Lori Nelson Spielman - Mi lista de deseos

Crítica realizada por Linnea

Brett Bohlinger tiene un buen trabajo, un amplio loft, un novio irresistible. Parecería que no puede pedirle nada más a la vida. Pero su madre muere dejando un testamento con una condición única: para recibir su herencia, Brett debe completar la lista de objetivos que ella misma había escrito en un diario íntimo cuando tenía catorce años. Brett no consigue entender la decisión de su madre. Sus ilusiones de entonces no tienen nada que ver con sus ambiciones a los treinta y cuatro años. Algunas parecen imposibles: ¿cómo puede establecer una relación con su padre, que murió siete años antes? Otros, como ser una maestra maravillosa, le exigirían cambiar toda su vida. ¿Y qué hay de tener un bebé, o tal vez dos? ¿Y de enamorarse? Pero a medida que Brett se embarca en ese desconcertante viaje en busca de sus sueños adolescentes, va dándose cuenta de que los regalos más maravillosos de la vida tal vez se encuentren en los sitios menos pensados.

Opinión:

El argumento de esta novela me ha parecido bastante original, porque no es muy normal que después de muchos años casi le obliguen a una a llevar a cabo una serie de deseos, apuntados cuando era una adolescente.

Nunca se me ha ocurrido hacer una lista de deseos por llevar a cabo antes de irme al otro barrio, la verdad, pero qué duda cabe que puede tener mucho juego. Mira, igual voy y me pongo a hacerlo, aunque como sea igual a la lista de cosas para los Años Nuevos, poco voy a conseguir.

Bueno, que me voy de tema. La novela empieza cuando están leyendo el testamente de la madre de Brett. Ya os podéis imaginar que la escena es llena de tensión, así me imagino yo las lecturas de los testamentos porque, quieras o no, que te lean la última voluntad de alguien que se te ha ido, es muy triste. Y así es como está Brett, triste y dolorida. Y asombrada luego, cuando se entera de que se juega la herencia si no lleva a cabo la última voluntad de su madre. Algo inaudito, que se sale de lo normal, que la deja pasmada. Porque cuando era muy joven escribió una serie de deseos en un diario

Aquí es cuando vienen los problemas, porque la vida de Brfett se parece a la que ella soñaba cuando escribió el diario, como un huevo a una castaña. Ahora es una mujer independiente, con un trabajo estupendo que le gusta, con un piso de soltera maravillosamente cuco y con un hombre que está cañón. ¿Para qué quiere más? Desde luego, nada tiene que ver su vida con lo que soñaba siendo niña.

Su madre no solo pide a Brett a cumplir esos deseos infantiles si quiere la herencia, es que organiza las cosas de tal modo que "la obliga" a llevarlas a cabo porque en poco tiempo se queda prácticamente sin nada de lo que ha conseguido con su trabajo y esfuerzo. Y lo primero que pierde es su trabajo.

Lo de enamorarse de verdad es otro problema. Porque sí, su noviete está bueno, pero también es cierto que es un tipo estirado, muy serio, de los que están más preocupados por las bajadas de la bolsa que de lo que quiere la mujer que tiene al lado, de los que parecen un témpano de hielo. Pero es que Brett ve en él la personalidad del padre al que nunca pudo acercarse demasiado porque no la quería.

En fin, no voy a ir desvelando cada cosa que Brett se ve forzada a hacer, cada cosa que va descubriendo hasta darse cuenta de que, realmente, lo que tiene en la vida no vale gran cosa y son esos sueños que su madre le obliga a cumplir lo que es verdad y felicidad.

Buenos personajes, buenos secundarios, buenos diálogos y una puesta en escena de lo más entretenida.

No es una simple novela, es una lección de sentimientos que nos demuestra lo que vale y lo que carece de importancia. Me lo he pasado genial leyéndola, de verdad.

 

 

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