecido preciosa. Al llegar a la página final, en cuanto novela de suspense lo he hecho con el alma en vilo, pero como novela de amor he cerrado el libro con una sonrisa en los labios. Porque la historia de amor de Dane y Elizabeth me ha cautivado, me ha encantado el carácter de esta pareja, la ironía, la dureza pero también la dulzura que, a la fin, son parte de su manera de ser.

Para mí es una novela 10 que pasa a ser desde hoy (bueno desde que la terminé hace unos días) una de mis joyitas del género.

Valoración: Excelente

 

 

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