Ruth M. Lerga - Matrimonio en guerra

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Crítica realizada por Cynthia HJ

Matrimonio en guerra es la primera novela que leo de Ruth M. Lerga. Debo decir que, después de haber leído siempre tan buenas críticas y tan buenos comentarios sobre ella y sus novelas, tenía muchas ganas de saber más.

Jimena de Alba vive en la corte española y trabaja como espía para el Duque de Wellington y, por tanto, para la corona. En una época muy convulsa en la España del momento, con los franceses y su invasión y el peligro en cada esquina, Jimena será de vital importancia en el plan para salvar la vida del rey Fernando VII. Para ello, tendrá la ayuda de su amigo de siempre, Ryan, y de un inglés desconocido, Raphael, con el que, sin pretenderlo, terminará casada.

La novela Matrimonio en guerra es la primera entrega de la saga “Los Knightley” y aquí conocemos a Raphael, el segundo de los hermanos. Es un protagonista de los típicos de las novelas de regencia y espías: fuerte, inteligente, bueno en su trabajo… Vive con su familia y nunca ha sentido la necesidad de tener un hogar propio hasta que conoce a Jimena y termina casado con ella. Raphael es un personaje que comete errores y eso lo hace más humano. Me ha gustado, especialmente, que no le dé reparos aceptar sus sentimientos, ni sus meteduras de pata. Normalmente, los protagonistas masculinos nunca muestran nada y las protagonistas se pasan los últimos capítulos del libro rehuyéndolos porque “no les dicen que las aman”. No es el caso con Rafe.

Jimena es una protagonista que me ha gustado mucho. Es fuerte y decidida y muy valiente. Ha sabido hacerse a sí misma, a costa de un pasado que la ha marcado, y sabe cómo sacarse las castañas del fuego sin necesitar la ayuda de nadie. Si tiene que decir algo, lo dice y no se corta para nada. En su fuero interno, siempre ha deseado una familia y, aunque su matrimonio empezara de forma un tanto extraña, al final termina encantada con su nueva situación, con su esposo y con su familia.

Los personajes secundarios de esta novela están muy bien. El más llamativo es Ryan, el amigo de Jimena. Él también es espía y suelen ponerlo a trabajar con Jimena y con Rafe. No obstante, no es muy querido por este último (ni por su familia) después de un altercado que pasó tiempo atrás y del que nadie te dice nada. Los personajes vuelven al tema una y otra vez y la autora no desvela nada. Entiendo que ya lo irá desvelando, pero a mí este punto me ha exasperado bastante. Creo que habría surtido más efecto haber tocado el tema de forma sutil viendo que no se iba a profundizar más en ello, en lugar de volver a él por activa y por pasiva para no revelar nada al lector y dejarlo, como en mi caso, sin ganas ya de enterarse. Pero, volviendo a Ryan, es un personaje que no me ha terminado de encajar. Su forma de ser y demás suelen ser de las que me gustan, pero algo en él ha hecho que no conectara en absoluto. Una pena.

En esta novela conocemos también, aunque sea de forma rápida y sucinta, a las hermanas Knightley (Beatrice y Angela). Como no se cuenta mucho, no te da tiempo a hacerte una idea de ellas ni a saber si te gustan o no. Los que sí conocemos mejor son Marcus y Helena. Marcus es el hermano mayor de los Knightley y Helena es su esposa. Tienen un matrimonio que es puro fachadismo porque Marcus nunca puso de su parte, así que espero que todo se solucione para bien en la siguiente entrega de la saga. Porque Helena me ha gustado mucho, la verdad. Y eso que no esperé que un personaje así me interesara.

Sobre la historia, me gustan mucho las novelas ambientadas en el período napoleónico. Nunca había leído una donde se viera el punto de vista español y eso me interesaba. Me ha costado bastante “ver hablar” a personajes históricos e ilustres como Fernando VII, pero eso es un problema mío. Normalmente, no suele gustarme que personajes reales e históricos sean protagonistas o tengan sus momentos como para mantener una conversación en primera persona con los personajes ficticios. Me rechina, vaya. Pero, en esta novela, pegaba mucho con la historia. No obstante, que Jimena sea hija del Duque de Wellington no me ha cuadrado ni tampoco gustado, la verdad. Es imaginar demasiado.

La novela tiene una narrativa muy, muy ágil. El libro se lee rápido porque la autora no abusa de las descripciones y utiliza mucho los diálogos. Eso es bueno y malo a la vez. Es bueno porque lees casi sin darte cuenta, pero es malo porque, a veces, sentía que me faltaban cosas. Me faltaban descripciones de algunos físicos, de los lugares, de algunas escenas (sobre todo de las escenas de acción). En algunas ocasiones, las escenas se me quedaban cortadas de forma abrupta y, cuando seguía leyendo, habían pasado horas o días. La autora usa los diálogos muy bien porque hace que conozcas lo que piensan los personajes sin que se te describa lo que les pasa por la cabeza. Sin embargo, a veces me costaba saber quién era el que hablaba en cada momento.

En conclusión, es una buena novela para los que nos gusta la romántica de regencia/napoleónica, de las que se leen muy rápido y entran fácilmente en tu cabeza, aunque estés con la mente en miles de cosas. Sus protagonistas son interesantes y hacen lo que todos esperamos que hagan en sus circunstancias. El romance es bonito y hay desarrollo de personajes y, si te quedas con ganas de saber más de los secundarios, sabes que tendrás nuevas entregas sobre ellos. No es una novela de las que hacen pensar, sino de las que son buenas para desconectar y pasar un buen rato. Además, creo que Ruth es una escritora ideal que recomendar si eres nuevo en esto de la romántica. La narrativa es amena (el libro está dividido en partes y eso hace que aún se lea más rápido), los protagonistas son típicos y la historia está bien contada.

 

 

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