Linda Lael Miller - Última apuesta

Valoración:

Crítica realizada por Mencía

Sinopsis:
Jesse McKettrick siempre había sido un joven rebelde y peligroso para una adolescente como Cheyenne. Ahora, después de muchos años ella había vuelto a su ciudad natal, y su futuro y el de su familia dependía de que Jesse le vendiera una parte de sus tierras. Sin embargo, Jesse no estaba dispuesto a vender, por muy persuasiva e insistente que Cheyenne se mostrara. Pero cuando descubrió la razón que se escondía tras su insistencia fue cuando estuvo en peligro de perder no sólo sus tierras, sino también su corazón...


Opinión:

No conocía a esta autora y el argumento, aunque atractivo en el planteamiento,  no me llamaba en exceso. Sin embargo la lectura de esta novela me ha resultado  un bocado delicioso. Última apuesta no es una obra profunda,  no te mata de intriga, ni su protagonista es don perfecto, sin embargo la sencillez, seguir el curso de una historia de amor  y un héroe atípico pueden resultar ser igual de apasionantes.  El argumento, basado en la necesidad de conseguir la venta de unas tierras,  es una excusa sobre la que se asienta el desarrollo de  una trama de vuelta al “hogar”. 

La autora nos presenta a dos familias: una triunfadora, con una buena cosecha de triunfos,  y la otra, pobre y abonada a las desgracias. Cierto es que el peso de la novela recae sobre la pareja protagonista, pero Linda Lael Miller  no escatima personajes secundarios, con esbozos de vida de lo más interesantes, para crear el ambiente idóneo y mantener nuestro interés. De hecho me encantaría que algunos de los secundarios tuvieran su propia historia. Pero mejor será que nos centremos en la historia que ahora nos ocupa.

Nuestro protagonista:
 Jesse McKettrick es un buen hombre, que toma la vida según le viene. No trabaja porque no lo ve necesario, le encanta jugar al póquer y a ello dedica la mayor parte de su tiempo, no concede importancia al qué dirán y  no se impone metas. Es un hombre que vive y deja vivir, honrado, de gustos sencillos, pero que gusta de disfrutar de todo lo que la vida le puede ofrecer siempre que le pueda apetecer.
No esperéis que de la noche a la mañana le entre la fiebre del trabajo y la responsabilidad, Jesse es tal cual, lo tomas o lo dejas.

Nuestra protagonista:
Cheyene es la otra cara de la moneda, una infancia dura al lado de un padre jugador, viendo como su madre se mataba  a trabajar,  ha hecho de ella una mujer cautelosa, muy tenaz y fiera defensora de los suyos. El accidente de su hermano y la probable quiebra de la empresa donde trabaja la ponen contra las cuerdas. Enamorada en la adolescencia de Jesse, sabe que un abismo insalvable se extiende entre ellos. Aun así  irá perdiendo terreno para terminar por caer en la tentación.

La trama:
Un protagonista disoluto, acostumbrado a conseguir todo lo que desea, sin la más mínima intención de trabajar, tiene que vérselas con una chica responsable y seria,acostumbrada a perder y a trabajar duro para intentar mantenerse a flote. Con este planteamiento caí en el error de pensar que los prejuicios vendrían de la mano del guapo y rico de turno, sin embargo por esta vez es la protagonista la que adolece de ese mal.  Lo que empieza como un juego peligroso pasa rápidamente convertirse en el relato de una atracción. Las mentiras encubiertas y las medias verdades van aflorando y resolviéndose sin los cansinos  “malentendidos sin causa” a los que muchas autoras parecen adictas. El jefe de ella es el  “malo” necesario. Sin él y sus confabulaciones, nuestros chicos lo hubieran tenido demasiado fácil, con lo que la novela no hubiera tenido su razón de ser. Aunque al final, sorprendentemente,  la venta de las tierras llegará a ser lo de menos.
 
Los secundarios:
Me han gustado mucho aunque la extensión de la novela no permite llegar a conocerlos. Esa madre sufrida, generosa, con una carga de errores a su espalda, buscando ser el sostén de una familia enfrentada a la vida. El hermano que ve como un accidente ha cambiado su vida para siempre, pero  aún quiere conservar parte de sus sueños. Los miembros responsables de la familia McKettrick: el viudo, el divorciado o la encantadora Sierra a punto de casarse con su amor. Todos y cada uno de ellos aportan su pincelada de color y alguno más que nos hará esbozar una media sonrisa. Hasta puedes llegar a coger cierto extraño cariño por el despreciable, machista, egocéntrico y egoísta  Nigel. 


Encontrarnos  con una novela que rompe esquemas sin perder la esencia de lo que es una historia romántica, por simple que resulte la trama, quizá no sacie como un buen solomillo pero puede constituir una rica chocolatina. Me ha gustado el hecho de que los personajes sean humanos de  buenas intenciones, que no haya milagrosas transformaciones, que los malentendidos se mantengan lo justo. En definitiva, que la autora me haya contado una sencilla y bonita historia de amor, con su puntito de pasión. Al fin y al cabo para eso leo romántica.   

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Crítica realizada por Yluna

Cheyenne es una agente inmobiliaria que necesita comprar unos terrenos para hacer un complejo residencial. Esos terrenos están en Indian Rock, su pueblo natal, y su jefe la manda allí para convencer al propietario, Jesse McKettrick, para que le venda las tierras. Cheyenne es una joven solitaria, nativa americana, cuyo padre era jugador y borracho, que se gastaba todo el dinero en juegos y bebida y no dejaba nada para su familia. Tras su muerte, su madre se tuvo que poner a trabajar para sacar adelante a su familia, ella y su hermano Mitch. Cheyenne se dedicó a estudiar duramente y a trabajar pero después su hermano sufre un accidente y queda paralítico y por tanto todo el dinero que gana es para los cuidados de éste. Es decir, que la vida de Cheyenne no ha sido un campo de rosas, sino que ha tenido que trabajar duro y debe seguir haciendolo. Pero el trabajo que le ha encomendado su jefe es muy duro también ya que Jesse ha sido el amor de su vida y le duele que él no sienta lo mismo. Además Jesse es un McKettrick, es decir lo ha tenido todo en la vida, dinero, amor, etc. Pero tiene un gran defecto, es un jugador empedernido.
Jesse es el Mckettric más mal visto. No trabaja, no hace nada en la vida, salvo jugar al pocker y cuidar de sus caballos. Eso sí, el hombre es un ecologista y no quiere que sus tierras sean usadas para la construcción y se lo deja muy claro a Cheyenne.
Por tanto, tenemos a dos fuerzas de voluntades: Cheyenne, que tiene que comprar los terrenos para ganar dinero y que su familia pueda subsistir, y Jesse que quiere conservar sus tierras para que puedan vivir los animales en su habitat natural. Se produce, por tanto, entre ellos unos tiras y aflojas de atracción que acaban en enamoramiento, pero existen algunos secretos de ambos que tienen que salir a la luz.

Este libro cuenta una historia de amor muy bonita, aunque me ha parecido poco original, pero tiene algo que me ha gustado y ha sido la forma en que está contada. Además, los personajes se dejan querer, tanto Cheyenne y Jesse, ambos tienen razones para sus actos y no sabes con cual están tus afectos. Además, hay mucha ternura en sus comportamientos.
Personalmente me han encantado los protagonistas: Cheyenne es una luchadora y Jesse es un buenazo con un corazón de oro. Y esto es lo que más me ha gustado del libro, los protagonistas.

En cuanto a las escenas hot, pues la autora creo que abusa del sexo oral, cosa que también pasaba en la historia de Echo-Emma y de Rance, pero un poco menos que está última, pero aún así están bien descritas y hay las suficientes.

En cuanto a los secundarios, pues también me han encantado, la autora ha sabido describir muy bien lo que le pasa a cada unos, sin entrar en mucho detalles, solo centrandose en lo necesario. Aparecen de nuevo Rance, Keagan, Cora, las niñas, y otros primos que no sé si tendrán su propia historia.

Nota: 3,5 de 5

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