Isabella Marín - ¡Te odio, Derek Brooks!

Crítica realizada por Patricia Bonet

La alocada, divertida, (un poco loca, quizá) Lizzy O´Conner tiene un sueño: publicar un libro bajo el sello de Ediciones Brooks, que, a su juicio wisconsiniano, es la mejor editorial de la ciudad.

Tristemente, los sueños de la señorita O´Conner se convierten en cenizas el día en el que recibe una carta poco halagadora de parte de Derek Brooks, editor cascarrabias y niño de papá, que no tiene nada mejor que hacer que definir su trabajo como “una mierda”, hundiendo así sus pobres esperanzas pueblerinas.

Asaltada por la furia y la sed de venganza, Elisabeth convierte al encantador señor Brooks en su peor enemigo, y no pasa un día sin que ella le recuerde en sus plegarias más fervientes:
Ojalá se le caigan las muelas. Ojalá le peguen la sífilis.

Un sinfín de deseos susurrados en la quietud de la noche. Montones de llamadas a pitonisas y adivinas. Velas negras quemadas del revés durante siete viernes seguidos.

Resultados: CERO. El Universo se mantiene sordo a sus plegarias.

Y así trascurre un año.

Ahora, Lizzy ha encaminado su vida. Acaba de conseguir un nuevo trabajo. Las cosas parecen irle bien. Hasta que llega a la oficina y descubre que su jefe no es otro sino el infame, el abominable, el… ¡¿condenadamente apuesto?! ¡¡¡DEREK BROOKS!!! Oh, querida...

El sueño de Lizzy es ser escritora. Todo el mundo le ha dicho que vale, y ella también lo cree, hasta que envía el manuscrito a la editorial e Derek Brooks y este mismo le envía una nota diciéndole, literalmente, que su trabajo es una mierda.

Ha pasado un año desde ese día y Lizzy no ha parado de maldecir y odiar a ese hombre ni un solo día. Necesita un nuevo trabajo y entra en la editorial y, aunque es en la del hombre que más odia del mundo, va a estar en otro departamento y no va a tener que cruzarse con él nunca.

Pero el destino siempre tiene algunas cosas reservadas para nosotros y, cuando llega a su nuevo trabajo —tardísimo, por cierto—, se entera de que le han ascendido a secretaria personal del mismo Señor Brooks.

Las luchas entre estos dos están a la orden del día desde el primer momento. Él, tan estirado y recto. Ella, tan alocada y disparatada. El choque será constante, pero también son el equipo perfecto. Se complementan muy bien y, ente los dos, consiguen unas situaciones la mar de disparatadas y llenas de momentos cómicos e ingeniosos que te sacarán más de una sonrisa. Ella es absolutamente genial y él es el compañero ideal para alguien tan alocado como Lizzy, que eso del filtro no lo tiene muy desarrollado.

Una historia perfecta para leer entre lecturas densas y cuando desconectar un poco de la realidad se convierte en una necesidad.

PATRICIA BONET

 

 

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