Judith James - El beso de un libertino

Valoración:

Crítica realizada por Katon

Abandonado por su padre cuando era pequeño, William de Veres había crecido sin conocer la felicidad. Pero dejó atrás el pasado y, como héroe militar y conocido canalla, alcanzó un puesto de renombre en la hedonista corte de la Restauración.

Las guerras civiles habían hecho que Elizabeth Walters perdiera a su padre. Sola y desprotegida tuvo que huir de un matrimonio no deseado, y se encontró con algo que no esperaba. Cuando su amabilidad y su belleza despertaron la atención de William, y después del rey, se vio obligada a tomar una decisión...

La historia comienza con el héroe de la novela, William intentando escapar de las tropas de Cromwell. Herido, llega a una pequeña casa donde es atendido y curado por una joven que le mostrará una amabilidad desconocida durante años. Elizabeth sí reconoce al hombre que mató a su padre y que fue su único amigo de la infancia. Ella una vez le prometió que le ayudaría siempre y esta vez tampoco ha faltado a su palabra. William solo sabe que la joven se llama Elizabeth, no recordará a la joven niña que cayó de un árbol y que se convirtió en su expiación personal, pero esa noche pasada entre sus brazos la recordará durante mucho tiempo. Ahora él es un prófugo, así que a la mañana siguiente huye con dirección a Francia donde, Carlos, el rey en el exilio, le espera. Elizabeth tendrá que pagar muy caro su ayuda. Llevada ante el mismísimo Cromwell, solo la antigua amistad de éste con su difunto padre evitará la pena de muerte o el exilio, por el contrario, la despojarán de sus tierras y de todo lo que posee.

Tiempo después, tras la muerte de Cromwell y la abdicación de su hijo, Carlos vuelve a Inglaterra como Carlos II. William es uno de sus hombres de confianza y poeta de la corte. Sus versos son ácidos y satíricos, ridiculizando a todos, incluido el propio monarca. William es un hombre atormentado, portador de una horrible infancia a sus espaldas, está cansado de su vida, y decepcionado con su nuevo monarca, junto al que ha luchado durante muchos años. Aún recuerda a esa joven que le ayudó escapar, incluso se acercó de nuevo a su casa, pero la encontró cerrada y vacía, parecía que su joven dama había desaparecido. Hasta que la reconoció un día en la Corte, intentando atraer la atención del chambelán del rey.

Elizabeth no tenía nada que perder, con sus mejores galas o las que aún no había tenido que vender, decidió solicitar audiencia al rey para que le devolviera sus tierras donde ella y sus tres fieles sirvientes se retirarían y podrían vivir dignamente. Será allí donde se reencuentre con William, gracias a éste entrará en la cámara privada del rey y escuchará su petición, y permitirá que se quede en la corte, pero nada más hasta que tome una decisión sobre sus tierras. William se ofrecerá a ayudar a Elizabeth nada más verla, solo la recordaba como la dama que la ayudó pocos años atrás cuando estaba herido, pero descubrir que en realidad es su Lizzy, su pajarillo, la única amiga que tuvo durante su infancia hace que el antiguo William salga a la luz, aunque solo sea cuando estén juntos.

La Corte es un lugar mezquino y bullicioso, y no hay mejor maestro que Wiliam de Veres, él le enseñará cómo atraer la atención del monarca, además de descubrirle los placeres de la Corte y de la vida como viuda. Cuando están juntos se comportan como dos adolescentes, curiosos por todo y olvidando el duro pasado que ambos han sufrido. Pero el pasado les alcanza y William tendrá que elegir entre volver al lugar de sus pesadillas junto a Elizabeth o quedarse en la Corte emborrachándose día tras día sin ella.

Me ha sorprendido bastante este libro. No es una novela dulce y sencilla o ligera sin complicaciones, conforme vas leyendo sientes el mismo dolor que sus protagonistas, eres testigo de sus dudas, de sus miedos, de sus recuerdos. Además me ha gustado cómo la autora nos introduce pequeños datos históricos que consiguen que la ambientación de la novela esté claramente dibujada para el lector. Particularmente me han interesados los detalles sobre la época de la Reforma que ha mencionado, pero repito, no me han resultado tediosos ni excesivamente largos. La ambientación ha sido una de las cosas que más me ha gustado de este libro, además de un pequeño cambio con las novelas de regencia y victorianas; la vida en la Corte, la diferencia con el campo y la transición que vivió el país tras uno de los periodos más oscuros de su historia, reconozco que la historia de Inglaterra me atrae especialmente, por lo que agradezco las novelas que nos cuentan algo más de la época en la que están ambientadas, las dudas morales entre los puritanos y los realistas también están presentes a lo largo de la historia, sin que por ello olvidemos la bonita historia de amor que cuenta.

Es una historia emotiva, con un personaje, William, frío y cínico pero que se transforma en el joven que ella recordaba, aunque su mirada aún se vislumbre un dolor amargo, pero también es un pícaro seductor que tendrá que elegir entre superar los fantasmas del pasado o dejar escapara a la única mujer que le ha amado y a quien ha amado. Elizabeth es una mujer escarmentada de la vida, decepcionada de la gente pero aún ingenua como cuando era niña. Conoció a William en uno de los momentos más solitarios de su infancia, lo reencontró en uno de los momentos más tristes de su joven vida y volvió a descubrirlo en el momento más difícil al que se tenía que enfrentar. Tras un horrible matrimonio, del que acabó escapando, no sabe si puede confiar en el William que ha encontrado en la corte, parecen dos personas distintas, su William y Lord Rivers, el poeta de la Corte. Él ha cumplido siempre sus promesas, todas menos una, la que aún sigue doliendo en el corazón de Elizabeth, o eso cree ella. Pero con su inocencia y dulzura descubrirá los fantasmas que la alejan de ella y le ayudará a comprender que puede construirse un camino diferente.

Una historia de reencuentro diferente, no endulzada en ningún momento pero que ha conseguido que acabe el libro con una sonrisa, por la esperanza que representa, por la lucha de dos corazones unidos desde que eran unos niños. William y Elizabeth probablemente no se convertirán en dos héroes míticos pero estoy segura que los recordaré durante mucho tiempo por la bonita historia de amor que han compartido.

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