Kathryn Stockett - Criadas y señoras

Valoración:

Crítica realizada por Nieves

Skeeter, de veintidós años, ha regresado a su casa en Jackson, Estados Unidos, tras terminar sus estudios en la Universidad de Misisipi. Su madre no descansará hasta ver una alianza en la mano de su hija.

Aibileen es una criada negra. Una mujer sabia e imponente que ha criado a diecisiete niños blancos. Tras perder a su propio hijo, se vuelca en la educación de la niña que tiene a su cargo.

Minny, la mejor amiga de Aibileen, bajita, gordita y con la lengua más larga de todo Misisipi. Cocina como nadie, pero pierde su empleo, aunque consigue trabajar para una recién llegada que no conoce su fama de hablar más de lo que le conviene.

Tres mujeres que se unen en un proyecto clandestino que supondrá un riesgo para todas. ¿Y por qué? Porque se ahogan dentro de los límites que les impone su ciudad y su tiempo. Y, a veces, las barreras están para saltárselas.

Empiezo diciendo que la portada con el plato de pastas no me gusta, parecía que iba a leer un libro de cocina. No es por chinchar, pero deberían haber elegido una portada más acorde con el interior de la novela, una maravilla a mi modo de ver.

Es una historia ubicada en los años 60, en Mississipí. O mejor sería decir que son tres historias entrelazadas, porque es la vida de tres mujeres completamente distintas pero que acaban haciendo un frente común.

Vayamos por partes y trataré de analizar a cada uno de los personajes, aunque ya adelanto que los tres me han conquistado.

Skeeter es blanca, pertenece a una familia de clase acomodada, ha estudiado en la universidad y tiene todo un mundo por delante. Sin embargo, su madre es de las que piensan, y eso puede ser debido a que en ese tiempo 1960 lo primordial para una madre era ver casada a su niña, que no cesará de importunarla hasta que se ponga en el dedo un anillo de casada. Poco importa que la chica haya conseguido acabar su carrera, cosa que no han hecho muchas de sus amigas. Tal vez esa es la causa de que la relación entre Skeeter y la madre no sea todo lo buena que debe. No es que no se quieran, es que sus ideas son bastante opuestas. Este personaje no es la heroína de siempre, elegantísima y guapísima, ni mucho menos. Su belleza se decir que es del montón.

Aibileen. Si hay alguien que se decante por Skeeter es esta mujer cincuentona. Tras perder a su único hijo, vuelca toda su atención y cariño en la muchacha. Y sabe el modo de hacerlo, no en vano ha sido la "tata" de muchos críos blancos. Pero también sabe que su dedicación y su amistad sincera no son aval suficiente para estar siempre al lado de la joven. Son muy distintas. Ella es una simple criada de raza negra y Skeeter la señorita. Es una relación sincera y tierna que enamora.

Minny. Ella es la mejor amiga de Aibileen, también es negra y es conocida por el modo continuado con que se mete en jaleos por tener la lengua muy larga. No se calla por nada yeso la hace perder los trabajos. A las órdenes de Hilly, una amiga de Skeeter, vuelve soltarse su lengua y pierde el empleo. Por fortuna consigue nuevamente trabajo en otra casa, pero solamente porque su nueva señora no ha oído hablar aún de su larga lengua.

La historia trata muy bien el tema principal que no es otro que la crítica del trato existente entre señoritas de raza blanca y criadas de raza negra. Más aún en esos años, cuando en Estados Unidos seguía sin estar demasiado bien vista una amistad semejante. Todas hemos visto películas de similares argumentos, conocemos los insalvables problemas existentes en un estado especialmente volcado hacia la diferenciación entre negros y blancos. Pocos estados de la Unión son tan reacios (o lo han sido) a ver a los negros como un igual, posiblemente porque seguían alentando el sueño de una época en que tenían esclavos.

La autora plantea el asunto de manera estupenda porque Skeeter, llevada por su sentido de la igualdad, quiere contar lo que pasa. Para ello, habla con varias mujeres negras, les pregunta, investiga, toma notas. Como no podía ser menos, su actividad no es bien vista y todas ellas corren peligro.

Como dice el New York Times: "Criadas y señoras, una novela sobre la relación entre un grupo de empleadas del hogar afroamericanas y sus jefas blancas en el Misisipi de los años sesenta, presenta los ingredientes clásicos de los éxitos de masas: el libro presenta a una serie de mujeres luchadoras enredadas en un argumento que engancha desde la primera página, malos de los de toda la vida y un cierto toque de lección de historia".

Estoy en total acuerdo en este comentario del periódico.

Yo recomiendo leerla.


Crítica realizada por Linnea 

Primero vi la película, pero como suele pasar, el libro supera al film porque es más completo, más complejo y da una mejor muestra de la personalidad de los personajes, todos ellos estupendos.

Es posible que a estas alturas del siglo XXI, nos pueda parecer mentira lo que se cocía en 1962, pero así era, por desgracia. Y también por desgracia, aún hay mucho de estos perjuicios en la actualidad, por más que nos llamemos modernos. Y es que es complicado cambiar el modo de pensar de ciertas personas, cuando su educación ha sido estricta. Esperemos que las siguientes generaciones no sean tan obstusas en estos aspectos, y que la libertad de las personas sea uno de los primeros logros. Libertad con mayúsculas, se entiende.

Los personajes de la novela son entrañables, desde la protagonista principal hasta el último de los secundarios, porque todos y cada uno aportan sus puntos de vista y su modo de hacer, consiguiendo una historia que te hace reír y llorar, que te enternece y que te cabrea, que te obliga aponerte de un lado solo en contra del modo de pensar de unos cuantos zopencos.

Desde luego, y aunque la película, como digo, no es tan densa como el libro, no es extraño que haya conseguido tantos premios. Creo que en ese sentido han conseguido pasar a la pantalla la esencia de la historia, y es un gran mérito.

Particularmente, los personajes que más me llenaron en el film y que más me han llenado en el libro, son las criadas. Sin lugar a dudas. Llenas de ternura, valientes, a veces dudosas de si enfrentarse a quienes deben enfrentarse, pero resueltas. No es fácil oponerse así porque sí a las normas sociales que te agobian y te relegan, cuando te han criado en la sumisión. Por eso es más importante ese grito de libertad que la protagonista les incita a soltar, por eso es más importante el apoyo que les da y su coraje, plantándole cara a una sociedad arcaica.

Es una novela que nos hace pensar porque, ¿se puede dar limosnas para los pobrecitos negros de más allá de los mares y, a la vez, tratar de modo humillante a los que te sirven? La falsedad humana no tiene límites.

Escuelas diferentes, lugares diferentes en los medios de transporte, distintos puntos de mira para los blancos y los negros... Una sarta de normas estúpidas que te ponen de mala leche. Las criadas negras estaban bien para cuidar a los hijos, para guisar y para limpiar, hasta se les permite encariñarse con los niños, pero a la hora de reivindicar sus derechos como personas... Ah, eso es otra cosa.

Un libro repleto de matices que te ayuda a ser mejor persona, si sabes aprovecharlo, con unos diálogos estupendos y una narrativa excelente. Desde luego, creo que es una lectura obligada.

No me gusta puntuar demasiado, pero a este libro no puedo darle menos de un sobresaliente.

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