Matilde Asensi - El regreso del Catón

Crítica realizada por JJMG

Los lectores solemos encariñarnos con la prosa y las historias de muchos escritores. Cuando eso pasa con varios libros de un mismo escritor sabemos que vamos a necesitar una dosis de sus letras cada poco tiempo. De hecho, nos falta montar una fiesta cuando nos enteramos que pronto tendremos un libro nuevo de nuestros autores favoritos. Para mí, una de estos escritores es Matilde Asensi. Llevo más de diez años leyendo sus obras, y todas me han gustado mucho. Cuando dicen que no tiene nada que envidiarle a los escritores superventas anglosajones, estoy completamente de acuerdo. Siempre acabo enamorado de sus personajes, de la trama y de los ambientes en los que transcurre. Pero esta reseña se me va a hacer especialmente difícil: este es el primer libro que leo de ella y no me ha gustado. Y más cuando sabes todo el trabajo que hay detrás. Y es que El Regreso del Catón me ha parecido el peor libro de la autora, sin duda. Ella comenta en las entrevistas que fueron los lectores los que se lo pidieron, pero quiero pensar que no era esto lo que con tanto ahínco le demandaban.

Cuando supe de la publicación de una nueva aventura del Catón no pude más que alegrarme y esperar (im)pacientemente a leerlo. A fin de cuentas, El último Catón me marcó como lector. Es el libro del que siempre hablo, el que siempre recomiendo, y una segunda parte era lo mejor que podía pasarle a mis estanterías. Nada más lejos de la realidad. ¡Qué decepción! ¿Dónde estaba todo lo mágico del primero? ¿Dónde estaba su esencia y el encanto de sus personajes? ¿Qué había pasado en ese tiempo? Evidentemente yo he evolucionado como lector desde que leí algo de Matilde Asensi, pero me niego a pensar que ella ha involucionado como escritora. Alguien que tiene la habilidad de hacerte soñar con Constantinopla, el mar Caribe, la Sevilla del Siglo de Oro, la antigua China o el paso de los templarios por el Camino de Santiago no puede haber perdido ese savoir faire que la ha elevado a los altares de los autores patrios. Y es por eso por lo que intentaré ser un poco más indulgente con la crítica, aunque no prometo nada.

A cada página no podía evitar pensar que El Regreso del Catón es como una película vespertina de un sábado cualquiera en Antena 3 (Planeta y Antena 3, siempre tan de la mano): argumento trillado, secundarios prescindibles, protagonistas tediosos. Y esto último es lo que más me entristeció. ¿Qué le ha pasado a Ottavia Salina? Si en El último Catón nos topamos con una mujer decidida, sensata y resuelta, en este libro se convierte en una neurótica desquiciante a la que es difícil soportar. Todo le parece mal, el mundo es un horror y cada uno de sus habitantes conspira contra ella. ¡Basta! Repito: lo peor del libro es su protagonista. Hubiese ganado con un narrador omnisciente, de esos que cuentan la historia en tercera persona y así nos habríamos evitado las reflexiones internas de una mujer, en ocasiones, intratable.

¡Y hay más! Resulta que ahora vive con ella su sobrina Isabella... Sí, se ve que era necesario incluir a una adolescente (con sus comportamientos adolescentes y sus dramas adolescentes) en la historia. Lo que decía antes, película de Antena 3. No quiero ni detenerme a comentar nada porque ya se imaginará el lector a lo que me refiero: adicta a las nuevas tecnologías, rebelde, impulsiva, echándole un pulso siempre a sus mayores... obvia y aburrida hasta la saciedad. He echado de menos algún «jo, tía, me ralla mazo» para ponerle la guinda a ese pastel suyo de originalidad.

Continuamos con la trama. En esta ocasión, los personajes tienen que encontrar unos supuestos restos de Jesús de Nazaret por encargo de una pareja de ancianos multimillonaria. Si es que es tan típico que ya echa para atrás. El caso es que esta pareja sabe de las andanzas de Ottavia y Farag con los staurofílakes. ¡Y hasta saben quién es el actual Catón! A mí esto ya no me gustó, y eso que son las primeras páginas del libro. ¡Si precisamente uno de los atractivos de los staurofílakes es que viven de espaldas al mundo! Por cierto, qué mal aprovechada la presencia de Kaspar, de la que no digo más para evitar spoilers. El caso es que acaban viajando de un lado a otro tras la pista del osario de Jesucristo y en el camino nos van contando miles de anécdotas históricas y sucesos un poco difíciles de retener y, en mi opinión, sin mucho que aportar a la trama. Quizás lo mejor sea el último tercio del libro, donde ya «se meten en faena» y encontramos las partes más interesantes y que más enganchan. Como tienen a su disposición lo último de lo último en tecnología y medios de transporte, todo el encanto de la recopilación de datos y de cómo se establecen los vínculos entre los personajes se difumina con respecto al primer libro. Esa es otra: ¡la tecnología! Seré un romántico/nostálgico/arcaico... pero no me acostumbro a las referencias a smartphones, tablets, redes sociales, portátiles y demás inventos del siglo XXI en las novelas.

Y en vista de que no he sido muy indulgente con la crítica, y tampoco quiero alargarme mucho («¡Vaya terminando, amiga!», que diría La Campos) solo me queda añadir que me niego a considerar a este libro como la continuación de El último Catón, este es un libro para el olvido, de esos que entretienen lo justo, que no te remueve por dentro ni te hace soñar, que se convertirá en el guilty pleasure de algunos. Para mí la historia quedó cerrada en el primero. Y a Matilde solo decirle que seguiré esperando ansioso sus nuevas novelas, y seguro que esto no va a cambiar lo que me harán sentir. A los lectores enganchados a su prosa nos urge una nueva novela en un destino completamente nuevo y evocador. Y aquí me quedo, sin mucho más que decir, como cuando ves una película vespertina de un sábado cualquiera en Antena 3.

 

 

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