Lavyrle Spencer - Separate beds

Valoración:

Crítica realizada por Mariam

Se convirtieron en marido y mujer... pero sólo de nombre.

La boda de Clay Forrester y Catherine Anderson fue el acontecimiento social de la temporada. Parecía salida de un cuento de hadas. Pero todo sobre ella, desde los votos matrimoniales a la magnífica recepción, fue una mentira. Catherine había aceptado, renuente, a un “matrimonio de conveniencia” con Clay... pero lo único que podría amenazar ese acuerdo era la inesperada llegada del amor.

Clay Forrester es un ambicioso estudiante de leyes. Tiene el futuro planificado: terminará su carrera y trabajará en el bufete de su padre, abogado de intachable reputación. Mantiene una relación con Jill, una joven de buena familia y con ambiciones similares a las suyas.
Una noche, tras una agria discusión con Jill y la consiguiente ruptura, tiene una cita a ciegas con una joven de nombre Catherine Anderson.

A diferencia de Clay, Catherine es de origen humilde. Tiene un padre alcohólico y violento, una madre frágil y sumisa. Steve, su único hermano, hace años que se marchó de casa y apenas tienen contacto. A sus diecinueve años estudia en la universidad, que se costea ella misma cosiendo y haciendo limpieza.
La noche del cuatro de julio conoce a Clay Forrester.  Ambos beben mucho vino y terminan manteniendo relaciones sexuales.
Catherine queda embarazada.

Cuando Herb Anderson descubre que su hija está embarazada y que el padre es un joven de muy buena posición económica, se persona ante los Forrester, con una renuente e intimidada Catherine, para exigir una retribución económica. En realidad no defiende la honra de su hija.

Pasada la desconfianza y recelo iniciales, así como la rápida animadversión que despierta el padre de Catherine, los Forrester quieren velar su futuro nieto. Pero Clay, que no recuerda ni siquiera a Catherine, no desea cargar con la responsabilidad de un hijo ni una esposa que interfieran en su vida. Catherine no entra en sus planes; no tiene cabida en su brillante futuro.

Al principio Catherine tampoco quiere saber nada de Clay y no acoge muy bien su propuesta de aborto -propuesta que escandaliza a los Forrester- y decide huir de casa de sus padres e irse a vivir a una residencia para madres solteras. Continúa con sus estudios en la universidad y con sus trabajos de costura.

Pero, pasado el estupor inicial, Clay se avergüenza de su primera reacción y, aconsejado por su padre, llega a la conclusión de que casarse con Catherine es lo mejor que puede hacer. Los planes de Clay no pasan de un breve matrimonio, sólo hasta que nazca el bebé para acallar los escándalos y no enturbiar su futuro como abogado.

Catherine sigue renuente pero, finalmente, accede. Pese a la alegría de los Forrester y de la madre de Catherine que creen que es un matrimonio por amor o, como mínimo, cariño y respeto, ellos tienen claro que es sólo de nombre. Una vez nazca el bebé y transcurra un tiempo prudente se separarán.
Pero una vez comienza la convivencia, los sentimientos afloran y el sencillo y práctico acuerdo podría convertirse en papel mojado.

¡Qué maravilla es leer una novela de Lavyrle Spencer!
Incluso las más antiguas, que, sinceramente, creo que están a años luz de las últimas que escribió. Como Separate beds, la que es una de las primeras novelas de esta prodigiosa escritora.
Sin embargo, incluso historias como ésta, logran conmoverme y hacen que cierre el libro dividida entre la euforia por la lectura y la pena porque se acaba.

Creo que Separate beds es una novela increíble, pues los sentimientos que describe traspasan el papel -o el ebook- y logran provocar en la lectora una miríada de emociones difíciles de explicar.
Pese a ello, reconozco que no me ha parecido la mejor de las novelas de esta autora. Pero aun siendo de las que podría decirse más flojas, me ha dejado con una sonrisa en los labios y feliz de haberla leído. De hecho seguro que volveré a leerla.

Desde la página uno me quedé atrapada en la historia. El comienzo es cuanto menos inquietante. Se nos describe a una asustada y sumisa joven sentada, en una elegante mansión, mientras oye las voces procedentes de la biblioteca de la adinerada familia Forrester.
En ese lugar discuten su vida, como si ella no estuviera presente.
El reencuentro con Clay es descorazonador. No sólo apenas la mira, sino que ni la recuerda. Confieso que ahí se me rompió un poco el corazón. Y fue un presagio a otras de las rupturas que Clay iría provocándome a lo largo de la novela.

Pero, debo decir que es una novela que me ha encantado porque es original, porque cuenta una historia que de entrada podría parecer “otra más”, sin embargo no lo es. Es arriesgada y valiente. Creo que es una novela que las lectoras, incluso las más exigentes y curtidas, disfrutarían. Es una historia, además, que daría pie a interesantes debates por la actitud de la pareja protagonista y la temática sobre la que gira.

Separate beds es de todo menos previsible. Me explico. Cuando comienza la novela presuponemos -más aún tras leer la sinopsis- que Clay y Catherine se casarán por conveniencia y que, como cabe esperar, una vez bajo el mismo techo se enamorarán y todo será de color de rosa.
Pues no.

Clay es un joven que entra a ese matrimonio con las ideas muy claras: se trata de un mero trámite para lograr su objetivo, trabajar en el bufete de su padre. No quiere escándalos asociados a su apellido que le pongan al consejo en contra. Por tanto hace lo que debe hacer.
Catherine dejó de creer en los cuentos de hadas mucho tiempo atrás. Sabe que el príncipe no se enamorará de una cenicienta como ella.
Así que sabe que el mayor error que podría cometer sería enamorarse de su marido. O más bien, confesárselo. Así que cuida y protege con gran celo su corazón.
De modo que con una pareja tan cabezota, tan poco “interesada” la una hacia la otra, no he encontrado para nada la típica novela del matrimonio por conveniencia. Al contrario, ¡qué angustia me han hecho pasar!

Separate beds es una historia que habla de madurez -me ha encantado la evolución de Catherine- de aprender de los errores y de autoestima. No sólo de amor y la familia, como es habitual, tan presente en las novelas de esta autora.

En definitiva es una novela con el sello inconfundible de Lavyrle Spencer, donde los sentimientos están a flor de piel, donde lo que lees es tan real como la vida misma, porque no está rodeado de un halo de cuento de hadas, sino de la dura realidad.
Pero, también, es una romántica y bonita novela donde, por suerte, el amor vence cualquier obstáculo. Incluso cuando se trata del de dos obstinados como Clay y Catherine.
En mi opinión, no es la mejor que escribió Lavyrle, ni mucho menos, pero es una bonita novela.

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